El espía que me rompió el corazón

Capítulo 16

El mar está en completa calma. La ligera brisa es suficiente para refrescarnos, pero no tiene la fuerza para hacer volar las servilletas o derribar las copas de mimosa sobre la mesa de desayuno que Logan preparó sobre la cubierta de su yate.

Cuando me invitó a desayunar, asumí que me llevaría a algún restaurante de moda, no que organizaría un paseo en su yate… Es más, ni siquiera sabía que tenía un yate.

Contemplo Saint Barth a la distancia, no estamos demasiado lejos de la costa, solo lo suficiente para sentir que fuimos a algún lado.

—¿Te mareas al navegar? Tal vez debí preguntar eso antes de traerte. Si lo necesitas, tengo medicamento contra el mareo.

Me giro para recibir la copa con líquido naranja que Logan deposita en mis manos.

—En absoluto, ¿por qué la pregunta? —inquiero antes de darle un sorbo a mi bebida.

—Pareces incómoda. Pensé que tal vez era que sentías mareos —comenta con un atisbo de aprensión en la mirada.

El jugo de naranja y la champagne gorgorean en mi garganta.

—Ni una, ni otra —aseguro una vez que logro tragar, pero, ¿es verdad que no estoy incómoda? En silencio, sigo preguntarme cómo carambas acabé en el yate del doctor coqueto. Hasta ahora, nada en su comportamiento me ha hecho sentir incómoda, pero es el simple hecho de estar aquí con él lo que me tiene intranquila. De no haber querido probarle un punto al Embustero, jamás habría accedido a esta cita.

Logan coloca su mano sobre mi espalda baja y me guía del estribor hacia la mesa dispuesta con generosas porciones de frutas en forma de bolita, queso cottage, pan y café.

—Espero que tengas hambre —dice al tiempo que abre una silla para mí.

—Sí, todo se ve espectacular. Gracias.

—Y dime, ¿cómo está tu hijo? —pregunta Logan antes de acercarme el plato lleno de pelotitas de fruta.

Me sirvo sandía con una cuchara y luego empujo en plato de regreso a él para que se sirva.

—Pasando los días de su vida —contesto con un sentimiento muy similar a la pena hurgando en mi pecho. Me sigo lamentando el perderme nuestras vacaciones en Disney—. ¿Me pasarías una servilleta, por favor?

Logan deja de servirse para tenderme la servilleta.

—¿A qué te refieres? ¿Dónde está?

—Él y mi tía pasaron la semana en Disney World. De hecho, vuelven esta tarde. No puedo esperar para verlo.

—Te entiendo, es duro estar lejos de un hijo —dice él antes de darle un sorbo a su taza de café.

—¿Tienes hijos? —la sorpresa en mi voz sería más adecuada para preguntarle si cría unicornios. Por suerte Logan no parece tomárselo a mal.

—Sí, dos de mi primer matrimonio. Hayden tiene 14 años y Lucy 10. Viven con su madre en Dallas y puedo decirte que nunca te acostumbras a estar lejos de ellos.

—¿Cada cuando los ves? —pregunto conmovida por la pizca de añoranza que percibo en su expresión.

—Viajo a Texas dos veces al año. He tratado de convencer a mi ex esposa para que les permita pasar el verano conmigo en la isla, pero siempre se rehúsa.

Los ojos de Logan cepillan la mesa, su pose de donjuán se desdibuja para dar paso a alguien más humano, un hombre sensible que no siempre tiene la sonrisa perfecta ni el encanto a flor de piel.

—Lamento escucharlo —digo sinceramente y muy agradecida de poder criar a Tiago sola. Aunque me habría encantado que tuviera a su padre en su vida, es un alivio no compartir su custodia con alguien más.

El descubrimiento remueve algo en mí. Siempre he visto a Logan como un coqueto empedernido, esta nueva faceta de él como padre es refrescante y una con la que puedo conectar.

El sentimiento me dura una fracción de segundo, justo hasta que noto la parte superior de un bikini olvidada sobre uno de los asientos de la pequeña sala a espaldas de Logan.

Una mujer estuvo en su yate recientemente… y se quitó la ropa.

Logan debe haber percibido el cambio en mi expresión, pues sigue el rumbo de mi mirada girándose sobre su silla.

Sus mejillas se tiñen de rojo al darse cuenta de lo que estoy viendo.

—La mucama no hizo correctamente el aseo… —se justifica antes de aclararse la garganta nerviosamente un par de veces—. Navegué con un amiga… Ella no quería que le quedaran marcas en su bronceado…

Dejo caer los hombros. Más que decepción, siento alivio. Por un instante, la historia de los hijos me hizo olvidar quién es el doctor Logan Carter. Por más apuesto y encantador que sea, también es un casanova que va de mujer en mujer. Él no es lo que estoy buscando.

Reitero mi convicción de no convertirme en otra en su lista de conquistas. Esta cita será todo para nosotros. Tendremos una mañana agradable, charlaremos y volveremos a tierra firme (y mi top se quedará en su sitio en todo momento).

—¡Ah, mira, delfines! —exclama Logan eufórico.

Al rededor del yate, una manada de delfines juguetea entrando y saliendo del agua. Su llegada nos da la excusa perfecta para dejar a un lado el bochorno del bikini rojo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.