El espía que me rompió el corazón

Capítulo 10

Ryan

Salgo al balcón de la amplia suite con los binoculares en mano. La playa está vacía, las olas rompen sobre la arena sin nadie de por medio. Aun en la noche, se logra apreciar lo cristalino del agua. Miro más allá, hacia el horizonte. La negrura lo engulle todo, lo poco que se distingue es gracias a la luna.

Recorro la oscuridad con los binoculares hasta que doy con ella. No es necesario mirar su embarcación mientras hablamos, pero prefiero el acompañamiento visual durante nuestras conversaciones, me brinda una especie de conexión al momento.

—¿Cómo va todo en tierra, Agente 102? ¿Listo para convertirte en un hombre casado?

El tono petulante de Penny me hace rechinar los dientes. Normalmente, sus provocaciones se me resbalan, pero hoy estoy especialmente sensible.

—Déjate de tonterías, ¿cómo pudiste cometer un error de este tamaño? —le reclamo en voz contenida—. Me aseguraste que este era el lugar idóneo para celebrar la boda. Se te pasó por alto que la wedding planner es mi ex novia.

—Me disculpo por la omisión, no comprendo cómo pudo ocurrir. Cuando investigué el lugar, estipularon a otra persona como la encargada de los eventos, una tal Audrey Williams. Aun no descubro dónde estuvo la confusión.

—Sí, ella también está aquí. Por lo que he podido averiguar, existe una especie de rivalidad laboral entre ambas —digo, moviendo mis hombros en círculos pequeños para liberar un poco la tensión. El movimiento es reducido para no perder de vista la embarcación desde la que mi operadora, Penny Bradshaw, supervisa la misión.

—¿Tenemos un problema, Agente 102? —pregunta sin una pizca de humor.

—En absoluto. Me he encargado de Daria. Si es posible, ahora debe odiarme más que antes. Se mantendrá al margen.

—¿Estás seguro? Porque lo primero que tu chica hizo fue marcarle a su tía para contarle de ti y, lo segundo, fue sacarte varias fotos mientras cenabas.

Así que eso era lo que estaba haciendo. La vi hablando con el jefe de repostería, pero no noté lo de las fotos. ¿Cómo se me pudo pasar por alto? Error de novato, lo cual, definitivamente, no soy.

—Me agarró desprevenido. Descuida, le pondré remedio esta misma noche…

—No te molestes, ya lo hice yo. Una vez más, mis habilidades tecnológicas al rescate del Agente 102. En estos momentos, tu chica debe estarse rascando la cabeza sin entender por qué, de nueva cuenta, tus fotos desaparecieron de su teléfono —dice con arrogancia.

—Deja de llamar a Daria mi chica.

—Lo siento, entonces, tu aventura parisina, ¿suena mejor?

—Penny… —mascullo de mal humor.

—Awww, ¿tenemos sentimientos sin resolver? Qué ternura, Agente 102, no lo esperaba de ti —dice supurando mofa en cada palabra.

—Penny, te lo advierto…

Como si encontrarme en medio de la misión más extensa e importante de mi carrera no fuera suficiente, ahora hay que agregarle a la única mujer que ha significado algo para mí. La que tuve que dejar ir.

He renunciado a muchas cosas para llevar esta vida, pero ninguna me ha pesado como renunciar a ella.

Daria Olveira logró lo que nadie más, que me cuestionara la vida que llevo y me lamentara por los sacrificios que he hecho en pos del bien común. Antes de Daria, jamás me pesó la soledad de vivir en el anonimato; después de ella, se convirtió en una carga insoportable.

¿Cómo diantres se le fue a pasar a Penny que Daria trabaja en Le Château? Es la mejor operadora que tiene la Agencia, no concibo que algo así de mayúsculo se le haya pasado por alto; no cuando hay tanto en juego.

Cierro los ojos, cargo el estrés de esta misión en el cuello y los hombros como nunca antes. Heidi mencionó algo sobre un masaje de parejas, creo que le voy a tomar la palabra.

—Hace cuatro años te aferraste a que dejáramos en paz a tu aventura parisina, pero creo que es momento de cambiar de estrategia. De haberle seguido el rastro todo este tiempo, habríamos sabido que trabajaba en Le Château y…

—No —digo con la voz endurecida, como si el que estuviera al mando fuera yo—. Lo último que quiero es a la Agencia detrás de Daria. Ella es ajena a nuestro mundo. No hay motivo para involucrarla en lo que hacemos.

—No había motivo hasta que decidiste jugar a los enamorados con ella en París —señala Penny—. Tú la hiciste parte de nuestro mundo en el momento que te sentaste a esa mesa y le diste tu nombre… ¡tu verdadero nombre, para colmo de males! Años de entrenamiento y preparación para que acabaras revelando tu identidad a una completa desconocida.

—Estaba de licencia —le recuerdo.

—No importa y lo sabes —dice ella en voz de que se acabaron los jueguitos. Si algo no soporta Penny es que se le lleve la contraria—. Tu tontería de hace cuatro años ha vuelto para comprometer la misión. No tengo que recordarte lo que está en juego, un solo error puede tirar a la basura todo nuestro esfuerzo.

—Daria no será un obstáculo.

—Considérame escéptica. El pasado nos demuestra que cuando esa mujer está involucrada, tu juicio se ve impedido.

—¿Estás poniendo en duda mi capacidad como agente?




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