El Ermitaño

En la Ciudad

​Bella apaga la luz y sale dejando a su abuela descansando, se dirige a la habitación principal; Eduardo se ha dado una ducha y está descansando en la enorme cama.

​—Hola, mi amor —saluda Bella.

​—Hola, mi hermosa novia.

​Ella se pone ropa cómoda y se acuesta a su lado. Eduardo le da un suave beso y la abraza, ella se queda recostada en su pecho.

​—Bella… Tu casa fue desalojada y dos hombres de mi entera confianza están vigilando allá. Me contó Ramiro que cuando llegaron a la casa, estaban subiendo muebles a un camión, parece que se iban, pero querían robar primero.

​Ella se enoja y expresa:

​—¡Desgraciados!, ¿y qué pasó?

​—Ramiro y sus hombres los hicieron bajar los muebles del camión y ordenar todo, y luego los tomaron presos.

​—¡Bien hecho!

​—Hay más…

​—Cuéntame, mi amor.

​—En tu restaurante hay fuga de dinero por parte del chef y el administrador, pero tienes algo a tu favor, la señora encargada es incorruptible y cuida tus ganancias, bueno, el dinero que cae en sus manos va a parar a tus cuentas.

​Bella se queda pensativa.

​—Espera… la recuerdo bien, se llama Icha y es atenta y amable.

​—¡Mi amor!, recordaste su nombre, estás recordando muchas cosas.

​—Bueno, solo algunas.

​Él le informa:

​—El detective está trabajando y pronto nos dará más información.

​—Gracias, novio, te amo.

​Se besan y se entretienen entre abrazos, caricias y palabras llenas de amor y ternura. Disfrutan de su amor, se entregan llenos de pasión y deseos, viviendo ese amor a plenitud. Al finalizar, se duermen muy juntos.

​Al siguiente día Eduardo se levanta temprano y conduce hasta el comando, donde habla con Ramiro y este le aconseja:

​—Tienen que imponer una demanda contra esos tipos que estaban robando y los pillamos con las manos en la masa.

​—Bella no puede demandar, en cuanto dé la cara van a correr tras ella un montón de matones.

​Ramiro le dice:

​—Dile que te firme un poder y tú la representas.

​—Es mejor que Lourdes los demande.

​—¿Quién es Lourdes?

​—Es su abuela.

​—¡Perfecto!, ella sí puede presentar una denuncia.

​—Voy a hablar con las dos, te llamaré según la decisión que se tome.

​Los hombres se dan la mano y se despiden. Mientras tanto, en la mansión de Eduardo, Bella entra a la alcoba de Lourdes con una bandeja.

​—Abuela, desayuna que vamos a salir.

​Lourdes se sienta en la cama y está desayunando.

​—¿Trajiste tus tarjetas de banco? —pregunta Bella.

​—Sí, siempre están en mi cartera —contesta Lourdes.

​Bella toma su móvil y pide:

​—Dame tu pago móvil, por favor, abue.

​Lourdes le da los datos y ella hace una transferencia a una de las cuentas de su abuela.

​—Pagaremos con tu tarjeta, porque las mías las rastrean y me encuentran.

​—Muy bien, Gloria, entiendo.

​—Vamos a ir de compras, te traje este vestido, es nuevo, nunca me lo he puesto.

​Lourdes entra a la ducha y Bella se va a la habitación de las pelucas. Se pone la peluca de cabello largo y ondulado, se maquilla y se ve al espejo, después sale en busca de Lourdes.

​La encuentra en la sala principal, ella escribe una nota y la deja pegada con un imán en la nevera, van al garaje y Bella abre la puerta del Ferrari rojo para su abuela, sube y parten rumbo a un centro comercial. Entran a una tienda por departamentos donde compra ropa íntima, vestidos, batas y zapatos para Lourdes.

​Después hace una pregunta a Lourdes:

​—Abue, ¿sabes dónde venden pelucas?, ¿alguna tienda especializada que conozcas?

​La mujer piensa por un rato y dice:

​—En la planta baja hay una muy grande.

​—¡Vamos! —Y Bella la toma de la mano.

​En la tienda encuentra todo lo que buscaba, peluca masculina, bigotes y barba, compra todo y Lourdes paga con su tarjeta, luego entran a una tienda donde venden ropa masculina y compra ropa de hombre a su medida pero un poco holgada.



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En el texto hay: persecucion, secuestros, atentados

Editado: 03.03.2026

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