Eduardo insiste:
—Bella… promete que no vas a volver a hacer otra misión peligrosa sin mí, por favor.—
Ella lo mira a los ojos y pregunta.
—¿Por qué estás preocupado? ¿Significa que te importo o es algo más que no quieres reconocer?—
Él se queda callado por unos minutos, respira hondo y su voz se hace más ronca al decir:
—¿Qué quieres saber? Que me volví loco buscándote cuando no te encontré, que me estresé mucho cuando no respondías el móvil, que moriría de sufrimiento si te pasa algo... te amo y tengo miedo que te pase algo malo, quiero protegerte, cuidarte, porque te amo mucho—
Le dice él abriendo su corazón ante ella. Ella lo abraza conmovida con lo que acaba de oír, se funden en un beso cargado de amor y de emociones intensas. Bella se queda respirando su olor, su perfume de hombre, mientras él la mantiene entre sus brazos.
—Te lo prometo, no volveré a ir sola a misiones peligrosas, mi amor.
—Gracias, Bella.—
—Pero, me llamo Gloria.__
—Siempre serás mi Bella. —¿Sabes qué?, Fue peligroso pero logré lo que quería. —Dice ella con una sonrisa.
—¿Qué era lo que querías lograr?—
—Traer mi helicóptero y revisar mi cuarto en busca de alguna información, no encontré mi computadora, pero sí conseguí una libreta, además parece que eliminé a uno de mis enemigos. Ahora revisamos la libreta, prepárate para cenar.—
Él va a su recámara y se da una ducha de agua fría y se cambia de ropa, camina hacia el comedor y ayuda a poner la mesa. Bella se reúne con él, está hermosa con un vestido verde que acentúa el color de sus ojos, con su cabello rubio suelto y sus labios carnosos en color rojo. Ella va a la cocina y trae las cacerolas en un carrito y comienza a servir la cena, también sirve un vino blanco que combina con la comida. Comen y conversan.
—Estás muy hermosa —le dice mientras toca su mejilla con el dorso de su mano.
—Gracias, tú estás muy guapo y sexy. —Expresa ella con coquetería.
Cuando terminan de cenar se quedan sentados en la sala con una copa de vino, hablando de múltiples temas.
—Tengo que felicitarte, has superado tus miedos, recuerdo que los primeros días tenías miedo de quedarte sola, y ahora quieres hacer cosas de riesgo tú sola.—
—Gracias, Eduardo, pero tú me ayudaste mucho.—
Él la mira enamorado y le dice:
—Me has dado una gran lección, tú siendo perseguida, acosada, te quieren matar, perdiste la memoria, aun así sales adelante, pierdes el miedo, sonríes a la vida, confías y te enamoras de mí que soy un ermitaño aislado de la sociedad engañosa, con temor de iniciar una nueva relación; y has hecho que me enamore de ti como loco y te amo perdidamente.—
—Yo también te amo, y te amo sin memoria y con memoria. Desde el primer día que te vi me enamoré de ti y he sufrido mucho porque tú te alejabas y me rechazabas, heriste mi corazón.—
Eduardo la abraza y le dice:
—Perdóname, no volverá a pasar.—
Él piensa en las muchas veces que debió sentirse triste por su culpa y quiere borrar el daño que le hizo, con amor lo logrará.
—Eduardo, tengo que decirte que estoy recordando algunas cosas, pero hay algo en mi mente que boicotea mis recuerdos sobre el porqué de los atentados. Pero cuando vi mi casa la reconocí, recordé que tengo un caballo blanco y traté de recordar su nombre, pero ese día no pude; y cuando estuve en mi casa recordé que se llama Lucero, cuando vi una foto en mi alcoba donde estoy montada sobre él.—
—¡Excelente!, estás recordando poco a poco. Bella, eres increíble como persona e irresistiblemente hermosa.—
Bella le da un beso suave.
—Gracias, mi amor.—
Ella se toma el vino de su copa y se acuesta en su regazo, juguetea con el cabello de él tratando de quitarlo de su frente, pero el rebelde cabello vuelve a caer donde él quiere. De repente se levanta y corre a buscar su mochila.
—Mira, esta es la libreta, la encontré metida entre un montón de ropa doblada, como si hubiese sido escondida allí. Vamos a ver qué tiene.—
Se vuelve a acostar y se recuesta sobre las piernas de él, abre la libreta.
—Es mi letra, hay una lista de nombres aquí, pero mira, aquí hay direcciones, esta dirección está resaltada en naranja fosforescente.—
Eduardo observa y dice:
—¿Qué significará?, Hay tres direcciones resaltadas de entre muchas.—
—No sé qué significa, pero podemos investigar, tenemos las direcciones.—
Bella se levanta y sirve dos copas más y le trae una a Eduardo. Se quedan conversando y él pregunta:
—¿Desactivaste el GPS del helicóptero?
—¡Claro! Y fue otra cosa que recordé de inmediato, supe dónde estaba el interruptor y además recordé todo sobre cómo pilotear el helicóptero. Parece que recuerdo mucho más cuando estoy en situación de peligro.—
Él aclara:
—Es lógico, es el instinto de supervivencia que usa lo que está en tu mente y que tú ni sabes, pero el subconsciente guarda toda esa información aunque tu consciente lo haya olvidado.—
—Voy a dormir, estoy cansada —dice ella mientras se levanta.
Él la sigue y mientras ella va al baño a ponerse el pijama, Eduardo la espera, acostado en la cama.
—Bella, ¿has pensado en que puedes salir embarazada si llegamos a hacer el amor?—
—No lo había pensado, pero es una posibilidad.—
—¿And qué piensas sobre eso? —pregunta él.
—Con tantos problemas sin resolver que tengo y con enemigos que no sé quiénes están acechando, no creo que sea recomendable un embarazo por ahora.—
—Eso mismo pensé yo, debemos ir a un ginecólogo para que te recomiende un anticonceptivo, tengo un amigo que es muy bueno, podemos ir mañana si tú quieres —le dice él.
—Está bien, vamos mañana.—
Bella se acuesta a su lado y pone la cabeza en el pecho de su amado, toca su pecho y desliza la mano por los músculos bien definidos.
—Eres muy sexy y guapo.—