El evangelio según San Jesús

María (otra María)

“Soy María” dijo susurrando pero con una claridad tal que daba igual el estruendo que nos rodeaba. Ante mi sorpresa alzó un poco la cabeza para demostrarme que debajo de toda aquella tela había realmente una mujer, y vi el rostro más bello que jamás había tenido delante (tal vez el segundo), un rostro tan perfecto como el de mi madre pero lleno de toda la confianza que a ella siempre le había faltado. Sus ojos enormes y verdes me miraban desafiantes, su cabello oscuro intentaba esconderse tras la nuca, su nariz sobresalía en la punta, sus labios llenos de cortes no temblaban como los míos, sus manos permanecían firmes sobre la mesa mientras sostenía un vaso con el vino que mi tío le acababa de servir, y ante todo esto yo no podía apartar mi vista ni un solo segundo de su cuello, surcado de marcas rojas.

Mentiría si dijese que conocía lo que estaba pasando en ese instante por mi cuerpo, jamás había sentido nada parecido y jamás lo volví a sentir en este cuerpo terrenal, pero esa misma noche, cuando fui consciente de que la figura no se había borrado de mi mente ni un solo segundo, me di cuenta de que era el protagonista de una de esas historias de amor a primera vista que mi madre siempre contaba y tanto echaba de menos. Apenas había podido ver su cara, tan sólo había escuchado de su boca dos palabras, al menos dos con su voz real, y aún así los días hasta que volvimos a reencontrarnos en el barco se me hicieron infinitos, tan llenos de angustia que procuraba irme a dormir lo antes posible y me levantaba lo más tarde para no tener que deambular por ese tiempo que no pasaba nunca.

Al principio en el barco no era capaz de acercarme, a pesar de ser la única que, más o menos, coincidía conmigo en edad, mi pasos se alejaban lo más posible siempre que ella estaba cerca, justo lo contrario que mis ojos. Ahí pude ver por primera vez esa sonrisa que luego no paré de admirar, donde la comisura de los labios se perdía entre unas mejillas sonrosadas de una forma tan extraña como atractiva. Y esos mismos labios fueron los que el tercer día se me acercaron para reprocharme que “sabes que no me como a nadie ¿no?”, ante lo que mi respuesta no pudo ser otra que alzar los hombros sin pronunciar palabra alguna, no porque no quisiera sino porque mis cuerdas vocales decidieron no funcionar. “Bueno, pues tú sabrás pero aquí no somos muchos y digo yo que tendrás que hablar algún día, cuando te canses no te costará encontrarme”, fue lo que me advirtió mientras me cogía del brazo anticipándose a mis ganas de huir.

Esa misma noche, mientras disfrutábamos de un pescado que jamás había visto y que, a pesar de su aspecto, no estaba nada malo, mi tío se acercó para darme una charla sobre los hombres y las mujeres, sobre lo que algunas partes del cuerpo indican y sobre cómo la soledad solo es buena para ciertos momentos. “Sé muy bien que te gusta, no lo sabes disimular, y sé muy bien que te mueres de miedo cuando está cerca, eso tampoco lo sabes disimular, pero tienes una ventaja que muchos hombres quisieran, estamos aquí encerrados y nos quedan aún varios días, aprovecha la ocasión”. Yo sonreí nerviosamente como quien oye un idioma extranjero, porque realmente lo que estaba haciendo mientras mi tío hablaba era mirarla embobado sin escuchar una sola palabra y le respondí algo sobre uno de los almacenes, creo, o sobre una de las velas, o sobre algo que estaba muy lejos de tener relación con la charla que intentábamos mantener, lo que enfureció a mi tío, si algo le ponía de muy mal humor era que no lo escucharan, y levantó la mano para llamar a María. Ella se acercó a su lado y él se levantó para dejarla su sitio, lo que acompañó con “a partir de ahora se come en estas posiciones, y si alguien no está de acuerdo ahí está la borda”, a lo que siguió una sonora carcajada por parte de todo el mundo menos yo, y dio lugar a unas cuantas burlas, sobre todo de la chica a mi lado. Miré a mi tío e hice amago de levantarme y huir, incluso podría haber saltado por la borda sin problemas, pero conocía su mirada y no pude mover un solo músculo.

“No te voy a morder”, “Sé que sabes hablar”, “¿Crees que podrías mirarme a la cara cuando te hablo?” y decenas de frases salieron de su boca antes de que yo pudiese articular la primera, que según ella, la verdad es que no recuerdo apenas nada de esa noche, fue algo como “pues claro que se hablar pero a lo mejor es que no quiero, ¿no?”, pero quería, vaya si quería, del mismo modo que deseaba que me mordiese o poder mirar su cara para mantener cualquier tipo de conversación.

Por la mañana, cubiertos con un cielo de tormenta, me disculpé como pude por mis absurdas palabras nacidas del miedo y ella tuvo, como tenía muchas veces, la delicadeza de tomarme el pelo incrementando mi terror. Era consciente de lo que hacía, todos los años que pasamos juntos me enseñaron que siempre estaba al ataque porque jamás esperó amigos sino enemigos, pero sin ser consciente en ese momento algo se desató en mí que no puede parar, todos mis miedos saltaron del barco y mi boca empezó a soltar palabras que desconozco de dónde pudieron venir. “¿Te pido disculpas y me vienes con eso? ¿Me pides que te hable y ahora me dices algo así? Mira, creo que no hacía nada mal en callarme cuando estás cerca, no merece la pena cruzar palabras con alguien así”. Pocas veces fui capaz después de hacerla reír de la misma manera que entonces, me agarró de ambos brazos y entre carcajadas dejó escapar “pero mira que eres mono” o “pero mira que eres tonto” o “¿tú de dónde sales bicho raro?”o tal vez una frase parecida en el significado o puede que simplemente nada, estaba muerto de miedo y, aunque oía las palabras, mi mente era incapaz de asociarlas un significado, a lo que siguió un dulce beso en la mejilla, de eso me acuerdo, vaya si me acuerdo, para después soltarme y decir que “yo creo que ahora que te has soltado ya podremos mantener alguna que otra conversación ¿no?” y dirigirse donde estaban pescando mientras yo me quedaba inmóvil, con todo mi cuerpo temblando, esperando no desplomarme y mirando cómo las nubes habían desaparecido por completo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.