El espía que me rompió el corazón

Capítulo 15

Me siento como una niña esperando a que sus padres la recojan del colegio. Consulto el reloj en mi muñeca, aún faltan cinco minutos para la hora acordada. Logan no viene con retraso, yo me presenté antes.

Bajo la mirada hacia mi vestido veraniego, esperando que sea apropiado para lo que sea que el doctor tiene en mente esta mañana.

Es muy difícil vestirse para una cita cuando el plan es un misterio. Al menos tengo el consuelo de que, lo que sea que tiene pensado el doctor, no puede ser demasiado elaborado si ambos debemos volver a nuestros empleos en una hora.

Inspiro hondo para darme valor. Es solo una cita, aunque, a juzgar por la forma en la que se retuerce mi estómago, más parece que me estoy preparando para la batalla de Waterloo.

—Daria.

La última voz que quiero escuchar reclama mi atención a mis espaldas.

Me giro despacio y encuentro al Embustero de pie en la recepción. Lleva un conjunto deportivo a juego, cuya limpieza me deja saber que apenas va camino a hacer ejercicio.

—¿Le puedo ayudar en algo, señor Thornhill? El gimnasio está en esa dirección —digo apuntando hacia la puerta a sus espaldas—. Cruzando el paseo botánico y las fuentes, encontrará nuestras instalaciones deportivas. Tenemos toallas para el sudor y agua de cortesía —mi voz suena mecánica, como la que se emplea en los anuncios de televisión.

En lugar de girarse hacia donde señalo, el Embustero echa un rápido vistazo a la chica tras el escritorio de recepción a unos metros de nosotros.

Ella no puede escucharnos, trae audífonos, está escuchando uno de esos podcast de crímenes reales que tanto le gustan. No es algo que se pueda hacer normalmente en horas laborales, pero la escasez de huéspedes nos ha vuelto empleados muy permisivos.

—¿A dónde vas? —pregunta en voz suave, repasando mi informal atuendo con la mirada—. ¿Saldrás con el hombre que te visitó ayer?

—Mi vida personal no es de su incumbencia, señor Thornhill…

—Para con eso, Daria. Pregunto porque, aunque no lo creas, me interesa tu bienestar y ese sujeto tiene pinta de atraer problemas.

Mi rostro se contrae en una mueca de disgusto.

—¿Lo dices por tu amplia experiencia saliendo con médicos cincuentones? O, espera, ¡ya sé! No me digas, alguna vez te hiciste pasar por uno.

El Embustero resopla con frustración.

—Por favor, solo quiero tu bien…

—Mi bien no es tu condenado asunto. Yo puedo salir con este y con todos los médicos de la isla si se me viene en gana. Tú tienes una novia en quien pensar, te recomiendo que te aboques a ella y a mí me dejes tranquila.

Acompaño la fuerza de mis palabras agitando un dedo acusatorio en la cara del Embustero. Parezco maestra dando una lección a un estudiante que no se corrige.

No es sino hasta que noto que la recepcionista alza la vista en nuestra dirección que caigo en cuenta de la insensatez que estoy cometiendo. No puedo ponerme a discutir con el novio de mi boda en un lugar tan público.

Bajo la mano y enderezo la espalda.

El Embustero la mira de reojo, se aclara la garganta y pasa sus manos sobre su cabello en actitud despreocupada. Es un buen actor, eso ya lo sé porque le creí por completo cuando se fingió enamorado de mí.

Unos segundos más y perdemos el interés de la recepcionista.

—Daria, no pretendo controlarte. Sé que eres libre de hacer lo que desees, solo estoy velando por tu seguridad. Odiaría que ese hombre te lastimara.

—¿Por qué? ¿Te consideras el único con derecho a lastimarme? —lo confronto más contenidamente para no atraer atención hacia nosotros—. Descuida, Jasper, nada en este mundo que el doctor Carter pueda hacerme se comparará con la bajeza que hiciste tú.

El Embustero traga saliva. Su rostro se contrae de un modo que no logro descifrar. Si no supiera la clase de sinvergüenza que es, hasta creería que lo que percibo es dolor en sus grises ojos.

—¡Buenos días! Ah, señor Thornhill, ¿irá a ejercitarse? Puedo llevarlo si gusta —ofrece Audrey dando un brinquito para colocarse entre nosotros. Ella también va vestida de ropa deportiva. Leggins y un top a juego.

—No, gracias. Ya fui, de hecho, voy de vuelta a mi habitación —dice él en voz apretada.

Vuelvo a repasar su ropa sin encontrar un solo indicio de sudor. Cuando uno hace ejercicio, especialmente en el calor caribeño, se nota.

Escucho el sonido de un carro frenándose. Miro sobre mi hombro hacia la salida del lobby y veo el jeep rojo de Logan.

—Nos vemos más tarde —me despido de ambos precipitándome hacia la puerta. Lo último que quiero es que Logan entre e interactúe con el Embustero.

Echo un último vistazo antes de salir del edificio. El Embustero no quita los ojos de mí, mientras que Audrey trata de llamar su atención parloteando quién sabe cuanta tontería a su oído.

Como él le mostró su preferencia al principio, Audrey está convencida de que el Embustero es el camino para ganarse a la pareja y desplazarme. No tiene idea del trato que tenemos.

Salgo justo cuando Logan va descendiendo de su automóvil.




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