El Ermitaño

Misión regreso a casa

​Bella y Lourdes regresan a la mansión, cuando llegan, la casa está muy limpia y ordenada, y el almuerzo está esperando por ellas. Van al baño, se lavan y se sientan a la mesa.

​—Cuando regresábamos a casa, un auto azul nos siguió, tuve que entrar al garaje de un edificio para despistarlo. Tengo fotos en mi móvil —cuenta Bella a Eduardo.

​Después de almorzar, Bella y Eduardo se sientan en la sala de estar a tomar una copa de vino; Lourdes se retira a su alcoba a descansar.

​—Mira, mi amor, este es el tipo que nos seguía.

​Le pasa el móvil a Eduardo y él reconoce al hombre.

​—Es uno de los tipos que fueron al hospital e intentaron matarte.

​—¿Estás seguro? No pueden reconocerme, ando disfrazada.

​Eduardo saca imágenes que tiene en su celular de los matones.

​—Mira, es uno de los matones; de seguro vieron a Lourdes con una mujer y pensaron que eras tú.

​—Mi abue tiene que ponerse un disfraz también.

​Eduardo le toma una mano y la besa.

​—Sí, es conveniente, y no quiero que salgas sola; yo debí haber ido contigo.

​Al teléfono de Bella le entra una llamada.

​—Sí, Violeta, vamos para allá.

​Eduardo entiende y busca las llaves de su deportivo; Bella se disfraza de Carlos y se dirigen a la granja. Al llegar, Pedrito se acerca.

​—Muchas gracias por traerme aquí, usted cumplió su palabra.

​Bella le da un abrazo.

​—Yo moría por traerte, quiero que seas feliz.

​Bella entra a la casona y Eduardo se queda jugando fútbol con los chicos. Está en la oficina con Violeta.

​—Gloria, este niño es un valiente sobreviviente; su verdadero nombre es Marco. Tiene unos padres divorciados, pero dice que no quiere volver con ellos. Su madre tiene un nuevo marido, y Marco tuvo que huir de su casa porque el tipo es un abusador; lo golpeaba y quería abusar sexualmente de él.

​Violeta continúa:

​—La policía lo encontró durmiendo en la calle y les mintió diciendo que es huérfano y lo llevaron al orfanato. El cura que lo llevó de monaguillo también quiso abusar repetidas veces de él, y fue golpeado mucho por resistirse, pero el sucio cura lo abusaba cuando lo agarraba dormido y lo ataba, y él no podía salir corriendo, golpear, morder y patear. Tiene solo 10 años y practicaba artes marciales con su papá cuando vivían juntos.

​—¿Qué vamos a hacer? ¿Te dijo el nombre del padre? ¿Qué dice de él? ¿Es un buen hombre?

​Violeta responde:

​—Sí, dice que es bueno, pero que se volvió a casar, y él no es bienvenido en el apartamento donde vive con su esposa.

​Bella se compadece y dice:

​—Pobre niño, ha sufrido mucho, todos lo han traicionado. Gracias, Violeta, eres una excelente psicóloga infantil. ¿Crees que a Marco le gustaría que busque a su papá?

​Violeta asegura:

​—En la siguiente terapia le voy a preguntar, pero él me preguntó si podía quedarse a vivir aquí por siempre. Yo le dije que esta era su casa hasta que tuviera un lugar seguro donde vivir o fuera adoptado.

​Bella interroga:

​—¿Qué contestó?

​—Dijo que no quiere ser adoptado, que prefiere quedarse aquí sembrando.

​—Él va a estar donde se sienta seguro, es inteligente y muy valiente, saldrá adelante.

​Bella se reconforta al oír a Violeta tan segura.

​—Prepara a Robert, lo llevaremos con nosotros; mañana salimos temprano para llevarlo con sus padres.

​Bella sale al patio y observa a Marco; está jugando fútbol. Cuando tropiezan con él, hace una mueca de dolor, pero sigue adelante y hace un gol. Ella aplaude con entusiasmo.

​—¡Goooollll de Marcooooo! —grita Bella.

​Eduardo va hasta donde está ella. Anita viene corriendo hasta ellos; trae a su muñeca abrazada y se abraza a las piernas de Eduardo. Él se pone en cuclillas y le da un abrazo; luego la pequeña alza los brazos hacia Bella pidiendo un abrazo, el cual recibe: un abrazo con ternura y prolongado.

​—Anita, ¿cómo estás?

​La niña contesta con una sonrisa:

​—Estoy bien.

​—Me alegra mucho, Anita.

​La pareja se retira en su auto con Robert. Al llegar a la mansión, Bella le muestra la habitación donde va a dormir. Eduardo aprovecha para llamar a Ranier y a Arbey; ellos reportan algunas cosas.

​—No llamen por hoy a Cero, mañana salimos de viaje, y anoche tuvo pesadillas, hay que dejar que descanse. Si hay alguna emergencia, se comunican conmigo.

​—Entendido, jefe.

​Eduardo cuelga y recibe otra llamada.

​—Listo, jefe, tengo los pasaportes, solo esperaba la foto del niño, voy a llevarlos.

​Bella está hablando con Robert.

​—Mañana te vamos a llevar con tus padres, pero tienes que saber que vamos a ir disfrazados como una familia: padre, madre e hijo. Tu nombre es Carlos González, hijo de Carlos González padre y de María González.

​El chico la oye atentamente y contesta:

​—Entendido, soy Carlos González, mamá.

​—Jaja, jaja. Descansa un rato hasta la cena.

​Es un niño inteligente y muy educado. Bella encuentra a Eduardo hablando con Luis.

​—Hola, Seis —saluda Bella.

​—Mi amor, ya tenemos los documentos y licencia de piloto para Carlos González. También le envié las imágenes del tipo que te siguió para que lo investigue.

​Ella revisa los documentos.

​—Muchas gracias, buen trabajo.

​Luis se marcha y la pareja se va a cambiar para la cena. Están sentados a la mesa y Lourdes pregunta:

​—¿Quién es este guapo hombrecito?

​Bella traga el bocado y contesta:

​—Es hijo de un amigo de Eduardo, sus padres fueron a la ciudad vecina, se va a quedar a dormir hoy.

​Lourdes sonríe y dice:

​—Siempre es lindo tener la visita de un niño, trae alegría a la casa.

​—Así es, abuela.

​Al día siguiente, bien temprano, se van en la «misión regreso a casa». Salim los lleva al aeropuerto privado de la empresa de seguridad de Eduardo; abordan el avión que ya había sido revisado y estaba con el motor encendido. Eduardo pilotea el avión, mientras Bella y Robert sirven el desayuno que les preparó Salim. Bella le lleva una bandeja a Eduardo y regresa a comer con Robert.



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En el texto hay: persecucion, secuestros, atentados

Editado: 03.03.2026

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