Valerie
Me giro hacia Ethan. Él está mirando hacia el balcón del segundo piso. Sigo su mirada y veo a un hombre grande, con una cicatriz que le cruza la mejilla y un encendedor que abre y cierra rítmicamente.
El verdugo nos está mirando.
—Tienes que irte —le digo a Ethan, mi corazón martilleando—. Vete ahora. Yo… yo me encargaré del resto.
—No voy a dejarte así, Val —responde él, acariciando mi mejilla con el pulgar—. Ya no es un acuerdo. Estoy contigo.
Lo miro nuevamente, con ojos tristes y melancólicos. Todo se desmoronó.
Mis amigas me odian.
Las entiendo perfectamente, soy un fraude. Una mentirosa.
—Vámonos de aquí, Valerie —anuncia Ethan, ayudándome a levantarme.
Nos vamos a nuestra habitación, que ha sido la fortaleza de nuestra gran mentira. Allí no puedo evitar soltar un sollozo.
—Me odian, Ethan. Mis mejores amigas me odian —le digo mientras lágrimas se resbalan en mis mejillas.
—No creo que te odien, pero sí están muy dolidas.
—No me van a perdonar.
—Lo harán cuando les expliques todo. Sé que sí.
—No lo sé, Mamut. Olivia me veía con ojos llenos de furia, Jenni estaba muy decepcionada y Hollie estaba que se echaba a llorar como un ovillo. Recordar sus ojos me derrumban.
Sorbo mi nariz.
—Nunca debí mentirles.
Ethan me abraza.
—Ya lo entenderán, debes hablar con ellas con toda la sinceridad.
Meneo mi cabeza negando.
—Ellas no querrán hablar conmigo.
—Tendrán que hacerlo. —Me da un beso en la sien—. Descansa un poco, tantas emociones no son buenas para el bebé ni para ti.
Asiento, tiene razón. También tengo que pensar en él o ella.
Ya habrá el momento de intentar hablar con las Guerreras.
Espero que de verdad me escuchen.
*
Es hora de la cena, debo bajar al restaurante a comer. No puedo seguir ocultándome en esta habitación. Sí, sé que hice mal, pero de alguna manera tengo que arreglar esto.
Por lo que me enfundo en mi abrigo de lana, acomodo mi gorro y arreglo mi bufanda alrededor de mi cuello. Salgo con la dignidad en el suelo, pero con el orgullo en alto. Soy Valerie River, la reina del Excel como me llama Ethan, una mujer que puede con todo. Que planea eventos a gran escala, que lleva su vida planificada, pero que a pesar de todo es humana, una mujer que también comete errores, pero pide perdón cuando es necesario.
Llego al restaurante, por la hora, está lleno. Familias enteras están en las mesas riendo y comiendo, también parejas con un bebé en sus brazos. Todos absortos en sus vidas.
En una de las mesas veo a Hollie y a Mark, quienes me miran, pero luego hacen como si no hubiesen visto. Mi corazón se estruja por ese acto. Quisiera acercarme a su mesa y pedir hablar, pero cuando lo intento, Rodrigo me intercepta de pronto. Doy un paso hacia atrás por el susto.
—Debemos hablar, Valerie.
Suspiro resignada.
—Sí, vamos a afuera.
El ambiente estaba sumamente frío, estaba nevando, pero era insoportable estar con él en un lugar cerrado, por lo que pasar frío mientras hablamos, no me es tan descabellado.
—Mañana vuelves conmigo a Nueva York —dictamina con si tuviera el derecho sobre mí.
—Obviamente yo no iré ni a la esquina contigo, Rodrigo — niego—. Que vengas con esa cara bien lavada de ser el hombre perfecto no va conmigo. Sé muy bien quién eres.
—¿Y quién soy para ti? —pregunta con su mentón en lo alto. Ha saco sus garras nuevamente.
—Un farsante. Un verdadero farsante.
Él se ríe entre dientes.
—Aquí la farsante eres tú, que fingió estar con un tipejo haciéndose pasar por mí. —Mira hacia adentro de la cabaña—. Es que debería de denunciarlo por falsificar mi identidad.
—Deja lo tonto, aquí no tienes ni voz ni voto, Rodrigo Cortés.
—No me tientes, Valerie.
Ahora soy yo quien se ríe.
—¿Qué pasó con tu gran negocio? ¿Tus padres? —inquiero haciéndole señas con mis manos—. ¿Ya nosotros no somos un factor de riesgo para ti?
Él se queda en silencio, pensando qué decir.
—Sé lo que dije... pero soy el padre biológico de ese bebé, Valerie. No puedes cambiar eso.
Me vuelvo a reír en su cara, ahora más fuerte.
—Un extraño puede ser mejor padre que tú con solo mirar a este bebé una vez. —Mis palabras son hirientes. Estoy muy enojada—. Ethan me ha cuidado sin tener ninguna obligación. Él ha escuchado el corazón de mi bebé con más asombro del que tú jamás has mostrado por nada que no sea tu propio reflejo. Vete al infierno, Rodrigo. Si intentas acercarte a nosotros de nuevo, te juro que te demandaré. Y no me quedará nada de la piedad que alguna vez te tuve.