El Ermitaño

El amor

​—Nancy, ocupa tu habitación de siempre.

​—Gracias, Marianne.

​Nancy sube al segundo piso acompañada de Ranier; dejan el bolso y van a buscar a Ava. Ranier la lleva en brazos y la acuesta en una de las dos camas de la alcoba de Nancy.

​—Somos vecinos, mi recámara es la de al lado.

​Luego bajan al salón donde ya todos están reunidos. En el salón están oyendo música y hay un carrito con algunas copas de champán; Nancy toma una copa y le da una a Ranier. La música suave y romántica envuelve el salón de notas armónicas; Eduardo invita a Bella a bailar, Marco y Violeta también bailan.

​—¿Señorita, quiere bailar conmigo?

​Nancy toma la mano de Ranier y salen a bailar. Raúl se retira a su alcoba; hoy va a dormir en el castillo. Los demás chicos también se van a dormir. Salim toma del brazo a Lourdes y la ayuda a subir las escaleras. Marianne y Tomás también aprovechan para retirarse a sus aposentos. En el salón solo se quedan las tres parejas. Ranier, pegado a la linda mujer, aspira el aroma de su perfume y propone:

​—Hay una luna hermosa, vamos a salir a observar el cielo; hay muchas estrellas.

​Los seis salen a una estancia cercana a la piscina; se recuestan en unas tumbonas a admirar el cielo poblado de estrellas.

​—Vamos a pasear por el lago, hay una lancha en el muelle —invita Nancy muy animada.

​—¡Sí, vamos! —acepta Bella y todos se levantan para ir al muelle.

​—Esperen un momento, voy por una botella y copas —dice Eduardo; entra al castillo y en minutos regresa.

​Todos se encaminan al muelle y suben a una lancha blanca y muy bonita; Eduardo pone en marcha la lancha y conduce suavemente hasta llegar a un lugar alejado. Apaga el motor y se acuesta con Bella en la proa a ver las estrellas. En otro lugar están Violeta y Marco recostados observando el firmamento. Ranier y Nancy se acuestan en la popa, uno al lado del otro; Nancy busca la mano de Ranier.

​—Me encanta tu compañía —le confiesa sinceramente.

​—Esto que nos pasa es una magia que solo ocurre una vez en la vida, y tengo miedo. Yo solo soy un empleado que se gana la vida trabajando y tú eres una dama de la alta sociedad; eres rica y yo no tengo nada que ofrecerte.

​—No tengas miedo de esas tonterías. Tú tienes mucho que ofrecer: eres un caballero que me trata con delicadeza, me haces sentir como nunca me había sentido, eres guapo y sexy; además, eres gentil y amable con mi hija. Esos detalles son lo máximo.

​Él le acaricia la mejilla y ella suspira.

​—Es como dices, esto que nos pasa es mágico; no lo dejemos escapar.

​Ella se acerca y lo besa; luego se acomoda muy junto a él y utiliza su brazo como almohada.

​—Cuéntame, ¿en qué trabajas? Me interesa todo de ti.

​—Soy ingeniero informático y trabajo en las empresas de Eduardo.

​Nancy voltea la cara hacia Ranier y expresa:

​—Qué interesante, quién lo diría; pareces un militar con mucho entrenamiento.

​Él responde:

​—Fui militar; Eduardo y yo fuimos juntos a la guerra, asignados a la fuerza aérea.

​Ella pregunta:

​—¿Y qué hacían en la fuerza aérea?

​Ranier responde:

​—Yo manejaba los sistemas en un avión de guerra que Eduardo pilotaba.

​Ella dice:

​—Tengo entendido que es médico.

​—Sí, es médico, pero también es un capitán y es excelente en todo. Me salvó la vida y le estoy muy agradecido.

​Ella, muy curiosa, quiere saber más:

​—¿And cómo fue eso? Cuéntame, por favor.

​—Fuimos a rescatar a un batallón que quedó atrapado después de una batalla donde murieron muchos. Un joven muchacho, muy herido, me ruega: "Por favor salve a mi novia, ella está herida del otro lado en la trinchera". Yo fui a buscar a la joven soldado, la saqué de la trinchera. Yo venía con ella en brazos cuando los enemigos abren una ráfaga de disparos; yo corrí con la chica en brazos, pero una bomba explotó muy cerca. La explosión nos lanzó lejos; quedé ciego y sordo, y un cerro de tierra y escombros cayó sobre mí. Eduardo llegó corriendo y con sus manos escarbó hasta que me liberó. Yo estaba inconsciente, así que tuvo que cargar conmigo en medio de una lluvia de balas.

​Con lágrimas en los ojos, ella pregunta:

​—¿Y qué pasó con la chica?

​Él guarda silencio por un momento y luego dice en voz muy baja:

​—Ella murió. Estaba muy malherida cuando la saqué de la trinchera y la onda expansiva nos hizo volar por los aires; cuando cayó, murió por el impacto y las heridas que ya tenía. Pero Eduardo, de todos, solo él arriesgó su vida para salvarme.

​Ella expresa con admiración:

​—Ese Eduardo es todo un héroe; es un hombre de honor y se nota que ama mucho a Bella.

​Él asiente:

​—Sí, así es; ellos tienen una bonita historia de amor.

​Violeta y Marco están acostados viendo el cielo estrellado.

​—Pienso que ese cielo estrellado tan hermoso es un bonito panorama para decirte… que te amo. Y no creas que esto es nuevo; me enamoré de ti desde el primer día en que te vi. Yo estaba feliz, pero muy triste a la vez ese día en que te conocí, y tú me diste aliento. Desde ese día, solo buscaba pretextos para ir a la granja a ver a Junior, pero también para verte a ti.

​Ella, que estaba atenta oyendo, le responde:

​—Yo también me enamoré de ti desde el primer día, pero no sabía qué sentías tú por mí, así que sufría en silencio; pensaba que nunca llegarías a amarme… la primera vez que me besaste, mi corazón se quería salir y he andado en las nubes desde entonces.

​Él la estrecha entre sus brazos y dice:

​—Se puede decir entonces que lo nuestro es amor a primera vista.

​En la proa, Bella y Eduardo chocan las copas.

​—¡Por la mujer que ama mi alma!

​—¡Yo brindo por el hombre que ama mi alma!

​Toman un trago y se acuestan a admirar el hermoso cielo de verano.

​—Mi amor, cuando estaba en el hospital, un día que te veía dormir, me hice una promesa: "Me ganaré tu corazón, algún día me vas a amar, seguro que sí"; y ahora estoy feliz, me amas y te amo y seremos muy felices.



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En el texto hay: persecucion, secuestros, atentados

Editado: 03.03.2026

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