Gael, el único en reconocerlo, empezó a sudar. La mirada del Maestro iba de uno al otro mientras negaba con la cabeza y por su mente cruzó aquel día en donde vio a su compañero ponerse fecha de fallecimiento.
—A ti te conozco poco —dio unas palmadas en la mejilla de Ian y le apartó el cabello del rostro para poder ver mejor el ojo que tenía en la frente—, pero he escuchado mucho sobre tu maldición y linaje.
Con la mirada triste se dirigió a Gael, le acaricio la mejilla con el dorso de los dedos y le sonrió. Era una sonrisa de tristeza, sabía que Gael no se perdonaba por lo sucedido en aquel fatídico día. Aunque no haya sido su culpa, cargaba con esa cruz desde entonces.
—Aún sigues siendo un niño.
La barrera invisible que los tenía aprisionado fue desapareciendo de a poco, las sirenas de la policía comenzaron a sonar y aunque no estaban cerca, el oído de Zake los reconoció. Aun tenían algunos minutos antes de que lleguen los oficiales.
—¿De dónde se conocen? —la mirada de Ian fue de Gael a Zake— ¿y como hiciste eso?
—Cuando se nace Larnos tienes ciertas habilidades —le pasa un pañuelo descartable—aún te sangra.
—Pensé que los Larnos estaban a lado del Rey.
—No todos —tomó del brazo a Gael y lo atrajo hacia su cuerpo, dándole un abrazo le susurró—, me alegra verte.
Algo en el interior de Gael se quebró.
Años había pasado desde aquel suceso en donde sintió el mismo dolor que el maestro, ambos lloraron, a ambos se les cayó un velo de oscuridad frente a sus ojos.
Con las manos temblando abrazó a su maestro y comenzó a llorar. Eran lágrimas de felicidad por volverlo a ver, pero también lo eran de tristeza y culpa. No solo por lo sucedido en el pasado sino también por no haberlo podido reconocer, por haber pensado que lo mataría allí mismo.
Por más que sea el más letal de la guardia, Zake jamás lastimaría sin razón a sus alumnos, y menos al que crio como si fuera su hijo.
—La policía está por venir, necesito que se vayan —besa la frente de Gael y le sonríe a Ian—. Si tocan a Olia los mato —mira a su niño Gael—, bueno a vos no —deja de sonreír a la vez que señala a Ian—, pero a ti sí.
—Maestro, yo necesito...
Zake le corta el habla y comienza a caminar hacia la puesta de salida.
—No hace falta pedir disculpas —le señala la salida— tú también sufriste como yo —ambos chicos comienzan a caminar al escuchar las sirenas cerca—. Al final de día no somos tan distintos.
(...)
Rendido ante los recuerdos del pasado caminó a paso cansado hacia el altar de su esposa. Prendiendo un sahumerio, se arrodilló y comenzó a llorar.
Ya serian casi diez años de haber perdido a su amada y su hijo. Ese día cambio todo en él, ya no había motivos para seguir allí. Todo lo que veía, tocaba, olía, le hacía recordar a ellos. Con el propósito de dejar el dolor detrás decidió irse, aunque eso le costara verlo crecer.
Ya estaría cerca de los veinte años su pequeño o en eso él confiaba, al marcharse decidió no saber nada sobre él ni su entrenamiento.
—Se está volviendo difícil.
Levantándose del suelo caminó hacia su barra flotante y tomo a su viejo compañero, un glenfiddich 12.
—Si pudiera volver el tiempo atrás...
—¿Qué harías?
Un hombre entró a la habitación y le saco la botella, para acto seguido darle un sorbo.
—¿No se supone que traen dosificador?
—Pierdo la paciencia.
—No me lo recuerdes.
En silencio comenzaron a beber mientras miraban hacia la calle vacía.
—¿A que viniste?
—Se está por celebrar la ceremonia del Rito.
—¿Y eso me importa porque...?
—Markoz lo hará.
—Sabía que lo mantendrías vivo.
Una sonrisa se dibujó en el rostro del maestro Zake, confiaba en que Gunnar lo entrenaría bien. Después de todo, fue uno de sus alumnos y Zake no entrenaba a débiles.
—¿Vas a volver?
—Aún no, tengo algo que hacer de este lado —pasó un brazo sobre los hombros de su alumno— ¿Se parece a mí?
—En todo —miró a su maestro— ¿Que es más importante que estar en el Rito de tu hijo?
—Me cuesta decirlo, pero hay algo más importante que mi hijo y es mi deber protegerla.
—¿Quien?
—Una muchacha que solo me pone de malas y me recuerda de lo agradecido que estoy con la vida por haberme dado un varón.
La mirada confusa de Gunnar provoco una risa de Zake.
—¿Humana?
—Casi.
—¿El Rey lo sabe?
—No es de su incumbencia y tuya tampoco.
Gunnar dejo de preguntar al notar el cambio de voz. Por más que pasaran los años, ese hombre podría matarlo aquí y ahora.
—Tengo miedo —se soltó del abrazo y se recostó sobre la pared cerrando los ojos—, confió en ellos, pero aun así me asusta.
—Yo también sufrí cuando hiciste el Rito —abrió la ventana para sentir la brisa fría—. Temia que el entrenamiento que te proporcione no fuera el suficiente como para hacerte sobrevivir a esa maldita prueba.
—¿Como superas la pérdida de un alumno?
—No se supera, se aprende a vivir con ella.
—Soy mal profesor entonces —de camino a la puerta le da una palmada a Zake—, no se vivir con este dolor. Estoy a un paso de apretar el gatillo.
—No te entrené para que tomes el camino fácil.
—Y a ti no te entrenaron para escapar de tus obligaciones como guardia del Rey.
—¿Para eso viniste?
—En parte —miró durante unos largos segundo el rostro cansado de Zake—, su majestad solicita tu presencia con urgencia —cerró la puerta detrás de él y susurro sabiendo que Zake podía oírlo, ya que con su habilidad era capaz de escuchar el aleteo de una mariposa— y nosotros también. Por favor, te necesitamos.
(...)
—¿Entonces eso pueden hacer todos los Larnos?
Suspirando Gael miró a su compañero y fantaseo con coserle los labios. Solo por esta noche necesitaba silencio y procesar el hecho de que Zake nunca murió, todos en el reino lloró su muerte, hasta se hicieron días de duelo.