Siena
Salgo del comedor sintiendo mis lágrimas a punto de salir, pero las obligo a quedarse donde mismo, no voy a llorar, no puedo seguir siendo tan débil y recuerdo todo lo que he tenido que pasar sola, las sonrisas que he fingido y los momentos que he hecho que sean perfectos cuando no lo son y quizás cometí un error, quizás debí callarme lo que acabo de decir, quizás debí usar lo de Jon y Sabrina y sacar algún beneficio de eso y es que estoy segura de que cuando ella me lo contó jamás imaginó que yo hablaría, pero ya he callado demasiadas cosas y hay algunas que simplemente te matan por dentro.
—Siena —me detengo cuando escucho su voz y cierro con fuerza mis ojos —Siena tú
—Creí que estarías dándole explicaciones a mi familia —volteo para ver a Damiano que niega con la cabeza mirándome atento, después de todo, acabo de decir que es un hombre casado.
—Tu padre se olvidó de mí cuando hablaste de Jon y Sabrina y ahora mismo discuten fuertemente allá atrás —señala hacia el comedor —debemos hablar Siena.
—No Damiano —rio —no tengo nada que hablar contigo —me doy la vuelta.
—Siena por favor, estoy aquí, vine hasta aquí porque
—¿Eres casado? —cuestiono mirándole de nuevo y aunque ya sé la respuesta y él hace silencio necesito escucharlo de su boca y me acerco a él —Responde maldita sea —golpeo su pecho —¿estás casado con esa mujer?
—Déjame explicarte —son sus palabras que llenan mis ojos de lágrimas y me alejo unos pasos de él —por favor, no es lo que crees —intenta acercarse —ella
—Es tu esposa, lo dejó claro ante mí, por Dios —paso las manos por mi rostro sintiendo un enorme vacío en mi pecho y sí, soy una estúpida que esperaba una negativa de su parte, quería que dijera que no, que la mujer es una ex y que está loca pero
—Siena las cosas no son como tú crees, es mi esposa, sí pero ese matrimonio
—¿Qué dirás? —río mirando sus ojos —¿que está roto? ¿Qué es falso? ¿Acaso no te acuestas con ella? —su silencio me mata y siento asco, después de todo, Damiano es como todos los demás, no es especial como pensé —No sé que pretendías, pero no seré tu amante —soy más que clara señalándolo
—No es lo que piensas
—El que no es como pensé eres tú —lo señalo —pudiste decir la verdad, pero no, ofreces tu ayuda y lo único que querías era acostarte conmigo, felicidades, lo lograste —escupo las palabras cargadas de arrepentimiento y él da un paso hacia mí.
—Siena
—Ahora aléjate de mí —mascullo con odio —no quiero escuchar lo que tengas que decir, no quiero saber nada más sobre ti, no quiero tu ayuda y te quiero lejos de mí —hago una pausa mirando sus ojos —y lejos de mi hijo también —rápido me alejo de él sin darle tiempo a que diga nada porque no, no necesito escuchar más, ya fue suficiente y sí, no quiero que tampoco esté cerca de Lucas aunque eso será más difícil, mi pequeño lo ama, es su amigo, ¿cómo le digo que no puede volver a ver a este? Soy incapaz de romper así su corazón.
—¿De verdad lo harás? —su pregunta detiene mis pasos y claro que me ha seguido —¿Pretendes alejar a Lucas de mí? —lo miro luego de segundos en silencio.
—No vas a usar a mi hijo para
—Siena no me acerqué a Lucas por ti —él da un paso hacia mí —entiendo que estés enfadada, no quieres que te explique nada y ahora mismo me odias, pero si te niegas a mi ayuda solo harás sufrir a Lucas —paso las manos por mi rostro sabiendo de sobra eso pero
—Pudiste decirlo
—Lo sé y lo lamento —su sinceridad ahora no borra el hecho de que ya no confío en él.
—Pudiste decirme que eras casado —me acerco a Damiano —era simple Damiano, hablamos. Hablé sobre mí, por dios pudiste decirlo y no hacerme pasar tal vergüenza —sonrío triste mirándole.
—Siena
—Solo déjame en paz ¿vale? —lo señalo con dolor —ya has tenido lo que querías, me acosté contigo
—Siena no
—Pero no seré tu amante Damiano y no deberías ni siquiera estar aquí, apuesto a que tu esposa te espera y hoy no quiero que expliques nada porque no me interesa absolutamente nada lo que tengas que decir —luego de eso me doy la vuelta y me alejo, una vez que llego a mi habitación me encierro en esta y cierro mis ojos con fuerza manteniéndome pegada a la puerta intentando por todos los medios no volver a derramar una sola lágrima.
Salgo de la habitación de Lucas luego de que este desayunara junto a mí y sí, es una tortura escuchar como habla de Damiano y pide verle aunque peor es que le miento siempre diciéndole que pronto. Me detengo en el pasillo al ver a Sabrina y esta alza una ceja y se acerca a mí.
—¿Qué? —sonríe —¿pensaste que tu padre me echaría de aquí? —aprieto los dientes porque era lo mínimo que pensé que haría —pues no prima, seguiré aquí contigo, soy parte de esta familia.
—¿Crees que me preocupa el hecho de tenerte cerca? —intento sonreír —Sabrina eres alguien que se conforma con sobras, mis sobras —ella aprieta los dientes y parece molesta, luego da un paso hacia mí.
—Pero tu marido me buscó a mí —sonrío, eso sí que suena divertido, ella lo ve como una victoria.
—¿Sabes cuantas veces he rechazado a Jon? —suspiro —si te busca es porque no me tiene a mí.
—¿Te crees muy especial? —cuestiona con odio. —Incluso ayer dijiste que Damiano era casado para hacerme sentir mal.
—Y lo es —veo la rabia en sus ojos —puedes preguntarle y de paso —vuelvo a sonreír —le dices que se aleje de mí y que me deje en paz —el desconcierto en su mirada llena mi pecho de felicidad y entonces bajo rápido las escaleras sin darle tiempo a hablar, sé de sobra lo que le he dado a entender y la verdad solo quería molestarla mucho más.
—Papá —digo al entrar en su despacho y levanta la mirada hacia mí.
—Siena —suspira —al fin apareces —se pone de pie —ayer armaste un escándalo y solo te fuiste —habla enojado.
—Sabrina se acuesta con mi marido —se acerca a mí —¿querías que hiciera silencio como mamá hace siempre que sabe sobre tus amantes? —él tensa su mandíbula cargada de rabia.