El hombre que regresó a mí

Capítulo 8 “Lo que no debió sentirse así”

El silencio después de la vibración del teléfono no fue tranquilidad.

Fue suspensión.

Como si el mundo hubiera dejado de insistir… solo para obligarlos a escucharse.

Luna seguía sin apartarse.

Y eso era lo más peligroso.

No porque no pudiera hacerlo…
sino porque una parte de ella ya no quería.

André estaba demasiado cerca.

No la tocaba.

Pero su presencia llenaba el espacio como si el aire tuviera memoria de él.

No deberías seguir aquí —repitió ella, pero esta vez su voz no tenía la misma firmeza.

André la miró.

Y en sus ojos no había juego.

Ni distancia.

Solo una tensión contenida demasiado tiempo.

—Ya no hay un lugar donde no estés tú —dijo él.

Luna sintió que el pecho se le apretaba.

No era una frase romántica ligera.

Era algo más oscuro.

Más profundo.

Más peligroso.

Porque no sonaba a promesa…

sonaba a hecho.

El celular volvió a vibrar.

Pero ninguno se movió.

Como si romper ese momento fuera más difícil que enfrentarlo.

Luna bajó la mirada apenas un segundo.

Esto no está bien… —susurró.

André dio un paso más cerca.

Ahora sí.

El límite invisible entre ambos desapareció casi por completo.

No es “bien” o “mal”, Luna —dijo él en voz baja—. Es inevitable.

Esa palabra le atravesó algo.

Inevitable.

Como si todo lo que habían intentado evitar… ya hubiera ocurrido en otro nivel.

Luna levantó la mirada.

Y por primera vez no había rabia.

Había una mezcla peligrosa de emociones que no quería nombrar.

Tú te fuiste —dijo ella.

Sí.

—Sin explicarme.

—Sí.

Silencio.

Más pesado esta vez.

Más honesto.

Entonces no tienes derecho a volver así —susurró ella.

André la miró un instante largo.

Y luego respondió sin apartar la vista:

—Nunca dejé de volver.

El aire se quedó quieto.

Luna sintió un estremecimiento lento.

No por lo que decía.

Sino por lo que implicaba.

—Eso no tiene sentido… —intentó decir, pero su voz se perdió a mitad.

Porque sí lo tenía.

En algún lugar dentro de ella… lo tenía.

El celular vibró otra vez.

Esta vez más insistente.

Luna lo tomó sin pensar.

Mensaje nuevo.

Él siempre regresa cuando es demasiado tarde.

Su respiración se cortó.

—¿Qué significa eso…? —susurró.

André lo leyó por encima de su hombro.

Y esta vez su expresión cambió.

No fue sorpresa.

Fue reconocimiento.

No es una amenaza nueva —dijo él.

Luna giró hacia él de inmediato.

—¿Cómo que no es nueva?

Silencio.

André bajó la mirada un segundo.

Y cuando volvió a hablar, su voz fue más baja.

Más contenida.

Porque ya lo hizo antes.

El corazón de Luna dio un golpe seco.

—¿Antes de qué?

André no respondió de inmediato.

Y ese segundo fue suficiente para abrir algo dentro de ella.

No un recuerdo claro.

Sino una sensación.

Oscura.

Incompleta.

Una noche.

Luces frías.

Una discusión.

Y una promesa rota.

Luna llevó una mano a su frente.

No… —susurró—. No estoy recordando esto…

André dio un paso hacia ella, pero no la tocó.

Solo bajó la voz.

No estás recordando todo.

El celular vibró otra vez.

Pero esta vez Luna no lo miró.

Estaba demasiado ocupada intentando sostenerse dentro de sí misma.

—Dime la verdad —dijo ella, más firme—. Toda.

Silencio.

André la miró.

Y por primera vez desde que todo empezó…

no intentó protegerla con omisiones.

Esa noche que no recuerdas completa… no fue solo una discusión.

El aire cambió.

Luna sintió el estómago cerrarse.

—¿Qué pasó?

André sostuvo su mirada.

Y lo que dijo no fue alto.

Pero fue definitivo.

Alguien estuvo ahí contigo antes que yo.

El mundo se detuvo.

No por miedo.

Por desajuste.

Como si algo dentro de la memoria de Luna acabara de moverse fuera de lugar.

No… —susurró—. Yo no…

Pero su voz ya no era segura.

Porque el cuerpo sí recuerda… incluso cuando la mente duda.

André dio un paso más cerca.

Ahora estaban demasiado cerca.

Demasiado expuestos.

Demasiado reales.

Por eso me fui —dijo él—. No para alejarme de ti… sino para sacarte de ahí.

Luna lo miró.

Y por primera vez no supo si quería odiarlo o acercarse más.

Eso la asustó.

Más que cualquier mensaje.

Más que cualquier amenaza.

Me estás diciendo que mi vida no era como la recuerdo… —susurró.

André no respondió de inmediato.

Y eso fue la respuesta más honesta.

El celular vibró otra vez.

Pero esta vez ninguno lo atendió.

Porque el verdadero peligro ya no estaba en la pantalla.

Estaba entre ellos.

En esa distancia mínima.

En esa tensión que no terminaba de ser amor…




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