Después de escuchar varias opciones, Heidi y el Embustero deciden que su primer baile será al ritmo de Thinking Out Loud de Ed Sheeran. No es la elección más original, pero me doy por bien servida de que no sea nuestra, quiero decir, la canción que pensé que nos pertenecía a Ryan y a mí.
—Mi madre llegará mañana, está escéptica de que la boda pueda salir bien con tan poca antelación. ¿Le darías un recorrido por el resort para hablarle de los planes para el gran día? —pide Heidi cuando vamos de vuelta al edificio principal.
Yo tengo la misma inquietud que su madre, ¿seré capaz de sacar adelante una boda express? Estamos a cuatro días del evento, yo y todo el personal de Le Château trabajamos a marchas forzadas para lograr que la boda sea un éxito, pero hay cientos de cosas que podrían salir mal, proveedores que no logren cumplir los cortos plazos de entrega, omisiones a causa de las prisas, confusiones… Eso sin contar que la encargada del evento, o sea yo, se encuentra en plena telenovela con un ex que ha vuelto para remover el pasado… Me enfrento al reto laboral más grande de mi carrera mientras el Embustero pisotea mi corazón ya roto; sería más que entendible que llegue a cometer errores, mismos que no me puedo permitir. Es todo muy agobiante.
Vuelvo a preguntarme por qué la premura de la boda, todo sería más sencillo si contáramos con los tiempos normales para un evento de estos. El personal del resort ha comenzado la apuesta de cuántos meses tiene Heidi de embarazo, todos están seguros de que ese es el motivo de la prisa para casarse. No obstante, la he visto beber vino durante su estancia aquí y sus entallados vestidos evidencian lo plano que es su vientre. Desconozco sus motivos para apresurar la boda, pero es improbable que se trate de un bebé en camino.
—Absolutamente. Será un placer. Descuide, señorita Lindemann, tengo experiencia en lidiar con madres ansiosas, sé lo que debo hacer —le aseguro.
—Oh, no seas tan formal. Ya te dije que me llames Heidi —dice ella dándome un juguetón golpecito en el brazo.
Separo los labios incrédula. A la novia de Drácula ya se le olvidó que hace nada me reprendió despectivamente declarando que “no somos iguales” y ahora pretende que de nuevo tengamos un trato amistoso.
Me sobran palabras para contestarle a Heidi como se merece; no obstante, ponerla en su lugar sería una satisfacción efímera y costosa. La buena noticia es que solo debo soportarla unos pocos días más y luego no volveré a verla a ella ni a su canalla prometido. Esta tortura será corta. Puedo aguantar la volubilidad de Heidi de aquí al fin de semana.
—Nos vemos mañana. Que descansen —me despido de la pareja, alejándome a zancadas.
Ni siquiera me importa que Audrey se quede detrás con ellos. Algo les dirá, algún intento hará para ganárselos, pero será en vano; ella no sabe que tengo secuestrado el apoyo del novio.
Entro a mi cabaña como si acabara de sobrevivir una tarde en compañía de hienas. Pensándolo mejor, en cierto modo así fue. Qué patético es que me duela tanto un hombre que nunca fue mío. Quisiera que el odio y el coraje que tengo fueran suficientes para impedirme sentir algo más, pero ese no es el caso. Estoy devastada.
Ryan es una herida que jamás sanó. Seguí adelante con mi vida porque no tuve opción, pero mi corazón quedó anclado a París, a ese romance que acabó sin que yo entendiera por qué.
A pesar de que ahora sé la verdad y entiendo el alcance del engaño al que fui sometida, no puedo arrancarme a Ryan del corazón; porque para mí Jasper sigue siendo Ryan. Mi parte racional entiende que ese hombre no existe, pero mi alma sigue aferrada a él, a la ilusión. Me aplasta por dentro cada que lo veo besar a Heidi, mi corazón sangra torturado con cada muestra de cariño que le profesa a su prometida.
El fin de semana no puede llegar lo suficientemente rápido. Necesito acabar con esto, que Heidi y Jasper contraigan matrimonio y desaparezcan de mi vida. Solo entonces podré comenzar a juntar los pedazos rotos de mi alma y seguir adelante.
Me acuesto sobre la cama y tomo mi teléfono para marcarle a Rafaela. Mañana es su vuelo de regreso y necesito informarle lo que pretendo hacer.
No quiero a Tiago cerca del Embustero. Él no merece saber que es padre del mejor niño del mundo. Renunció a ese derecho cuando no fue capaz ni de decirme su verdadero nombre.
El resto de la gente puede creerse el cuento de la inseminación artificial, pero el Embustero no. Él deduciría ipso facto que Tiago es su hijo, solo le tomaría sacar cuentas o reparar en los ojos grises del niño. ¿Qué probabilidades habría de que mi donador de esperma tuviera ojos grises idénticos a los de él? Puede que Jasper Thornhill sea malvado y carente de escrúpulos, pero también es astuto. No correré el riesgo de que vea a mi hijo y saque conclusiones.
Esta mañana reservé una habitación en un hotel de la isla para Tiago y Rafaela. Pretendo hospedarlos ahí hasta que el Embustero y Heidi se marchen de Le Château. A Rafaela le desagradará la idea de no poder volver a casa, pero, aún a regañadientes, accederá. No hay nada que mi tía no haría por mí; caramba, si hasta abandonó su amado Río de Janeiro para que yo pudiera tomar el trabajo de mis sueños con un bebito de meses a cuestas. De no ser por Rafaela, me habría sido imposible aceptar el trabajo en Le Château.
Rafaela contesta al segundo timbrazo, su voz se escucha entrecortada al otro lado de la línea.