Siena
Escucho ruido fuera de la oficina y suspiro sin poder concentrarme en absolutamente nada, días demasiados estresantes y mi mente simplemente está en blanco, bufo al seguir escuchando ruidos fuera y entonces de mala gana me pongo de pie, aún me desconcierta que Jon no me haya seguido hasta acá y haya hecho una escena por lo que le dije en la mañana, bueno quizás ahora prepara los papeles del divorcio y no me quiere ver más y sinceramente sería fantástico que se olvidara de Lucas y de mí para siempre. Al salir de mi oficina me detengo al ver que al frente acomodan muebles y me acerco a esa oficina que no era de nadie en particular, al verlo frunzo el ceño.
—¿Qué haces aquí? —Damiano se gira rápido cuando me escucha y hace que las personas dentro salgan, luego da un paso hacia mí.
—Jon quiere que trabajemos mano a mano así que desde ahora mi oficina está al frente —señala el lugar y ladeo el rostro más que confundida, sin embargo, él solo sonríe y se sienta sobre su escritorio.
—¿Qué?
—Le dijiste a tu esposo que le habías sido infiel —me tenso mirando el brillo de sus ojos —y él sospecha aunque no te creyó —sonríe —pero cree que hay alguien en esta empresa interesado por ti y me pidió a mí que te vigilara —mi boca se abre incrédula.
—Por dios —miro a Damiano como si nunca le hubiera visto.
—Sí, se pasa de idiota —sigue sonriendo.
—¿Aceptaste? —lo miro estupefacta y su sonrisa aumenta.
—Estoy aquí
—Por favor —paso una mano por mi rostro sin poder creerlo y espero aún que diga que todo es una pésima broma.
—Estás cometiendo errores Siena —miro sus ojos cuando habla —aunque quiero gritarle a Jon que estuvimos juntos —siento el rubor cubrir mis mejillas —decirle no sería bueno.
—¿Le temes a los golpes? —Damiano baja de su mesa.
—Me echaría de la empresa y entonces ayudarte sería más difícil si
—Ya te dije que no quiero tu ayuda —espeto con firmeza y él se acerca.
—Hablas sin pensar —y quizás tiene razón —quieres a Lucas y si es así —sostengo su mirada aunque eso llene mi mente de recuerdos —también quieres mi ayuda, pero estás siendo impulsiva —me critica —decir lo de Sabrina y Jon fue un error, pudimos haberlo usado para
—Lo pensé también, pero tampoco hubiera servido de nada —dejo de mirarle cuando ya es imposible sostener su intensa mirada —mi padre adora a su sobrina —hago una mueca —seguirá en la casa, hace lo que ella le pide, está trabajando aquí y sé que se quedará a vivir con nosotros aun sabiendo que estuvo con Jon, es como si mi padre quisiera complacerla en todo aunque no le guste lo que haga —ruedo los ojos.
—¿Has pensado en que quizás la relación de tu padre y Sabrina sea algo más que tío y sobrina? —miro rápido a Damiano alzando una ceja y niego con ganas de vomitar por su comentario.
—¿Qué? No —rio negando aún —Damiano papá es un mujeriego, pero es su sobrina y nunca
—No hablo de eso Siena —me interrumpe mirándome —hablo de una relación más como padre e hija —mi boca se abre para discrepar, pero no sale sonido alguno de ella y mi mente trabaja, sí, por primera vez en el día lo hace, pero los pensamientos ahora que tengo no son nada buenos y recuerdos insignificantes llegan a mi mente.
—Por dios —me doy la vuelta para salir de aquí.
—Siena —Damiano toma mi brazo deteniéndome —no actúes por impulso —miro sus ojos —recuerda que cada cosa que descubramos puede ayudarnos, puede ayudarte, puedes usarlo —habla con calma y miro su mano que sigue ahí sujeta a mí enviando demasiadas sensaciones a mi cuerpo.
—Suéltame Damiano —mascullo mirando ahora sus ojos y su agarre afloja —no vuelvas a tocarme —lo veo tragar en seco y entonces salgo rápido de la oficina, pero recordando sus palabras entro a la mía aguantando las ganas de ir a ver a mi padre.
Tratar de evitar a Jon durante todo el día fue un fastidio aunque peor fue tener en mi cabeza un caos y es que entre más lo pienso menos ridícula me suena la idea de que Sabrina sea hija de mi padre, pero si eso es verdad entonces... paso las manos por mi cabeza cuando el dolor de cabeza aumenta y ni siquiera quiero ir al comedor a cenar, no lo haré porque ver a Sabrina allí junto a mi padre hará que piense y quizás que actúe como dice Damiano que lo hago, de forma impulsiva así que solo salgo de mi habitación y voy a la de Lucas.
—Señorita —la niñera de este se acerca a mí cuando estaba llegando —ahora iba a buscarla, el pequeño no quiere comer —suspiro —lo he intentado todo y
—No te preocupes, estaré con él —ella solo asiente y entonces entro a la habitación sonriendo porque mis problemas siempre los dejo fuera.
—Lucas debes comer —digo al entrar y verlo sentado en su cama con un pequeño superhéroe en sus manos —¿amor por qué no quieres tu comida? —tomo asiento, pero él no me mira —¿Quiere que te haga algo más? —quito un mechón de su cabello de su frente —yo puedo hacerte
—No tengo hambre —masculla y suspiro.
—Mi cielo
—Quiero ver a Damiano —sus grandes ojos me miran y me tenso con sus palabras.
—Lucas —pienso bien mis palabras —Damiano es alguien ocupado y
—No para mí —sonríe —Es mi amigo, y no comeré hasta no verlo.
—No puedes hacer eso —ignorándome me da la espalda y alzo una ceja incrédula —Lucas mírame —me ignora —¿en serio no vas a mirarme? ¿Me vas a ignorar? —bufo —Lucas yo te amo y
—Estoy molesto —refunfuña como si eso ya no lo hubiera notado.
—¿En serio mi pequeño héroe estará enfadado conmigo? —toco su cabello —Lucas, ¿no vas a hablarme?
—Me mientes —lo miro confundida
—¿Qué? No —rio —No te miento, ¿por qué dices que…?
—Hace mucho que no veo a Damiano —él sale de la cama y lo veo buscar algo en una de sus gavetas, luego regresa a mí.
—¿Qué es? —me callo cuando deja en mis manos un pequeño calendario.
—Le vimos ese día —señala ese día que tiene marcado en su calendario y claro que lo recuerdo —estuvimos juntos en el parque —sonríe —pero no hemos ido a verle y son varios días mamá —señala otro día —y aquí me dijiste que le veríamos —un nudo se forma en mi garganta.