El Ermitaño

Marco Junior

​En la oficina Marco conversa con Eduardo.

​—Cuéntame, ¿cómo fue que rescataron a mi hijo?, por favor.

​Eduardo lo mira fijamente.

​—No puedo contarle todos los pormenores del rescate, pero sí le diré que me afectó mucho, lo encontramos atado, estaba en manos de un monstruo, soy médico y luego lo examiné, tenía múltiples golpes, recientes y de vieja data, y fue abusado, lo abracé y le pedí perdón por no haber llegado antes y lloramos juntos, Bella también lloró mucho, ella es el alma de todos estos rescates.

​Marco llora en silencio, se seca las lágrimas y luego pregunta:

​—¿Pero por qué lo hicieron?, ¿se dedican a rescatar niños?

​Bella que escucha la última pregunta responde:

​—Sí, le hemos declarado la guerra a los traficantes de niños, a pedófilos y a todo el que atente contra el bienestar de los niños, hacemos lo que podemos, porque hay mucho por hacer. Actuamos en secreto, hay gente implicada que tienen mucho poder y han atentado contra mi vida varias veces.

​Marco escucha atentamente y se levanta.

​—¿Puedo darle un abrazo?

​Bella abre sus brazos y se abrazan.

​—Gracias, por rescatar a Junior, gracias por existir. Quiero ayudar, desde hoy me uno a su causa, lo que necesiten finanzas, mi colaboración personal, estoy dispuesto.

​Marcos estrecha la mano de Eduardo.

​—Jamás tendré cómo pagar lo que han hecho por Junior.

​En ese momento repica el móvil de Bella, ella pide permiso y se aleja a atender la llamada. Bella escucha a Violeta.

​—Sí, aquí lo tengo a mi lado, ya te lo paso.

​Se escucha del otro lado de la línea la voz del niño.

​—Hola, ¿cómo encontró a mi papá?

​—Él ha estado buscándote, lo vi llorando por ti, quiere verte, ya te lo paso.

​Bella camina hasta donde está Marco y le pasa el teléfono, al ver su mirada interrogante le dice:

​—Es su hijo.

​Marco toma el teléfono con la mano temblorosa.

​—Hola mi campeón, ¿cómo estás?

​—Estoy bien papá, te he extrañado mucho.

​Marco no contesta, no puede hablar, gruesas lágrimas ruedan por su cara, haciendo un esfuerzo dice:

​—Quiero verte y darte un gran abrazo.

​—Yo también quiero verte, ¿puedes venir aquí? —se escucha la voz entrecortada por el llanto del niño.

​—¡Claro! campeón iré a verte, te amo mucho hijo, hasta luego.

​Marco le pasa el móvil a Bella.

​—Dijo que quería verme, ¿será posible verlo ahora mismo?

​Bella lo observa pasando las manos por los ojos llorosos y expresa:

​—¡Vamos de una vez, para luego es tarde!

​Marco cambia la expresión de su rostro cuando sus ojos se iluminan de alegría. Los tres salen de la oficina y Mirtha se levanta y se acerca pavoneándose.

​—Ya era hora que salieran.

​Luego le lanza una mirada de odio a Bella e inmediatamente cambia la expresión de su cara cuando voltea hacia Eduardo, mostrando su mejor sonrisa y acercándose coqueta.

​Se engancha del brazo de Eduardo y Bella nota que él está molesto y le desagrada la actitud de la mujer.

​—Señorita, no coquetee con mi novio y mucho menos lo tome del brazo, es usted muy mal educada.

​Mirtha responde altanera:

​—Que me lo diga él, tú no eres su dueña.

​Bella contesta enojada:

​—¡Te lo digo yo y punto!, él es un caballero, pero se le nota que tus avances le molestan, respeta el espacio físico de mi novio.

​Mirtha suelta el brazo de Eduardo asustada por el carácter de Bella. En los labios de los dos hombres juguetea una sonrisa.

​—¡Ay, sí!, ya vámonos, aquí tratan muy mal a sus invitados.

​Bella sonríe y le dice:

​—No eres nuestra invitada.

​Marco que había estado callado le dice:

​—Vete tú sola, yo tengo cosas muy importantes que hacer y tú no puedes venir ni ahora ni nunca. ¡Estás despedida!, y no quiero verte nunca más, si vuelves llamo a la policía.

​La mujer se pone pálida.

​—¿Pero por qué?, he hecho muy bien mi trabajo.

​Marco la mira fijamente y le dice:

​—¡Ah!, y te llevas a tu amante el chofer ese que contrataste que es tu esclavo, ¡ahora mismo!, no te atrevas a ir a mi casa ni a mi oficina, voy a instruir a mis empleados para que llamen a la policía si te llegan a ver por mis propiedades.

​Mirtha insiste:

​—¿Marco qué pasó?, ¿qué te dijo la arpía esta?

​Marco no quiere perder su tiempo y dice:

​—Vámonos, por favor.

​Al salir un empleado se acerca a Eduardo.

​—Jefe, la señora Lourdes y Salim se fueron a la mansión, que los esperan para almorzar.

​Eduardo da las gracias y espera a Marco que está quitándole las llaves al chofer y despidiéndolo, luego los tres suben a bordo del helicóptero, esta vez pilotea Bella. Desde las alturas observan a Mirtha discutiendo con el chofer mientras caminan por la calle.

​En minutos llegan a la hacienda, Bella aterriza con destreza, varios niños salen al oír el ruido del helicóptero, solo están los niños que van a clases en el turno de la tarde, y entre esos está Marco. Padre e hijo corren al encuentro con los brazos abiertos, se abrazan y lloran juntos, Bella y Eduardo se retiran a la casa y les dan espacio para que hablen.

​—Hijo por fin te encuentro, te he buscado tanto.

​Caminan hasta el bohío y se sientan a conversar.

​—Papá me alegra mucho verte.

​Marco mira con atención a su hijo.

​—Ven conmigo a casa, por favor.

​Junior contesta con seguridad:

​—Papá, puedes venir a visitarme cuando quieras, pero hay mucho peligro y cosas feas afuera y aquí me siento seguro, siembro y veo crecer las plantas y eso me hace feliz.

​El padre baja la cabeza con tristeza.

​—Tengo una casa muy grande y hay mucho terreno, podrás sembrar lo que quieras.

​Junior guarda silencio y luego dice:

​—Tu esposa me odia.

​El padre le pone una mano en el hombro y le dice:

​—Perdóname, no me di cuenta de que ella no te quería, pero ella ya no es mi esposa, nos divorciamos hace tiempo.



#1142 en Novela contemporánea
#1222 en Otros
#243 en Acción

En el texto hay: persecucion, secuestros, atentados

Editado: 03.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.