Luna no apartó la mirada.
Pero ya no lo estaba viendo igual.
El mensaje seguía en su mano.
Las palabras aún flotaban entre ellos.
“Si recuerdas todo… ya no vas a querer que él se quede.”
Levantó lentamente los ojos hacia André.
—¿Hay algo que no me estás diciendo?
Su voz no fue débil.
Fue directa.
Eso cambió el ambiente.
André sostuvo su mirada, pero esta vez no respondió de inmediato.
Y ese segundo… fue suficiente.
—Respóndeme —insistió ella.
Él dio un paso hacia ella.
Lento.
Como si cada movimiento tuviera peso.
—No todo es como crees —dijo.
Luna soltó una pequeña risa sin humor.
—Esa es la respuesta más peligrosa que puedes dar.
Silencio.
Pero ya no era el mismo.
Ahora tenía filo.
—Estabas ahí —continuó ella—. Me encontraste. Me sacaste de ese lugar…
pero nunca me dijiste todo.
André apretó la mandíbula.
—Porque no era solo lo que pasó esa noche.
Eso la descolocó.
—¿Entonces qué más hay?
Él no respondió.
Pero no apartó la mirada.
Y en ese silencio… Luna entendió algo peor:
No era que no quisiera hablar.
Era que no sabía cómo hacerlo sin romperlo todo.
—Dímelo ahora —susurró ella—. Antes de que alguien más lo haga.
El celular vibró.
Fuerte.
Insistente.
Pero ninguno lo miró.
Ya no hacía falta.
El verdadero conflicto estaba ahí.
Entre ellos.
André dio otro paso.
Ahora la distancia era mínima.
Demasiado.
Luna sintió su respiración.
Y algo dentro de ella reaccionó.
No miedo.
No completamente.
Algo más confuso.
Más profundo.
—Si te lo digo —murmuró él—, no hay forma de volver atrás.
El corazón de Luna se aceleró.
—Creo que ya no la hay.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Y entonces André levantó la mano.
No la tocó.
Pero estuvo cerca.
Demasiado cerca.
Luna no se movió.
Y eso lo cambió todo.
Porque esta vez…
no estaba huyendo.
—Luna… —su voz bajó aún más—. Tú confiaste en mí… incluso después de todo.
Ella tragó saliva.
—Porque sentía que debía hacerlo.
—No —dijo él—. Porque no recuerdas todo.
El aire se tensó.
Pero esta vez no se rompió.
Se quedó ahí.
Sostenido.
Entre respiraciones.
Entre miradas.
Entre algo que ninguno de los dos estaba nombrando.
El celular vibró otra vez.
Más fuerte.
Más urgente.
Pero Luna no lo miró.
Porque por primera vez…
lo que estaba pasando entre ellos era más difícil de ignorar que cualquier mensaje.
—Dímelo —susurró ella.
André la miró.
Y por un segundo…
pareció rendirse.
Su mano se movió apenas.
Rozando el aire entre ambos.
Y Luna sintió el impulso de no apartarse.
De quedarse.
De cruzar ese límite.
Pero algo la detuvo.
No miedo.
Algo más.
Una duda que no terminaba de desaparecer.
—No… así no —dijo en voz baja.
André se detuvo.
—¿Así cómo?
Luna dio un pequeño paso atrás.
Solo uno.
Pero suficiente.
—No cuando no sé si puedo confiar en todo lo que viene de ti.
Silencio.
Y esta vez…
fue André quien lo sintió.
El celular vibró de nuevo.
Luna lo miró.
Dudó.
Y finalmente lo abrió.
Mensaje nuevo.
“Pregúntale qué hiciste después de que él llegó.”
Su respiración se cortó.
Levantó la mirada lentamente.
—¿Qué hice… después de que llegaste?
El rostro de André cambió.
Y esa reacción…
fue la respuesta más clara hasta ahora.
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