El gran enredo

Capítulo 17

Valerie

El aire en la sala de meditación está saturado de incienso de sándalo y una calma que me resulta insultante. Hay algo profundamente irónico en estar sentada sobre un cojín de seda, rodeada de parejas que buscan “reconectar sus chakras”, cuando yo estoy tratando de que mi vida no vuele por los aires en mil pedazos.

No puedo dejar de pensar en la llamada de Rodrigo, él estaba incesante en querer volver conmigo, en tener nuestro bebé. Una parte de mí duda, la otra lo odia profundamente.

—Respiren —dice la instructora, una mujer de voz tan suave que parece que está a punto de desvanecerse—. Sientan la energía de su compañero. No son dos seres aislados; son un ecosistema.

Miro a Ethan de reojo. Él lleva unos pantalones de lino y una camiseta blanca que le queda ridículamente bien. Se ve relajado, pero noto la tensión en su mandíbula. Jenni, en su afán de conectar y ser la pareja perfecta que está completamente enamorada, nos ha inscrito en este retiro de mindfulness para parejas en el mismo resort.

Ella de verdad cree en estas cosas, en que los chakras se alinearan y tendré un buen parto, o que mi pareja es el ser que me complementa en todos los universos.

A veces siento que son puras patrañas.

—Ahora —continúa la mujer—, giren hacia su pareja. Tómenle las manos. Mírense a los ojos y respondan a esta pregunta: ¿Qué es lo que más temen perder si el otro no estuviera?

Mis manos tiemblan cuando Ethan toma las mías. Sus palmas están cálidas, firmes ante mi toque. Me obliga a sostenerle la mirada. Sus ojos, de ese color café que a veces parece miel bajo la luz adecuada, están fijos en los míos.

Intento pensar en mi respuesta actuada. Debería decir algo como “temo perder al padre de mi hijo” o “temo perder nuestro futuro juntos”. Pero mi mente es un campo de batalla. La llamada de anoche sigue resonando en mis oídos como un zumbido persistente.

«Valerie, cometí un error. Podemos ser una familia. Mis padres lo entenderán».

Mentira. Todo es mentira. Rodrigo no quiere a este bebé; quiere la aprobación de su linaje. No quiere estar conmigo; quiere recuperar el control que perdió cuando decidí no ser su sombra. Sin embargo, una parte de mí, una parte pequeña y asustada que odio admitir, tiene dudas. ¿Y si estoy cometiendo un error? ¿Y si este fugitivo no está siendo del todo sincero? ¿Y si no soy capaz de ser una buena madre sola?

Recuerdo una vez que salimos, nos habíamos encontrado por casualidad con los padres de Rodrigo, dos personas tan desagradables como su hijo.

Hijo, qué sorpresa encontrarte aquí.

¿Hijo? No lo puedo creer, son sus padres. A penas, Rodrigo y yo llevamos tres meses saliendo oficialmente, nunca me ha llevado a la casa de sus padres, y conocerlos en la puerta de un restaurante, no es la mejor forma de hacerlo.

Mamá, papá musita el hombre a mi lado, tan nervioso que la mano que lleva entrelazada a la mía le empieza a sudar.

Ellos me quedan viendo, así como nuestras manos entrelazadas. En un segundo, Rodrigo quita su mano y empieza a balbucear. En ese momento, tomo valor y me presento como la novia de Rodrigo Cortés.

—¿Novia? —pregunta su madre, con un tono de voz tan peculiar que me hace apretar los dientes.

No me digan que sus padres son de esas familias que critican a cualquier mujer que se le acerca a su adorado hijo.

—Rodrigo no nos ha contado nada sobre una novia, y ya veo porqué no lo hace —secunda su padre, con la ceja derecha alzada y mirándome con superioridad.

—Vale, si así es como nos vamos a conocer, fue un placer haberlos conocido, quizás no. Pero yo me voy.

—Qué mujer tan desagradable, Rodri —sisea la señora.

Desde este día, espero no volverlos a ver nunca más.

—Valerie —susurra Ethan. Su voz rompe mi espiral de pensamientos—. Te toca.

Trago saliva. Mis muros están altos, pero el cansancio de los últimos días está empezando a agrietarlos.

—Temo... —mi voz falla—. Temo no ser suficiente. Temo que todo esto sea una ilusión y que, cuando las luces se apaguen, me quede en la oscuridad.

No es una línea del guion. Es la verdad. Temo que mi vida sea solo una sucesión de personas que me usan para sus propios fines. La Valerie de Nueva York es la que trabaja duro por lo que siempre ha querido, quien mantiene su vida en un plano de Excel, todo organizado. Ahora que vuelva, con cinco meses y con el hecho de que mi supuesto novio me abandonó embarazada, será algo por lo que lidiar, y siento que no estoy del todo preparada.

La instructora se acerca a nosotros y le hace una señal a Ethan.

—¿Y tú, Ethan? ¿Qué temes?

Él suspira. Por un momento, deja de ser el actor encantador que puede engañar a cualquiera. Sus hombros caen. Sus dedos aprietan los míos con una honestidad que me quita el aliento.

—Temo volver a la nada —dice, su voz suena cruda, despojada de cualquier pretensión—. Temo que mi vida vuelva a ser ese ciclo de habitaciones vacías y planes desesperados para sobrevivir un día más. Temo no tener nunca una casa que huela a comida caliente, o alguien que me espere al final del día. Temo morir sin haber sido parte de algo real... sin estar con Valerie a mi lado.




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