El hombre que regresó a mí

Capítulo 4 “Lo que no debió volver”

Luna no tocó el sobre de inmediato.

Lo miró.

Como si mirarlo demasiado pudiera hacerlo cambiar de forma…

o desaparecer.

Su nombre estaba escrito a mano.

Esa escritura.

Demasiado familiar.

Demasiado imposible de olvidar.

Porque hay cosas que no se aprenden.

Se reconocen.

Se sienten antes de entenderse.

Se sentó lentamente.

El corazón todavía no había vuelto a su ritmo normal.

Y el silencio de la casa ahora era distinto.

Más pesado.

Como si el aire hubiera cambiado desde que André estuvo ahí.

Como si algo de él se hubiera quedado atrapado entre las paredes.

Finalmente, tomó el sobre.

Sus manos dudaron un segundo antes de abrirlo.

No porque no quisiera saber.

Sino porque había partes de ella que ya intuían la respuesta…

y temían tener razón.

Cuando lo abrió, el aire cambió.

Una sola hoja.

Sin fecha.

Sin explicación.

Solo palabras.

“Si estás leyendo esto, es porque no tuve el valor de decírtelo en persona otra vez.”

Luna cerró los ojos un segundo.

Otra vez.

Siempre “otra vez”.

Como si la vida nunca avanzara… solo regresara a ese punto donde todo empezó a doler.

“No me fui porque dejé de quererte.”

Su respiración se cortó.

El corazón le dio un golpe seco en el pecho.

Eso no era lo que esperaba.

Nunca lo fue.

“Me fui porque si me quedaba, te iba a arrastrar conmigo a algo de lo que no ibas a poder salir.”

Luna apretó el papel con fuerza.

Como si pudiera detener las palabras.

Como si pudiera detener lo que estaban haciendo dentro de ella.

—Siempre decides por mí… —susurró.

Pero su voz no tenía fuerza.

Tenía grietas.

El papel tembló ligeramente entre sus manos.

Y de pronto ya no estaba en la sala.

Estaba allí.

En ese pasado que nunca terminó de cerrarse.

Una noche.

Luces bajas.

Una discusión contenida.

Él demasiado serio.

Ella pidiéndole que no se fuera.

No otra vez.

No así.

—Dime la verdad —había dicho ella—. Aunque duela.

Y él no la dijo.

Solo la miró como si decirla fuera destruir algo que aún intentaban salvar.

Luna abrió los ojos de golpe.

El recuerdo la atravesó como una herida que no cicatrizó bien.

No era nostalgia.

Era dolor sin resolver.

Volvió al papel.

Seguía ahí.

Esperándola.

Como si supiera que ella no iba a soltarlo todavía.

Más abajo había otra frase.

Más corta.

Más peligrosa.

“Si vuelvo a aparecer en tu vida, no es porque quiera desordenarla… es porque alguien más ya empezó a hacerlo.”

Luna sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Esta vez no era amor.

No era pasado.

No era él.

Era algo distinto.

Algo que no encajaba.

Se levantó de inmediato.

La silla rozó el suelo con un sonido seco.

El sobre cayó sobre la mesa.

Pero ella ya no lo miraba.

Por primera vez desde que André volvió…

Luna sintió miedo real.

No por él.

Sino por lo que él estaba intentando evitarle.

El celular vibró.

Una vez.

Luego otra.

No lo tomó de inmediato.

Porque en el fondo… ya sabía.

Cuando lo miró, la pantalla estaba encendida.

Un solo mensaje.

Sin número visible.

“Ya leíste la carta.”

Luna retrocedió un paso.

El aire se le quedó atrapado en la garganta.

—No… —susurró—. Esto no…

El celular vibró otra vez.

“No confíes en lo que recuerdas.”

El corazón le golpeó fuerte.

Pero no era solo miedo.

Era confusión.

Era ruptura.

Era la sensación de que algo dentro de ella ya no estaba alineado con su propia memoria.

Luna miró la puerta.

Como si esperara que alguien entrara otra vez.

Pero esta vez no era André.

Y entonces lo entendió.

El problema nunca fue que él regresara.

El problema era…

por qué su regreso no debía haber ocurrido.

Se quedó en silencio.

La carta sobre la mesa.

El teléfono vibrando.

El pasado respirando dentro de su casa.

Y por primera vez en cinco años…

Luna no supo qué era verdad.

Ni en él.

Ni en ella.

Ni en lo que había vivido.




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