Siento que voy a perder la cabeza porque deseo a la mujer equivocada. No es una confusión pasajera ni una atracción superficial. Es algo que crece cada vez que la veo, cada vez que habla, cada vez que confía en mí sin saber lo que provoca.
Caliope es mi cuñada. Está embarazada. Y, aun así, mientras más tiempo compartimos, más difícil se vuelve mantenerme donde debería estar.
Lo correcto sería mantener distancia. Estar disponible solo si me necesita, sin buscar motivos para verla, sin prolongar conversaciones innecesarias y sin permitir que mi atención se quede en ella más de lo debido. Decirme que puedo controlar esto debería ser suficiente, pero no lo es.
Todo sería más simple si pudiera convencerme de que solo le interesa el dinero o la seguridad, pero no es así, y esa certeza no me deja en paz.
¿Por qué, con tantas mujeres en el mundo, mi interés termina fijado en ella? Su estado no ayuda. Despierta algo en mí que no pedí, una alerta constante, una necesidad de protegerla que no tiene relación con la culpa por haber estado peleado con George antes de su muerte. Esa excusa ya no funciona. Me la repetí demasiadas veces y dejó de sostenerse.
—¿A ti qué te pasa? —pregunta Rick—. Tienes una cara que asusta. ¿Dormiste algo?
Levanto la vista apenas y bebo de mi cerveza sin mirarlo. El sabor es irrelevante.
—Me atrae mi cuñada —respondo—. Y la otra noche estuve a punto de besarla. No lo hice porque ella se apartó. —giro la cabeza hacia él, apoyando el antebrazo en la barra—. Por un segundo olvidé que es la esposa de mi hermano y que está esperando un hijo suyo.
Rick guarda silencio un momento antes de hablar.
—Al fin lo admites. ¿Y cuál sería el problema?
Abro la boca y la cierro. El simple hecho de que lo pregunte me incomoda.
—¿Hablas en serio?
—No le veo nada de malo —dice—. Tu hermano está muerto. El bebé es tu sobrino, pero también lleva tu sangre.
—No puedo creer que digas eso.
Rick pide otra cerveza y se encoge de hombros.
—Bíblicamente, cuando una mujer enviudaba, se casaba con el hermano soltero para que la descendencia quedara dentro de la familia.
Niego con la cabeza, presionando los labios antes de responder.
—Eso solo ocurría si el esposo muerto no dejaba un hijo varón que continuara con su descendencia. En ese caso, el hermano asumía ese rol.
—Para mí es lo mismo —responde—. No ahora, claro. Es muy reciente, pero con el tiempo… si ella siente algo parecido.
—No lo siente —digo sin dudar—. Ella sigue amando a mi hermano. A mí me ve como al tío de su hijo. Un amigo que le da apoyo.
Termino la cerveza de un trago y dejo el vaso sobre la barra.
—Deberías hablar con ella —insiste—. O buscarte otra mujer.
Muevo la cabeza.
—Eso no funciona. No quiero salir con nadie. Ninguna me interesa y no creo en eso de que un clavo saca otro clavo.
—Excepto tu cuñada —dice—. La misma que te llamó la atención desde el primer día.
—No me lo recuerdes.
—Ella estaba interesada en ti. Era evidente. Si le hubieras pedido el número, George no habría tenido oportunidad.
—Tal vez.
—George nunca fue honesto. Deberías decirle por qué se acercó a ella y qué pasó después.
—¿Para qué? —respondo—. A pesar de todo, él se enamoró de ella y ella de él. Decir la verdad no cambiaría nada.
Rick me observa con atención.
—Ella conoce una versión muy cuidada de George.
Exhalo y pido un coñac.
—¿Crees que contarle todo lograría que lo odie o que se decepcione y se interese en mí? No quiero eso. George era un idiota, pero la quería. Era mi hermano y es el padre de mi sobrino. —bebo el trago entero—. No voy a tener una oportunidad destruyendo su imagen.
—Eres mejor persona que yo —dice Rick—. Si George hubiera sido mi hermano, lo habría expuesto sin pensarlo luego de golpearlo.
No dudo de que lo hubiera hecho. Yo también debería haberlo hecho, pero nunca imaginé que terminarían casándose. Pensé que ella vería el lado oscuro de mi hermano o que se cansaría, igual que sus exnovias. No ocurrió.
¿Me arrepiento de haberle dicho a George que me gustaba Caliope? Sí.
¿Me arrepiento de haber permitido que la engañara? También. Aunque terminara enamorado de ella, todo comenzó sobre mentiras.
Sigo bebiendo, ignorando a Rick cuando me pide que pare. Estoy cansado de ser siempre el correcto, el que mantiene el control, el que hace lo que se espera.
Quiero amar a una mujer que me ame y ser feliz. ¿Pido mucho?
—Es mi cuñada —repito en voz alta, con la esperanza de que decirlo muchas veces haga algún efecto.
Me levanto y el mundo decide moverse justo en ese momento. Me quedo quieto un segundo, con una mano apoyada en la mesa, esperando que se acomode.
—Estás ebrio —dice Rick—. Vamos, te ayudo.