Una de las niñas llora frente a la tumba del pequeño.
—Adiós, hermanito —dice entre sollozos.
Los hombres que la oyen caminan tristes y cabizbajos hasta llegar a los autos. Suben y conducen por la carretera rural y toman una autopista, luego cruzan por una carretera hacia Pueblo Blanco.
Llegan a una hermosa hacienda donde Bella se baja.
—Bajen, descansen, es mi hacienda, hoy recordé que había rescatado niños y las había traído aquí.
De la casona salen varios niños curiosos al tener visita, pero se asustan y entran de nuevo a la casa.
Una mujer de mediana edad sale al frente y pregunta:
—¿Qué desean?
Bella recuerda a la noble mujer que junto a su madre la ayuda con los niños rescatados, ella es una psicóloga infantil.
—Violeta, soy yo, Gloria.
La mujer reconoce la voz de ella y le da un abrazo.
—Dios mío, Gloria, te dábamos por muerta, qué alegría que estés bien.
Las dos niñas salen de detrás de Bella y Violeta las observa, tristes, desorientadas.
—Hola, bonita, ¿cómo te llamas?
—Ana —contesta con un hilo de voz casi inaudible.
La otra niña parece entender que está en buenas manos y dice:
—Yo soy Katy.
Los hombres se sientan en un bohío con techo de palma y sin paredes. Bella entra a la casona y conversa con los encargados y ellos le cuentan:
—Hemos sembrado frutas, hortalizas, cereales y las gallinas y vacas nos han ayudado mucho para mantener a los niños y a nosotros.
Solo cuatro personas trabajan en la hacienda con los niños: Violeta, la psicóloga; Juana, la nutricionista; Sandra, la chef del lugar y madre de Violeta; y Julián, esposo de Juana, un agrónomo experto y noble hombre, que tiene la hacienda muy bonita, ha sembrado y enseña a los niños a sembrar y cultivar la tierra. La pareja no ha podido tener hijos y son felices cuidando a los pequeños, y los niños asisten a la escuela del pueblo.
Bella reúne al grupo de cuatro adultos que trabajan con los niños y les cuenta sobre el atentado, las consecuencias y finaliza:
—Hoy recobré la memoria y aquí me tienen. Voy a transferir a tu cuenta, como siempre, para que hagas las compras necesarias —le comunica a Juana, administradora y nutricionista.
Continúa:
—También voy a depositar los sueldos caídos, esta misma noche me pondré al día… No pueden revelar a nadie que me han visto.
Luego sale y camina hasta donde están sentados los hombres.
—Tenemos que hacer algo por los otros niños que permanecen en el orfanato, hay que rescatarlos de las manos de los monstruos —expresa Bella, saca una libreta y la pone en la mesa—. Todos los orfanatos que están resaltados en esta lista tienen graves problemas.
—Tengo un plan para rescatar a esos niños y refundir en la cárcel a los encargados corruptos.
Uno de los hombres opina:
—No debemos tardar, tenemos que hacer todo en corto tiempo, no quiero volver a ver morir a un pequeño por culpa de esos monstruos.
Mientras acuerdan planes a seguir, Violeta se acerca.
—Con permiso, Gloria, necesito hablar contigo.
Gloria se levanta y se acerca a la mujer.
—Katy, una de las niñas que trajeron, es la hija de la señora Rosa, aquella que vino contigo a ver si su niña estaba aquí, ¿la recuerdas?
Bella piensa y recuerda a la mujer desesperada por encontrar a su pequeña que fue raptada cuando salió de la escuela e iba camino a casa.
—No tengo su número, pero recuerdo dónde vive, yo la llevé a su casa. Voy a regresarla con su familia, ¿qué opinas tú?
—Ella debe recibir terapia porque ha pasado por mucho sufrimiento.
Bella la mira a los ojos y expresa:
—No quiero que esa madre siga sufriendo, la niña también necesita a su familia, el amor de su hogar le ayudará mucho para superar los traumas y le diré a su mamá para traerla o tú puedes verla en tu consultorio de la ciudad.
—Ok.
—Ana es huérfana, cuenta que ella y su hermano fueron a dar al orfanato después de que su madre murió, desde donde primero se llevaron a su hermano y hoy a ella, fueron llevados a la casa del hombre malo.
Bella se entristece por la suerte de los pequeños huérfanos.