La luz poco a poco desapareció, dibujando en mi madre una mueca de alivio imposible de reproducir, una calma absoluta que denotaba lo mucho que esperaba este día y lo mucho que no lo esperaba.
Yo volví a tocar suelo y caí en la silla, me sentía pletórico pero a la vez exhausto, quería abrazar a mi madre pero no podía estirar los brazos, quería correr por todo el pueblo y volver a levantarme del suelo, quería hacer todas las cosas que mi cuerpo no me dejaba.
Mi madre me miró mientras se acercaba lentamente y al llegar me cogió en brazos y me tumbó en su lecho, llamar cama a donde dormíamos es un poco demasiado, y me dijo que descansara, que acababa de vivir algo demasiado extenuante, palabra que sabía que siempre me había hecho mucha gracia, no por el significado sino por la sonoridad, mi padre siempre la pronunciaba al irse “va a ser un día extenuante”
Me quedé dormido mientras mi madre me acariciaba la cabeza pero a los minutos me desperté eufórico de nuevo, ahora ya sí con todas las fuerzas del mundo y dije:
- Mamá, pide un deseo y lo cumplo
- No puedes jugar así con esas cosas, no digas eso
- Será solo esta vez, puedo hacerlo, puedo hacer lo que quieras
Obviamente yo seguía siendo un niño y si a un niño le haces poderoso lo normal es que por su cabeza pasen tantas cosas, todas inmensamente equivocadas pero que a la vista de un crío de cinco años tienen toda la lógica del mundo, que lo de “solo será esta vez” no tardó más de dos días en olvidárseme.
- Venga, solo una cosa, nada más
- Arregla toda la ropa, hoy no quiero zurcir más
Sonreí hasta que mi sonrisa exhaló una sonora carcajada
- No voy a arreglarla, voy a hacerla nueva, toda, no esa, toda, todaaaaaaaaa
Y alcé la mano, cerré los ojos, cosa que jamás he vuelto a hacer desde entonces porque no le veo sentido a hacer algo y no mirar, y toda la ropa volvió a a su primer día, al instante, de golpe, sin esfuerzo. Mi madre comenzó a reír sonoramente, y yo con ella, y de pronto pensé que ya era hora de cenar así que llené la mesa de todo tipo de alimentos, algunos de los cuales ni conocía el nombre o hasta su mera existencia.
De pronto mi padre entró por la puerta, mientras de la nada aparecía comida y comida, cerró de golpe y dijo
- Basta, con eso no se juega, para ya
Mi madre seguía riendo, mi padre se acercó y la miró sin decir nada pero con un claro gesto de desaprobación a la vez que intentaba que no se le pegara la risa. La abrazó, la besó, me abrazó, me besó, me acercó la silla a la mesa, cogió una silla para que mi madre se sentara, se acercó una silla destartalada, que cojeaba y estaba a punto de romperse, se sentó con dudas y con la esperanza de que resistiera a lo que yo bajé la mirada y me dijo
- No, deja la silla en paz, es todo por hoy
Rechisté pero me no me quitó ojo de encima así que no hice nada mientras decía
- Comamos, no se puede quedar todo esto sin comer, tiene muy buena pinta
- Lo ha cocinado tu hijo- se entendió a mi madre entre sus risas
- María, no le rías las gracias, sabes que esto es algo muy serio
- No seas aguafiestas, anda, acaba de darse cuenta de todo
Mi padre me miró, miró la mesa y solo pudo exclamar
- Y ni gota de vino