El Efecto Oliver

34. EL FANTASMA

CALI. 5 meses después
Londres ya no era la ciudad de mis sueños; era una maqueta de cristal y acero en la que me sentía atrapada.

Mi vida se había convertido en una sucesión de eventos benéficos, reuniones de alta gerencia y el frío tacto de la mano de Leo sobre la mía frente a las cámaras.

Me había casado con él en una ceremonia privada, un contrato firmado con sangre y resignación para salvar a Oliver de la cárcel y a Julian del escándalo.

Leo era un dueño exigente. Se regodeaba en su victoria, recordándome cada mañana que yo era el trofeo que le había arrebatado a Oliver Vega.

De Oliver no sabía nada. Había desaparecido del mapa tras la filtración de sus "errores" en Dubai.

Algunos decían que estaba en rehabilitación, otros que se había ido a una isla a dilapidar lo que le quedaba. Yo simplemente intentaba no pensar en él para no desmoronarme.

-Tenemos un problema, Cali- dijo Leo, entrando en mi despacho de Valente & Partners con el rostro congestionado de furia.

-¿Qué ocurre ahora?- pregunté sin levantar la vista de mis planos. Mi voz era plana, sin vida.

-Alguien está comprando nuestra deuda. De forma agresiva. Alguien ha adquirido el paquete mayoritario de los préstamos que pedimos para el proyecto de la City-

Fruncí el ceño. Leo había expandido la firma demasiado rápido, apalancándose en créditos arriesgados para demostrar que era más grande que Oliver.

-¿Quién es?- pregunté, sintiendo un extraño presentimiento.

-No lo sé. Es un grupo de inversión llamado A.S. Architecture Solutions. He intentado contactar con el CEO, pero se oculta tras una red de abogados en Suiza. Sea quien sea, tiene el poder de embargar nuestros activos en cuarenta y ocho horas si no cumplimos con los plazos de entrega del sector norte-

Durante las semanas siguientes, aquel "socio fantasma" empezó a mover los hilos de nuestra empresa con una precisión magistral, unica.

Pero lo más extraño no era el dinero, sino las órdenes que llegaban a través de sus representantes legales.

-El nuevo inversor exige que tú, y solo tú, seas la jefa de diseño con control total sobre el presupuesto- me informó Julian una tarde, mientras tomábamos un café en secreto. -Leo está furioso. El inversor ha bloqueado su capacidad de firma. Básicamente, Cali... ese desconocido le está quitando el control de la empresa a tu marido para dártelo a ti-

-No entiendo nada, Julian- susurre. -¿Quién querría protegerme así sin pedir nada a cambio?-

-No lo sé. Pero gracias a ese "fantasma", Leo ya no puede obligarte a firmar esos contratos fraudulentos. Estás recuperando tu nombre, Cali-

Esa noche, llegué a casa y encontré a Leo rompiendo una botella contra la pared. Estaba fuera de control. El inversor anónimo le había enviado un burofax prohibiéndole la entrada a las zonas de construcción debido a su "mala gestión".

-¡Es él! ¡Tiene que ser él!- gritaba Leo, fuera de sí.

-¿Quién?-pregunté, asustada.

-¡Vega! ¡Tiene que ser Oliver!-

-Oliver no tiene un centavo, Leo. Tú mismo te encargaste de hundirlo- le recordé, aunque mi corazón dio un vuelco.

-Tienes razón... Oliver está acabado. Esto es otra cosa. Algún rival que quiere humillarme usando a mi propia esposa como escudo-

Preferi ignorarlo, ya se le pasaría. Me encerré en mi habitación. En mi escritorio, encontré un sobre que no estaba allí por la mañana. No tenía remitente. Dentro, solo había una llave de una pequeña oficina en el Soho y una nota escrita a máquina:

"La estructura de tu vida ya no tiene por qué ser de piedra. Tienes el control. Úsalo."

No era la letra de Oliver. No era su estilo. Pero por primera vez en meses, sentí que las cadenas de Leo se aflojaban.

Alguien me estaba devolviendo mi imperio, pieza por pieza, desde la oscuridad más absoluta. Y mientras Leo se hundía en su propia paranoia, yo empezaba a respirar de nuevo.

***

La oficina de Valente & Partners se había convertido en un campo de batalla donde el enemigo era invisible.

Leo caminaba por los pasillos como un animal herido, gritando a los secretarios y exigiendo informes de auditoría que nunca revelaban nada. Pero para mí, la realidad era muy distinta.

Mientras Leo perdía el control, yo sentía que una mano invisible estaba pavimentando mi camino.

Todo empezó con el proyecto del Southbank Center. Era la joya de la corona, pero Leo lo había estropeado con recortes de presupuesto absurdos. Yo estaba desesperada, sabiendo que mi nombre quedaría manchado si ese edificio fallaba.

-Señora Valente, acaba de llegar esto para usted- dijo mi asistente, dejando una caja de madera de cedro sobre mi mesa.

No había remitente. Al abrirla, no encontré flores ni joyas. Encontré un juego de planos originales, trazados con una maestría que me dejó sin aliento.

Eran las correcciones estructurales exactas que yo necesitaba. Junto a los planos, había una pequeña tarjeta:

"El acero de baja calidad es para los que no le temen a las ruinas. Tú mereces cimientos que resistan el tiempo. Los materiales ya han sido pagados a través de A.S. Solutions. Úsalos."

Me quedé helada. Los materiales de los que hablaba la nota eran de la más alta gama, piezas que solo las grandes firmas mundiales podían permitirse.

Miré los trazos. No eran la letra de él y eso me decepcionó un poco; era una caligrafía perfecta, probablemente hecha por un delineante de lujo contratado por el inversor misterioso.

-¿Quién eres?-susurré al vacío de mi despacho.

Esa misma tarde, Leo entró en mi oficina como un torbellino. Estaba despeinado, con la corbata floja y los ojos inyectados en sangre.
-¡Ha vuelto a pasar, Cali!- rugió, lanzando una carpeta sobre mi mesa- El inversor fantasma ha comprado la cantera de mármol en Carrara con la que teníamos el contrato de exclusividad. ¡Y ha cancelado todos mis pedidos!-




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