Damiano
Lo he intentado, he intentado no pensar en ella, pero ha sido imposible, en sueños me visita y cuando estoy despierto llega a mi mente sacándome una sonrisa, lo mismo pasa con Lucas, aun así, he sido fuerte y he estado cinco días lejos de la empresa luego de decirle a Jon que había tenido que viajar, pero no, he estado aquí recibiendo información y fotos sobre lo que ha hecho Siena, no mucho, ha estado yendo de su casa al trabajo y viceversa, pero no quiero tener que verla, menos hablarle y que me diga que Lucas se encantó al conocer a su padre y que además, ella le dará una oportunidad a este para ser la linda familia que fingen ser, aprieto mis puños por ese pensamiento y niego, espero que Siena no caiga en esa trampa, ella es demasiado inteligente, al menos eso quiero creer.
Miro mi teléfono cuando suena y dando un suspiro agarro este.
—Dime que ya lo firmó —expreso mirando por el balcón.
—Kiara no aceptó el contrato —cierro los ojos —dice que hay cosas en las que no está de acuerdo —rio con eso.
—Le estoy dando dinero y bienes que ni siquiera merece, pero solo para evitar un juicio y que todo se alargue —bufo —haz un contrato con sus condiciones —agrego al abogado.
—¿Estás seguro? Podemos hacerlo de otra manera.
—Sí, pero quiero un divorcio rápido y ella fue mi amiga aunque ahora la idea de ser viudo me está gustando —él ríe —habla con ella, dale todo lo que ella quiere. Si desea una maldita isla se la compras, pero que firme el divorcio.
—Si señor —la llamada se cuelga y justo entonces siento el sonido de la puerta, respiro hondo antes de ir hacia ella sabiendo de sobra de quien se trata y al abrir ella sonríe.
—Te he echado de menos Damiano —Sabrina entra cuando me hago a un lado, pero se detiene justo frente a mí —Cuando Jon me dijo que
—¿Hablas mucho con él? —alza una ceja sin dejar su sonrisa y quizás piensa que son celos y lo son pero no por ella.
—No es lo que crees —se aleja unos pasos —Jon y Siena están en un buen momento ahora —me tenso por completo —has faltado a la empresa, pero Jon lleva el desayuno a Siena todos los días a su oficina y ramos de rosas también —me mira —además, han salido a cenar —ella sonríe —han tenido citas y ayer les vi nadando juntos en la piscina —siento ganas de vomitar y mi cabeza da vueltas unos segundos sin poder sacar esas imágenes de mi cabeza.
—Te invité porque he fallado a nuestras citas —cambio de tema caminando hacia el balcón porque aunque quería que hablara sobre Jon y Siena ahora eso me molesta. —Así que es momento de tener una —señalo la mesa que preparé y ella sonríe mirando esta con vistas a la ciudad —¿qué dices? —Sabrina se acerca más a mí.
—Me encanta que seas romántico —antes de que pueda reaccionar ella me besa y simplemente correspondo porque debo seguir fingiendo que estoy interesado, pero cuando el beso acaba lo agradezco y ella sigue sonriendo como si hubiera ganado un premio, yo solo limpio mi boca cuando ella me da la espalda y al sentarse la veo tomar la copa con vino y llevarla a la boca, sonrío, eso es justo lo que necesito y hacer una prueba de paternidad suya con el padre de Siena será más fácil de lo que yo pensaba.
Cuando la cena acaba una llamada entra a mi teléfono interrumpiendo lo que sea que Sabrina iba a decir y respondo rápido, todo está planeado y hablo alto para que escuche como si hubiese ocurrido algún problema, luego solo le digo que es una emergencia y ella se lo cree así que juntos salimos del apartamento, pero tomamos caminos distintos y en mi auto permanezco minutos sentado pensando en el tiempo que estuve con Sabrina, por dios, ha sido la peor de las torturas.
Camino por el restaurante buscando a los hombres con los que debí cerrar mi negocio ese último día que estuve en la empresa, pero que simplemente me fui por Lucas y lo dejé todo a medias, me puse en contacto con ellos y aceptaron verme nuevamente y aquí estoy, pero cuando la veo a ella también sentada a la mesa riendo con esos dos sujetos me tenso por completo, ¿qué demonios hace Siena aquí? Y lo peor, ¿por qué se ríen tanto?
—¿Llego tarde? —cuestiono y los hombres me miran, el señor Fox se pone de pie sonriendo y su socio también.
—Para nada Damiano —lo saludo con formalidad —pero estuvimos por la empresa antes de venir y Jon envió a Siena a acompañarnos para que entre los cuatro llegáramos a un acuerdo —aprieto mis dientes y tomo asiento, Siena me mira.
—Pero no hacía falta —digo y espero que mi mala forma no sea vista y el hombre solo ríe sentándose.
—Luego de que nos dejaras plantados hace cinco días iba a volver a mi país —comenta como si nada —pero la bella dama me ha hecho cambiar de parecer —su mirada va a Siena y esta sonríe, una mirada de un hombre, una mirada intensa de alguien con ganas y aprieto los puños.
—En realidad solo le he mostrado con más claridad tu proyecto Damiano —dice ella con modestia, pero el hombre sigue.
—Es encantadora —la señala sonriendo comiéndosela con la mirada —toda una joya y me ha convencido de firmar —su mirada entonces viene a mí y me muevo incómodo en mi asiento.
—Aprecio mucho ese interés —mascullo las palabras —y aprecio que esté aquí luego de nuestra fallida primera reunión —él asiente —y también agradezco que haya viajado hasta acá señor Fox y que nuestro proyecto sea de su interés, pero —hago una pausa —ya no nos interesa hacer negocios con usted —la cabeza de Siena se mueve tan rápido para mirarme que sé que quedará con dolor en el cuello y el hombre abre su boca sin poder creerlo, pero está loco si cree que firmaremos algo para que pueda estar en la empresa, cerca de ella.
—Damiano viajé desde mi país —gruñe —acepté verte luego de tu desplante y
—Lo lamento y me disculpo, pero ya tengo en vista otros contratos —su rostro se contrae y con un golpe seco en la mesa se pone de pie furioso, luego me señala y ese ya es su segundo error en la noche.