OUT AL CORAZÓN
Después de tener estos pequeños horribles 6 meses en la universidad, decidí distraerme mejor con algo más como el gimnasio, de cierta forma puedo lograr más cosas y acortar el tiempo del día en el que escuchó ruidos en la casa, se los juro que si no es porque no consumo nada malo, diría que estoy loco, pero simplemente no le encuentro sentido a todos los ruidos que estoy escuchando.
Ya en el gimnasio, vi que no era tan absurdo como lo pensaba, solo tenía que buscar una motivación, una meta física o incluso también lograr mejorar el estado físico para el torneo de basquetbol de la universidad. El primer día como en cualquier otra cosa es el más cansado, sinceramente si las cosas no siguen mejorando me saldré de la universidad o quizás cambie todo a un diplomado, es menos tiempo y quizás ahora si pueda hacer el diplomado de reacondicionamiento físico, sé que es algo totalmente diferente a psicología
pero me siento capaz de eso.
A la mañana siguiente estaba haciendo los trámites en la universidad para que cancelaran mi perfil y mejor entrara a rehabilitación física, al parecer iban a tardar unos cuantos días, pero sí podía alcanzar este mismo ciclo que los que ya estaban en él, lo único que me importaba era que me dejaran seguir usando las instalaciones de la universidad, ya que siempre que llego temprano me pongo a entrenar basquetbol o robar café de la sala de maestros, pero eso es lo de menos importancia en este momento.
Mientras iba al gimnasio, pase a una cafetería diferente, un poco más cerca de mi casa y de la uni, tomando en cuenta que el gimnasio estaba entre medio de esos dos, la cafetería cerca me quedaba como anillo al dedo, sinceramente lo que hacía especial la otra cafetería era que estuviera cerca del museo de las artes, pero cambiar un poco más de aires nunca está de más. Cuando llegue a la cafetería reconocí ese olor a café característico, como si estuviera lo suficientemente tostado y por alguna razón un poco más amarga de lo normal, cuando voltee a buscar por encima de todas las personas ese olor único para mí, me di cuenta de que era aquella chica de la que ni siquiera sabía su nombre, era como estar persiguiendo lo desconocido en el mundo, sabía cómo vestía, su café favorito e incluso su forma de reír, pero no sabía su nombre, a veces me siento como un perro persiguiendo un hueso que ni siquiera ha sido lanzado. Me acerco con ella lentamente para sorprenderla, toque tu espalda de manera suave y dio un pequeño brinco, creo que no fue de mis mejores
opciones para encontrarme con alguien que ni siquiera se podría acordar de mi nombre.
- Veo que sigues sin saber modales, Zequi - me contestó con una sonrisa
ligera en su rostro.
-¿Desde cuándo es un delito no poder saludar a las personas bonitas? - sí, no pude haberlo hecho peor en nuestro encuentro, aunque ya era tarde tratar de arreglar mi error.
- Con que soy bonita, entonces eh - Veía su sonrisa saliendo de esa boca tan perfecta, como si fuera su forma de conquistarme.
- Veo que sigues teniendo la misma facilidad para dejarme sin palabras - Llegó un momento en el que ni siquiera podía dejar de sonreírle, la odio es como si fuera mi debilidad.
- Tengo que irme, otro día hablamos Zequi - Se despidió cuando era lo único que no quería que sucediera en el mundo.
Cuando ella se fue, sentí como si me hubieran quitado la sonrisa que no había podido dejar de tener desde que la había vuelto a ver, se los juro que si viniera más preparado podría pedirle su número o tan siquiera que me dijera cada cuando pasa por donde yo suelo pasar para no estar sonriendo como tono cada que la vuelvo a ver.
De camino al gimnasio encontré un nuevo spot, era una especie de alberca olímpica abandonada, con sus trampolines gigantescos hasta arriba, la alberca afortunadamente estaba vacía sin agua ¿Se imaginan a qué olería si estuviera toda llena de cosas? Definitivamente, horrible. Cuando entre a ver parecía ser el único lugar abandonado que no había tenido contacto con nadie, ni siquiera con los vagabundos, y eso ya es mucho qué decir. Había varios cuartos, creo que era donde se cambiaban los atletas o donde entrenaban, pero lo que quería hacer desde que entré era subirme hasta los trampolines, sentir esa adrenalina de estar en la punta más alta de cualquier lugar y estar en silencio, sin ninguna voz que pueda distraerme de lo que estoy sintiendo o viviendo en este caso.
Cuando subía las escaleras, era algo casi único, como si estuviera escalando una enorme montaña, la montaña más grande que se puedan imaginar, en ese mismo momento se siente la brisa de todo el aire del mundo entre tus pies y manos, sintiendo como está en la decisión de tus manos el dejar de sentir miedo, dejar de vivir o simplemente subir hasta donde los demás no se imaginan o pueden. Me senté justo en la orilla de la plataforma de salto, viendo entre mis pies columpiarse lo lejos que estaba del piso, como si fuera así de fácil separarme de todos mis problemas y de las personas. Sin duda sería de los lugares más bonitos, pero tétricos que le podría mostrar a alguien en un futuro.
Cuando salí de ese lugar me volví a sentir estresado, cargado de problemas, sintiendo que era igual a cualquier otra persona de las que había ahí. Lo más irónico del caso es que había salido de un lugar del cual no había señales de vida, para entrar a otro como lo es el gimnasio y sentirme igual o incluso menos de los que estaban en ese lugar.