El hermano equivocado

Capítulo 15: Caliope

—¿Qué significa, Iris?

—Significa que él recuerda que se conocieron y que le gustas actualmente.

—No, eso es una locura. Yo estaba interesada en él y no hizo nada. Ahora me pregunta por qué no lo elegí. No era una elección.

—Amiga, estoy tan confundida como tú. Deberías hablar con él.

Niego con la cabeza y cambio de posición para ver mejor a Iris del otro lado de la cámara. No necesito que me lo diga para saber por qué insiste, y aun así no quiero escucharlo.

—Sonaba raro, como si estuviera ebrio. Tal vez lo mejor sea hacer de cuenta que nunca me llamó.

—No, Cali. A ti también te atrae, no puedes seguir negándolo por sentirte culpable.

—No sigas por ahí, Iris.

Ella vuelve a negar con la cabeza, paciente, sabiendo que convencerme no es fácil.

—Yo no veo nada de malo que te guste tu cuñado. No estás engañando a George porque eres viuda y Cassian es soltero.

—Primero, Cassian no confía en mí y probablemente la llamada ni era para mí, se confundió, mezcló las cosas. Su familia y él solo están cerca de mí por el bebé; de lo contrario ni estarían en contacto —relamo los labios—. Segundo, estoy embarazada de George.

—Si lo tienes tan definido, ¿por qué estamos teniendo esta conversación?

Guardo silencio. No porque no tenga una respuesta, sino porque decirla implicaría aceptar una duda que no quiero sostener.

—No lo sé.

—En el fondo deseas que él esté interesado en ti.

—No puedo, Iris.

—Entonces olvida lo que dijo por teléfono, cuando lo veas actúa normal y sigue con tu vida. No te enojes, pero tengo que colgar porque tengo que tomar fotos.

—No te preocupes. Igual quedé en ir con mi suegra.

—Si terminas con Cassian, seguirás teniendo la misma suegra.

—¡Callate!

Rí.

—Te veré mañana. Descansa la mente y no estreses que no es bueno para el bebé.

La pantalla queda en negro y me quedo mirando un punto fijo en la pared blanca. Iris tiene razón, si ya tomé una decisión, no debería darle vueltas al asunto. Aun así, no es tan fácil. Una cosa es lidiar con lo que siento cuando estoy segura de que no hay ninguna posibilidad; otra muy distinta es hacerlo cuando aparece una mínima duda, suficiente para alterar recuerdos que creía cerrados.

¿Y si Cassian estuvo interesado en mí aquella vez? ¿Y si no dijo nada porque no estaba seguro de lo que yo sentía o porque no se animó a dar el paso?

Me obligo a levantarme. Tomo las carpetas y el bolso y termino lo que queda de la jornada con la concentración necesaria para no cometer errores. Cuando apago el ordenador recuerdo que quedé en pasar por la casa de Amanda. Dijo que quería que pasemos tiempo juntas y no encontré un motivo real para negarme.

El trayecto se me hace más largo de lo habitual. Repaso mentalmente asuntos del trabajo, cualquier cosa que mantenga mi mente ocupada. No pienso en la llamada ni en Cassian hasta que toco el timbre y él es quien abre la puerta.

Nos quedamos mirándonos un segundo de más, sin saber cómo saludarnos. Él se hace a un lado para dejarme pasar.

—Hola. —le digo.

—Hola, Cali…

Amanda aparece enseguida desde la sala, vestida tan elegante como siempre y con una sonrisa idéntica a la de sus hijos.

—Qué bueno que llegaste —dice—. Pasa, querida.

Cassian cierra la puerta detrás de mí y se queda allí, inmóvil, hasta que su madre vuelve a hablar.

—Esperaré a papá en su despacho.

—¿No quieres tomar algo con nosotras antes?

—Tengo que hacer unas llamadas —contesta—. Voy a estar en el despacho.

Asiente una última vez y se aleja por el pasillo sin mirarme. Me quedo con Amanda y pasamos a la sala. Me ofrece té y comenzamos a hablar de cuestiones prácticas relacionadas con el embarazo, la próxima consulta, recomendaciones que ya conozco, pero que agradezco igual.

Mientras la escucho, noto que su atención no se limita al bebé. Me pregunta cómo me siento, si estoy durmiendo bien y si el trabajo me resulta pesado. Hay interés real en sus palabras, una preocupación que no se siente obligada ni protocolar.

Por un momento, la idea me descoloca. No estoy acostumbrada a que me miren más allá del embarazo desde que George murió, y menos desde esta familia que podría haberse limitado a cumplir con lo mínimo. Esa sensación hace que me relaje apenas, aunque no lo suficiente como para olvidar por completo la incomodidad inicial.

En medio de la conversación, Amanda menciona a George sin darle demasiada importancia.

—Siempre fue reservado —comenta—. A veces pienso que no lo conocimos tanto como creíamos.

No respondo de inmediato. La frase se enlaza con las deudas que me dejó, con la llamada de Cassian, con esa sensación persistente de que hay espacios vacíos que nunca terminé de entender.

Seguimos hablando unos minutos más, pero ya no estoy del todo presente.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.