El escudero youtuber

Capítulo 9: La Lección Inútil y la Alianza Real

Título del video de YouTube: "LA HECHICERA NOS ENSEÑA MAGIA... y fracasamos espectacularmente"

Harold terminó de teclear y dejó el teléfono sobre la mesa con un suspiro que era mitad alivio, mitad nerviosismo.

"Listo. Le mandé el mensaje a Katherine. 'Aceptamos. Cuente con nosotros. Y, ah, queremos contarles sobre un gusano en el router... ¿le importa si lo hablamos en persona?'"

"Fue lo correcto, escudero. Ella ya sospechaba, era mejor confirmarlo. La verdad es nuestra mejor moneda de cambio ahora."

La respuesta de Katherine llegó menos de un minuto después, con un tono seco que Harold pudo casi escuchar:

«Bien. Mañana al amanecer. Dirección adjunta. Vengan con la mente abierta y ropa que no les importe ensuciar. Y sí, hablaremos del parásito de la red. Traigan todos los detalles.»

Harold leyó el mensaje en voz alta. "¿Ropa que no nos importe ensuciar? ¿Esto es una alianza mágica o un taller de jardinería?"

"Es una hechicera, Harold," dijo Edward, por fin apartando la mirada de la ventana. "Nunca sabes si 'ensuciar' significa tierra, sangre o esencia magica."

El lugar al que los dirigió Katherine no era una torre gótica ni una caverna subterránea, sino un estudio de yoga abandonado en un edificio industrial reformado. La puerta se abrió antes de que pudieran tocar, revelando a Katherine, ya vestida con ropas holgadas de lino color ceniza. Merlín, el gato blanco, estaba sentado en una repisa alta, observándolos como un supervisor desinteresado.

"Puntuales. Bien," dijo Katherine, dejándolos pasar. "Antes de empezar, lo del gusano."

Harold se lanzó a contarle todo, con la energía de quien ha estado conteniendo un secreto incómodo: el router, las luces, la voz distorsionada, la batalla, el bate de béisbol. Edward añadía detalles con precisión marcial: la naturaleza del Gusano de Pantano, su patrón de ataque, su debilidad al ser separado de su fuente de energía.

Katherine los escuchó en silencio, sin inmutarse. Cuando terminaron, asintió una sola vez.

"Confirmó lo que ya sospechaba," dijo. "Un Gusano de Pantano menor, atraído por la primera y más grande rasgadura en el velo: la que trajo a Edward aquí. Su router fue solo un punto de acumulación de energía residual, un charco de estancamiento." Sus ojos se posaron en Edward. "Tú no solo cruzaste, caballero. Dejaste la puerta entreabierta. Y esa puerta gotea.El Gusano fue la primera mosca en llegar al olor. No será la última."

Harold sintió un escalofrío. "¿Entonces... más monstruos?"

"Más, más grandes y más hambrientos," afirmó Katherine. "Por eso estamos aquí hoy. Mi protección es fuerte, pero no es omnipresente. Si algo los ataca lejos de mí, necesitan algo más que un bate de béisbol y coraje." Hizo un gesto hacia el centro de la habitación, donde había varias esterillas de tatami. "Hoy, voy a intentar enseñarles a ocultarse. No a lanzar hechizos. Solo a... apagar su faro, aunque sea un poco."

La práctica fue un desastre desde el primer minuto.

"Vacíen la mente," indicó Katherine, su voz calmada pero firme. "Imaginen que son una piedra en un río. El agua fluye, pero la piedra no piensa, no desea, no es."

Edward, acostumbrado a la disciplina marcial, frunció el ceño con tal intensidad que parecía que iba a romper algo con la fuerza del pensamiento. Su respiración era profunda, controlada, pero cada músculo de su cuerpo estaba en tensión, como si estuviera a punto de cargar contra un enemigo invisible.

Katherine suspiró. "Edward, deja de intentar ser una piedra. Solo sé la piedra. Tu voluntad es como un faro en sí misma. La estás haciendo brillar más."

Harold, por su parte, adoptó una pose relajada, pero a los treinta segundos comenzó a tararear distraídamente la sintonía de su canal. Luego abrió un ojo.

"¿Katherine? ¿Esto sirve para esconderse de los monstruos o para meditar? Es que me está entrando hambre."

"Harold," dijo ella, sin abrir los ojos, "si fueras una piedra, ya te habrían lanzado a un lago por molesta."

Merlín, desde su almohadón, emitió un ronroneo que sonó claramente a burla.

De repente, Katherine abrió los ojos. Su expresión se volvió alerta, casi alarmada. Miró a Edward fijamente, como si estuviera viendo algo que ellos no podían.

"Basta," dijo, con un tono cortante. "Deténganse."

Harold y Edward abrieron los ojos. Ella se levantó, pasándose una mano por el rostro, con un gesto de frustración genuina.

"Es inútil," declaró, y no había decepción en su voz, sino certeza. "Edward, incluso ahora, con los ojos cerrados y respirando, tu presencia resuena como un gong en el silencio del velo. No es tu culpa. Es la naturaleza del portal que te trajo. Y tú, Harold..." Lo miró, y por primera vez hubo algo parecido a la curiosidad en su mirada. "No eres un faro, eres... un transmisor. Emites caos, casualidad, pura improbabilidad. Es como intentar esconder un fuego artificial en la oscuridad."

Harold se encogió. "¿Entonces... no hay esperanza?"

"No para esto." Katherine cruzó los brazos. "No pueden ocultarse. Pero eso no significa que estén indefensos."

Edward se puso de pie, serio. "Explíquese."

"La lección de hoy no era realmente para que aprendieran a esconderse," admitió Katherine, con un dejo de cansancio. "Era para que entendieran por qué no pueden. Y para que vieran por qué necesitamos trabajar juntos. Yo puedo protegerlos, pero mi magia es un escudo, no una invisibilidad. Y un escudo tiene que estar cerca para funcionar."

Harold empezó a entender. "O sea... el plan es... no separarnos."

"Exacto." Katherine señaló a cada uno con un dedo. "Tú, Edward, eres el guerrero. Tu espada puede dañar lo que mi magia revele. Tú, Harold, eres el cronista. Tu cámara, tu intuición para el caos, tu conexión con este mundo... puedes ver patrones que yo paso por alto. Y yo... yo soy la artillería. La que puede detectar las amenazas antes de que lleguen, y contenerlas cuando aparezcan."




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