El hermano equivocado

Capítulo 9: Caliope

Mientras espero la cita médica con Iris a mi lado, no puedo evitar sentirme nerviosa. El presentimiento de que algo podría no estar bien con el bebé me aborda de repente, alimentado por el cansancio constante que arrastro a pesar de dormir y comer mejor que nunca. He leído que es normal durante el embarazo, aunque no tengo la seguridad de que corresponda a esta etapa y esa incertidumbre se me queda adherida en mi mente.

Extraño a George y algunas noches me despierto buscándolo de manera automática, con la mano extendida hacia un espacio vacío que ya debería reconocer. Aun así, dentro de todo he estado bien, tan bien que a veces me sorprendo de mí misma.

He leído foros de viudas a quienes les tomó años salir adelante y otras que nunca lo lograron. No digo que vaya a salir con alguien porque es lo último que deseo, pero ya no lloro todos los días y duermo sin sobresaltos.

Ni siquiera he necesitado ayuda profesional para aceptar su muerte, algo que a muchas les resulta imposible, y no sé si eso habla de fortaleza o de una costumbre demasiado arraigada a seguir avanzando sin detenerme.

Iris cree que yo no estaba enamorada de George, que lo amaba y lo deseaba, pero que nunca fue amor profundo, que me dejé conquistar porque era distinto a mi ex y se ocupaba de mí. Yo pienso que después de una vida marcada por el abandono y las pérdidas, mi mente aprendió a activarse en modo supervivencia, a entender que quedarse quieta no es una opción, aunque el miedo por el bebé permanece constante y no estoy segura de soportar otra pérdida.

—No sabía que tu cuñado vendría —murmura mi amiga.

—¿Qué?

Me señala el pasillo y al voltear veo a Amanda acercarse con Cassian a su lado.

El estómago se me contrae.

No lo he visto en toda la semana, desde que me abordó en el bufete con sus disculpas torpes. Y lo último que necesito hoy es tenerlo aquí.

He estado recomponiéndome poco a poco, conforme con volver a ejercer aunque sea desde un escritorio, vivir con Iris ha sido sencillo y no tener a los prestamistas respirándome en la nuca ayuda más de lo que admito, pero eso no significa que quiera verlo. Estoy ansiosa por vender la casa para saldar casi toda la deuda y dejar solo una fracción que para él no representa nada, aunque para mí signifique cerrar definitivamente una etapa.

—Seré amable, pero sabes que no siempre controlo la lengua —me advierte Iris antes de ponerse de pie.

Yo también me levanto y acepto el abrazo de Amanda.

—Disculpa la tardanza, mi esposo se llevó el chofer, el taxi no venía y justo Cassian llegaba, así que aproveché.

—No te preocupes, el doctor todavía no me llamó —respondo—. Hola, Cassian.

Lo saludo por educación, no por interés. Iris ni siquiera se molesta en hacerlo; su lealtad hacia mí siempre ha estado por encima de las etiquetas sociales.

La puerta del consultorio se abre y sale la paciente anterior acompañada de su esposo, quien le murmura algo con una sonrisa.

Una presión incómoda se instala en mi pecho al pensar que George habría estado conmigo en este momento, quizá nervioso, quizá llegando tarde a la cita, pero presente al final. Iris piensa que habría llegado dos horas después o equivocado de día, pero aun así no logro evitar la nostalgia ni una pizca de envidia.

Siento la mirada de Cassian antes de verla.

—Caliope Carson.

—Es ella —dice Amanda, tomando mi mano.

Entro al consultorio acompañada por los tres. Pensé que Cassian se quedaría afuera esperando a su madre, pero entra sin dudar y se queda de pie con los brazos cruzados, ocupando espacio sin invadirlo, atento sin participar, y esa presencia silenciosa me altera bastante.

—Vaya, señora Carson, tiene todo un equipo —comenta el médico tomando asiento—. No es lo habitual, salvo cuando se descubre el género.

—Yo soy la suegra y no pienso perderme nada relacionado con mi nieto.

—Yo soy su hermana y estoy aquí tanto por Cali como por mi sobrino —dice Iris, y me dedica una sonrisa breve.

Le dije que la familia de George parecía interesarse solo por el bebé y ella deja claro que también me apoya a mí, gesto que agradezco más de lo que puedo expresar.

—¿Y el esposo está nervioso? —pregunta el médico desviando la mirada hacia Cassian.

Todas las miradas recaen en él.

—No soy el esposo, soy el cuñado.

El médico abre los ojos y pasea la mirada por el grupo.

—Ah, uno de esos casos.

—¿Qué casos? —pregunto, desconcertada.

—En los que la esposa queda embarazada del cuñado.

—¿Qué? —decimos Cassian y yo al mismo tiempo.

Amanda niega con la cabeza mientras Iris se echa a reír sin ningún tipo de pudor.

—¿Eso pasa de verdad o solo en historias mal escritas?

Le doy un golpe en el brazo que ella ignora.

—No es común, pero sucede —responde el médico, demasiado serio.

—No es uno de esos casos —me apresuro a aclarar—. Él no es el padre de mi bebé.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.