El hermano equivocado

Capítulo 7: Caliope

Me siento fuera de lugar en esta casa enorme y en esta cena elegante. La atención está puesta en mí, y la sensación de exposición no desaparece ni siquiera cuando nadie me habla directamente. Es una incomodidad constante que no logro ignorar.

La casa es una mansión de no sé cuántas habitaciones porque me negué a hacer el recorrido que Amanda sugirió. No tenía energía para fingir interés ni para recorrer un lugar que no me pertenece. Basta con mirar alrededor para notar que tiene varios livings, un baño por habitación, incluso un gimnasio que dudo que usen con frecuencia.

Amanda Carson ha sido amable, quizá demasiado. Su trato es cuidadoso, medido, como si avanzara con cautela conmigo. A ratos parece no saber bien qué decir o cuándo hacerlo, y eso la vuelve más humana de lo que esperaba. No sé si es auténtica o si se esfuerza por serlo, pero hay algo maternal en ella que no parece del todo ensayado.

Su esposo es más distante, similar a su hijo Cassian. Aun así, se muestra correcto y no me ha dirigido una sola mirada incómoda.

Cassian, en cambio, permanece en silencio desde que llegué. Me observa sin disimulo, evaluándome. No es una mirada abierta ni amable; es calculada. Me molesta no poder ignorarla y me incomoda que me afecte.

Hoy fue grosero por teléfono y eso me descolocó. Hasta entonces había parecido atento, alguien dispuesto a ayudar. Luego entendí que su interés no era por mí, sino por el bebé y por George. Todos aquí están pendientes del hijo de George, no de mí. Si no estuviera embarazada, estoy segura de que seguirían con sus vidas sin detenerse a pensar en la mía. Intento no resentirlos por eso, pero no siempre lo consigo.

Aprendí hace mucho que no se puede confiar en las personas, y menos cuando el dinero está de por medio.

George casi no hablaba de su familia. Decía que su padre no aceptaba que él no quisiera involucrarse en la empresa; o era eso, o no contaría con su apoyo. De su madre comentaba que evitaba tomar partido, concentrándose en obras de caridad para no enfrentarse a nadie. De su hermano decía que solo miraba por sí mismo, que seguía cada indicación del padre y que estaba conforme con su partida porque así tendría el control total de la empresa.

No sé qué tan justo era con ellos, pero ahora no puedo evitar preguntarme cuánto de eso era cierto.

—¿Quieres postre? —la voz de Amanda me devuelve al presente—. Pedí que prepararan mousse de chocolate, pastel de frutas y tiramisú sin alcohol. Si no te apetece nada, hay helado.

—No soy delicada con la comida, y menos con los postres, señora Carson.

Ella sonríe, aunque enseguida baja la vista hacia la mesa, acomodando los cubiertos sin necesidad.

—Llámame Amanda. Después de todo, somos familia.

La palabra me provoca una sensación incómoda. No los considero mi familia. Iris es la única familia que tengo, aunque no compartamos sangre. Eso lo sé bien.

Prefiero no decir nada.

—Estoy llena, comí demasiado. Gracias. —respondo con educación.

—Está bien, así debe ser para que el nieto crezca fuerte —dice su padre.

Enderezo un poco la espalda antes de contestar.

—Cuidaré bien de mi bebé. Me aseguraré de llevar una buena alimentación y el descanso necesario durante el embarazo. —miro a Cassian al decirlo, queriendo que quede claro que no soy el problema que parece imaginar—. No soy una madre irresponsable. Mi hijo me importa.

Él aparta la vista. El gesto debería tranquilizarme, pero solo consigue irritarme.

—Es bueno saberlo —interviene su madre—. ¿Cuándo tienes la próxima consulta? Me encantaría acompañarte.

La miro con atención antes de responder.

—Dentro de dos semanas. Mi amiga Iris irá conmigo.

—Yo podría ir —añade, algo apresurada—. No quiero ser invasiva, solo… me gustaría ver a mi nieto, a pesar de que todavía no se distinga mucho.

Hay tanta ilusión en su tono que me resulta difícil negarme y me prometí dejarlos entrar.

—De acuerdo. Le avisaré el día y la hora.

Asiente con entusiasmo y apoya la mano sobre la mía.

—Y deja de tratarme de usted.

Dejo la servilleta sobre la mesa.

—Creo que ya debería irme. Se está haciendo tarde.

—¿Tan pronto? —pregunta—. Podrías quedarte a pasar la noche. Me gustaría saber más de ti, de tu relación con George. Él nunca nos contó mucho.

Bajo la mirada un instante.

—No te ofendas —corrijo—, pero prefiero ir al departamento de mi amiga.

—Está bien, no voy a insistir —responde—, aunque nos gustaría que vivieras aquí. Tendrías más comodidades de las que tenías antes.

Humedezco mis labios.

—Estoy bien donde estoy. Cuando me acomode y la casa se venda, buscaré algo más pequeño para mi hijo y para mí. Prefiero tener mi espacio y mi independencia.

Aprieto su mano con suavidad.

—¿Por qué decidiste vender la casa?

Cassian me observa con más atención de la debida y noto la mandíbula tensa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.