El Ermitaño

Operación Rescate

​—Descubrí una banda que comercia con los niños, es una red organizada y altamente peligrosa, se dieron cuenta de que los tenía descubiertos, me seguían a donde fuera y yo los veía y siempre los despistaba. Pero me lanzaron el atentado y casi lo logran de no haber sido por ti.

​—Uno de los orfanatos implicados era ese y los que están resaltados en la lista que encontré en mi casa. Son una banda de la escoria más baja, trafican con niños y niñas, los venden a pedófilos y a otras lacras que los esclavizan, estaba por terminar la investigación y que atraparan a los culpables cuando descubrí…

​—Que altos personajes de la policía, políticos, empresarios, millonarios, artistas y muchos más están implicados de una u otra forma en el tráfico infantil, comerciando con la integridad y la vida de los más pequeños.

​Bella vuelve a llorar.

​—Cálmate, mi amor.

​Eduardo toma su mano y la besa.

​—No llores más, por favor.

​—Es que siento que los olvidé, esos niños me necesitaban, y los abandoné a su suerte.

​—No tienes la culpa de haber perdido la memoria después del atentado.

​Bella seca sus lágrimas y se sacude la nariz con pañuelos desechables.

​Se ve una entrada y ella dice:

​—Entra por aquí, esta calle nos lleva al lago, por allí cruzamos un pequeño bosque y llegamos a la villa donde tienen a la niña.

​En el todoterreno transitan hasta llegar a la orilla este del lago, luego entran al bosque, cuando los árboles no los dejan pasar, dejan el auto dentro del bosque, se acomodan las armas, se ponen los guantes y caminan.

​En escasos minutos tienen a la villa al frente, escondidos entre los árboles, Bella saca el largavista y mira el auto que trajo a la pequeña y en una terraza, los dos tipos están hablando con otro hombre que tiene una copa en la mano. Eduardo también está observando y por un lado ve a un hombre prendiendo fuego como para hacer una parrillada.

​Y observa a otro hombre que parece un guardaespaldas hablando por teléfono.

​—Hay cinco hombres a la vista y no sé cuántos haya en la casa, pidamos refuerzos —opina Eduardo.

​—¿A quién llamamos? No confío en la policía, muchos son cómplices, tienen sus narices metidas en el asunto.

​—Voy a llamar a mis hombres, son exmilitares muy bien entrenados y trabajan para mi empresa de seguridad.

​—Ok, mi amor, llámalos, que vengan pronto.

​Eduardo hace la llamada y envía la ubicación en tiempo actual:

​—Entren por el lago y sigan hasta dentro del bosque, los vamos a esperar donde está nuestro auto.

​En unos cuantos minutos llegan los refuerzos, entre Bella explica:

​—Hay una niña que es una víctima de depredadores, tenemos que entrar a esa casa y rescatarla.

​Luego le toca el turno a Eduardo:

​—Había cinco hombres que vi, pero puede haber más dentro de la casa, sean precavidos.

​—¡En marcha!

​Son siete personas que marchan, seis hombres y una mujer disfrazada de hombre, todos fuertemente armados y muy bien entrenados. Se detienen y observan con sus largavistas.

​—Entremos todos a la vez.

​Se colocan gorros pasamontañas e ingresan a la villa.

​Un hombre que los ve, saca un arma y les dispara; Eduardo le pega un certero disparo en la frente. Continúan y el que encendía el fuego levanta las manos y se rinde, uno de los hombres lo esposa, mientras los demás entran a la casa.

​Bella corre por las habitaciones hasta que encuentra a la pequeña esposada a una cama, del baño de la alcoba sale un hombre desnudo y Bella le dispara, busca las llaves de las esposas hasta que las encuentra y libera a la niña, que está llorando.

​—Vas a estar bien, pequeña —la consuela y la abraza.

​Lleva a la niña y la deja al cuidado de Eduardo, él tiene a su lado a otra niña que rescató. Bella recorre todas las alcobas de la casa y baja al sótano cautelosamente, la sigue uno de los hombres de la operación rescate; encuentra a un niño muy débil y al borde de la muerte.

​—Eduardo, necesito de tu ayuda como médico —se oye la voz quebrada de ella por la radio.

​Eduardo llama a uno de sus hombres y le encarga a las niñas, luego baja al sótano a toda velocidad y se encuentra con la desgarradora escena, el pequeño niño de unos siete años está amarrado y agonizando, Bella está cortando las ataduras. Eduardo saca de su morral herramientas médicas y lo examina, de inmediato le pone un goteo endovenoso.

​Lo carga en sus brazos y lo lleva arriba, Ranier, el hombre que acompañaba a Bella en el sótano, golpea con sus puños la pared.

​—Malditos degenerados —expresa con furia.

​Suben arriba y tomando a las dos niñas.

​—¡Retirada! —se oye la voz de Eduardo por la radio.

​De los cinco hombres, tres han muerto en el enfrentamiento, los otros dos están esposados. Ranier les quita las esposas y sale corriendo detrás del grupo, pero voltea y les dispara.

​—¡No merecen seguir viviendo, son la escoria de la sociedad!

​El grupo de rescate corre a través del bosque con los tres niños en brazos, Eduardo se detiene, pone al niño en el suelo y lo examina.

​—Ha muerto, no pudo resistir.

​Bella llora en silencio amargas lágrimas, mientras los hombres cavan una tumba y entierran al pequeño.



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En el texto hay: persecucion, secuestros, atentados

Editado: 03.03.2026

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