El héroe de Kian

~23~

Josephine sonrió cuando la madre de Theodore ignoró su mano extendida y, en lugar de eso, la envolvió en un abrazo firme. O bueno, todo lo firme que podía ser teniendo en cuenta que Georgia estaba ubicada entre ambas como un pequeño muro humano.

—Señora Blake, qué gusto conocerla.

—Donatella, cariño —la corrigió con dulzura, separándose apenas para mirarla de arriba abajo con una sonrisa amplia—. Dios mío, Theo no me había contado nada de ti.

Josephine soltó una risa ligera, consciente de que Theodore, a su lado, probablemente estaba evaluando rutas de escape.

—Ah, es que no somos novios —negó con naturalidad—. Acabo de llegar de Brighton con mi hijo y Theo nos invitó a cenar para conocer un poco de Londres.

Donatella la observó con esa mirada aguda que solo las madres desarrollan después de criar hijos durante décadas. La examinó como si buscara rastros de nerviosismo o mentiras. Cuando decidió que Josephine estaba siendo sincera, suspiró con dramatismo.

—¡Qué pena!

—Mamá —masculló Theodore en tono de advertencia—. Ya deja a Josephine en paz.

—Pero es bonita, me gusta para ti —insistió Donatella sin la menor vergüenza.

Josephine no pudo evitar reírse con ganas al ver cómo el rostro de Theodore adquiría un matiz ligeramente pálido. Pobrecillo. Seguramente estaba reconsiderando cada gesto amable que había tenido con ella desde la mudanza.

Antes de que pudiera rescatarlo (o empeorar la situación) Louis alzó la voz desde su silla.

—¡Abuela! Mira, él es Kian. Mi nuevo amigo.

—Mi hijo —agregó Josephine con una sonrisa orgullosa.

Donatella juntó las manos frente al pecho como si acabara de presenciar la escena más adorable del día.

—¡Kian, hola! —exclamó acercándose con entusiasmo—. Me gusta tu nombre, yo soy Donatella…

—Lo siento —murmuró Theodore junto a Josephine, claramente avergonzado por el despliegue familiar.

—Ay no, no te disculpes —le restó importancia ella en voz baja—. Tu mamá es muy linda, súper cálida.

—Porque cree que eres mi novia —susurró él, casi dramático.

—Tienes novia —lo acusó Georgia desde los brazos de Josephine, señalándolo con el dedo.

Theodore la miró con los ojos entornados.

—Tú empezaste esto, diablilla.

Georgia soltó una risita y se aferró con más fuerza al cuello de Josephine, que no pudo evitar reír también. Esa niña era pequeña, pero manejaba el caos con una habilidad sorprendente.

—No pasa nada —insistió Josephine con serenidad—. Somos amigos, ya lo notarán.

Theodore no parecía del todo convencido. Josephine lo miró con una ceja apenas elevada.

—Bueno, tampoco desprecies así la idea —añadió con tono juguetón—. Yo sería muy buena novia. Material para presentar a una familia. Me ofende que estés tan reacio a la idea.

Él soltó una risa, recuperando un poco el color.

—Ese no es el meollo del asunto —se defendió—. No querrás ni ser mi amiga si mi familia se pone intensa con el asunto del noviazgo.

Josephine lo observó con una expresión que, de haber sido traducida en palabras, habría dicho: “Si supieras lo que piensa mi madre, te daría algo”. Pero se limitó a sonreír.

—¿Acaso me ves agobiada?

—No, pero…

—Entonces no se hable más —sentenció con firmeza—. Relájate.

Theodore parpadeó.

—¿Me acabas de regañar?

Josephine levantó ligeramente el mentón.

—Sí.

—Oh, oh —canturreó Georgia, fascinada con el giro de los acontecimientos.

Josephine ya adoraba a esa niña. Tenía una capacidad innata para detectar el drama.

—El tío Theo se porta mal —dijo, mirando a Georgia con solemnidad fingida.

Georgia asintió muy seria.

—Siempre es así.

—¿Pero qué…? —protestó Theodore.

—¿De verdad? —interrumpió Josephine exagerando la sorpresa.

—Sí. Hay que castigarlo —sentenció Georgia, señalándolo con convicción infantil.

—Pequeña tirana traidora —murmuró Theodore.

Josephine tuvo que morderse el labio para no reírse más fuerte.

—Deberías ir a conseguir algo de beber —sugirió entonces—. Algo calentito.

—Sí, ve ahora —ordenó Georgia señalando el pasillo con autoridad absoluta.

Theodore las miró como si acabara de perder el control de su propio linaje. Finalmente suspiró.

—Bien, veré qué les consigo.

—¿A dónde vas, Theo? —lo detuvo Donatella.

—A buscar algo caliente para beber —explicó.

—Sé lindo y trae algo para mí también.

—Claro, mamá.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.