El Lago

Capítulo 2

—Vamos al recital —apretó con una ligera fuerza el brazo de su amiga— di que sí y te consigo el número del rubio ese.

Elina dejo de caminar para mirar a su amiga.

—Acordamos no hablar de él.

—Pero si es obvio que te gusta —comenzó a arrastrar a su amiga hacia la entrada de la cafetería—. No se ve mala persona y hasta guapo esta.

La cafetería se encontraba vacía, algo muy común para estas fechas. Como era época de vacaciones muchos decidieron irse fuera, por ende, había mucho menos locales abiertos, menos personas caminando por las calles, al gusto de Elina era su mes favorito del año.

—Sabes que no puedo ir a ese recital.

—¿Es por el dinero?

El dueño, Zake, miro atentamente los movimientos de los muchachos que habían entrado detrás de las chicas.

—¿En qué les ayudo caballeros?

Al darse vuelta ambas se quedaron calladas, frente a ellas había dos hombres muy altos. Uno iba vestido con jean y remera corta de color negro, el otro iba con zapatos y camisa de color rosa, pantalón de vestir amarillo y una gorra verde con unas palabras en rosa brillante que decía “bad boy”.

El que se encontraba vestido totalmente de negro paso directamente a sentarse en la mesa del fondo, en cambio su acompañante sonrió e hizo una reverencia hacia los allí presente.

—Primero se encuentran las damas.

Acercándose a Zake, Olia, le susurro.

—Dime ya y le rompo una silla.

—No rompas mis muebles —Zake le miro con los ojos entrecerrados a Olia y luego al individuo que estaba mirándolos con una sonrisa.

—Tranquilo —levanto las manos y dio dos pasos atrás— solo quiero un café al igual que mi amigo.

El aire se volvió pesado, las chicas sintieron una ventisca de frio y tuvieron un mal presentimiento.

Esto no estaba bien.

—Pidan lo que van a tomar —sacándose la gorra dejo al descubierto la totalidad de su rostro— a mi terroncito de azúcar le molesta esperar —le guiño el ojo a Olia y le sonrió de costado—. No le quieren ver enojado.

Tragando saliva Elina se apresuró a pedir por ambas y fueron a sentarse a la mesa más cercana de la salida. En caso de que pasase algo malo podrían escapar y llamar a la policía lo más pronto posible.

Ella no era de juzgar las primeras apariencias, pero el tatuaje del ojo sangrando en la frente no daba buenas espinas. Es mejor prevenir.

—¿Llamamos a la policía?

Le dio un sorbo a su café amargo y miró a los desconocidos.

El de negro estaba tomando mientras que el del tatuaje hablaba y gesticulaba con las manos. Parecía aburrido de escuchar a su compañero, solo se limitaba a beber y mirar la mesa.

—Nunca los vi por aquí.

—Yo tampoco —Olia comió un pedazo de pastel y mordió su labio inferior—. Que rico.

—¿El pastel o —se acercó a su amiga y le susurro— los chicos esos?

—El de negro, el rubio tatuado es todo tuyo —le ofrece un bocado y Elina acepta—. Así te gustan ¿No?

—Así de rubio, si—volvió a mirar hacia la mesa del fondo y vaya sorpresa el de negro le está mirando, sin apartar la mirada alzo su taza de café hacia ella—. Pero no con antecedentes penales y muchos menos con tatuajes en la cara.

—A eso se le llama juzgar y también discriminar.

—¿La que quería llamar a la policía?

—Yo sí puedo ser así —se acomoda el pelo sobre el hombro— mi estatus social me lo permite.

El ruido de la taza haciéndose añicos perturbo el silencio de la cafetería. Los hombres de la mesa se miraban como si quisieran matarse, Zake se encontraba estirando su mano hacia debajo del mostrador en donde guardaba su bate de beisbol y Olia disimuladamente desbloqueaba el celular y abría el teclado de llamadas.

De un momento a otro, el de la gorra movió su cabeza hacia atrás debido al puñetazo en toda la cara que le dio su compañero.

—Mejor llamo a la policía.

(...)

—Voy caliente, terroncito.

—¿Y si te callas un poco?

Haciendo un mohín dejó las tasas sobre la mesa y le agarró la mano.

—Nuestra relación no funcionara si me tratas así.

—Nos dijeron que tenemos que llevarnos mejor —le da un manotazo y toma su taza—, no que nos debamos casar.

—Sería una buena esposa.

Sonriendo comenzó a beber su café y observar detenidamente a las mujeres de la otra mesa. Aun no entendía porque lo habían mandado, no había necesidad de que se encargasen de aquella mujer, no parecía peligrosa. Cualquier grado inferior podría haberlo hecho.

Le habían dado la orden de llevarla, pero no le dijeron que tenían que hacer con la persona que le acompañaba. Matarla era una buena opción.

—¿Qué hacemos con la chica?

—¿La matamos? —chasqueo los dedos— la llevamos y jugamos a cazarla —empezó a golpear la mesa con las yemas de sus dedos— no, tengo una mejor...

A media charla dejó de prestarle atención y centró su mirada en la acompañante de la presa. Los ojos de ella se posaron en él y por un momento se planteó la idea de simplemente dejarle inconsciente en algún callejón, pero llevaba tanto tiempo sin jugar con un humano que rápidamente desecho esa tonta idea de dejarla viva.

Lo que más disfrutaba era verlos llorar mientras le pedían por favor que parase de torturarlos y él como buen samaritano les dejaba salir, pero cuando comenzaban a correr, les perseguía arrastrando el hacha.

—¿Me estas escuchando?

—Si la secuestramos —deja la taza a un lado— yo me la llevo.

—¿Por qué? ¿Se parece a Annie?

En un acto reflejo tiró la taza para no golpear a su amigo. Ya habian pasado por esto anteriormente y no había terminado bien, ninguno de los dos.

—No hables de ella.

—¿Por qué? —se cruzó de brazos— Si vos la mataste.

El puño le comenzó a doler y al ver la cabeza de Ian ir hacia atrás comprendió que era a causa de la cara dura de su amigo.

—Hijo de puta.

Comenzó una pelea de puños entre los amigos en donde los dos sabían perfectamente sus puntos débiles y con esto en mente comenzaron a golpearse con la intención de dejar inconsciente al otro.



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En el texto hay: romance, amor, ficcion

Editado: 22.06.2026

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