El Lago

Capítulo 4

Escondido detrás de un árbol se encontraba Markoz, las lágrimas recorrían sus mejillas, sus labios temblaban, sus pulmones se negaban a cumplir su labor, las palabras se ahogaban en su garganta.

Ocultando su rostro entre sus piernas trataba de recuperar el aliento.

Hace años que había dejado de tener esos episodios en donde se le venía el mundo encima y la carga era tanta que no sabía cómo drenarla sin hacerse daño. El dolor que sentía en el pecho no desaparecía como cuando era un niño, ahora era consciente de lo que le pasaba y eso solo agravaba más la situación.

A medida que los días pasaban el temor de morir en el Rito se hacían más evidentes. Ya llevaba varios días sin poder dormir más de dos horas, lograba esconder su falta de energía mediante inyecciones, pero los ataques no. Algunos entrenadores ya lo habían visto y le hicieron volver a con la psicóloga. No le molestaba la ayuda que le brindaban, odiaba el hecho de no ser lo suficientemente fuerte como para superarlo por sí solo.

Unas manos se posaron sobre sus hombros, y entre un tarareo de cuna comenzó el suave masaje. Su voz le apaciguaba, desde chicos, Lars tenía ese poder sobre él.

—¿Estas mejor?

El grito se escapó de su garganta, el llanto se volvió incontrolable y su cuerpo comenzó con los espasmos.

Los brazos de Lars le rodearon, y cuando Markoz se hubiese calmado le susurró al oído.

—Tranquilo, no voy a dejar que nada te pase en la iniciación.

—Eso no se hace en equipo —se apartó del abrazo de su amigo y le miró— nos pueden matar a los dos.

—¿Y? —le limpio las lágrimas con el dedo pulgar y con esa sonrisa que Markoz odiaba le recordó lo que le había dicho aquel día—. Desde que nacimos ya nos sentenciaron a morir a los veinte, solo nos queda superar sus expectativas o encontrar a alguien con quien morir.

La mirada de Markoz bajó y sintió vergüenza por volver a pensar en ello.

—Mi alguien eres tú —le levantó la cara tomándole de la barbilla— ¿yo soy tu alguien?

—Eres más fuerte que yo y si te digo que no —le aparto la mano—, es probable que me pegues.

—Probable no. Lo haré.

—Lars, tengo miedo.

—Yo también —levantó a su mejor amigo del suelo y lo guio hacia el dormitorio que compartían—. Es la primera vez que me da miedo morir.

Markoz se dejó guiar por su amigo mientras trataba de ocultar el deseo de querer abrazarlo, ocultar su rostro en su cuello y llorar hasta dormirse. Desechando su loca idea se concentró en que estaban tan cerca que podía oler aun el rastro de su perfume, amaderado, como le gustaba.

Acostados, ninguno de los dos podía cerrar ojo. Mientras Lars pensaba en estrategias para lograr que ambos salgan victoriosos del rito, Markos pensaba en si sería buena idea confesarse. Llevaba años pensando en que aquello ya no se sentía como una simple amistad, cuando estaban juntos entrenando eran los mejores soldados del campamento. Pero cuando se sentaban a hablar de tú a tú, no existían los demás, solo existía él y solo él.

Mirando hacia donde estaba su amigo se imaginó dos situaciones: en el primero se confesaba y el sentimiento era mutuo, pero en el segundo eso no pasaba y lo perdía para siempre.

Era mejor tenerlo como amigo a que no tenerlo. ¿Cierto?

(...)

(...)

Tenía el presentimiento de que no debería de haber asistido al plan de su querido primo. El corazón le latía a mil por hora, sus manos estaban sudadas, su ropa ya estaba echa un desastre por la cantidad de veces que había caído tratando de escapar de los “zombis”. Según él iba a ser muy divertido el plan del sábado por la noche.

De un nicho vio salir un zombi y este al percatarse de ella le comenzó a perseguir. Maldiciendo a todo su linaje comenzó el plan huida del zombi.

No debería de haber aceptado salir esta noche, aún seguía algo histérica por lo sucedido en el café aquel día. Por más que no haya vuelto a ver a los chicos, algo le decía que no se confíe.

—Perdón.

El amigo de su primo le tomo del brazo justo después de chocarse, y tirando de ella comenzaron a correr hacia la única cripta del lugar. Esta se encontraba debajo de un sauce llorón, que del cual procedía la leyenda de la familia que murió decapitada debajo del mismo.

Se dice que una mañana llegó el sepulturero del cementerio y de lejos vio a unas siluetas recostadas en el tronco del árbol, pensando que eran bolsas de basura comenzó a caminar hacia allí para limpiar, pero al acercarse se percató de que eran cuerpos y al día de la fecha no se encontraron sus cabezas. De este suceso han pasado diez años. Aunque hay varias versiones de lo sucedido, lo único confirmado es que compartían línea consanguínea con los enterrados en la cripta.

—Este lugar sí que da miedo —el chico comenzó a bajar los escalones mientras alumbraba con la cámara del celular—. Se supone que este es el punto de reunión, cuando lleguen los demás se acaba el juego.

En el centro de la cripta no había ningún ataúd o altar, en su lugar había una escultura de una extraña flor que parecía florecer de otra flor.

—Acá estamos bien —mirando alrededor encontró el interruptor para encender todas las luces del lugar—, ahora si mucho mejor, ¿no?

Las paredes estaban llenas de relieves sin sentido para un simple humano, pero para la raza indicada contaba la historia de la familia allí enterrada.

Los ojos de Elina se centraron en un conjunto de relieve que parecían formar una montaña, trazando el contorno con sus dedos sintió un leve escalofrío de advertencia.

—Ven —la voz del muchacho la llamo desde la puerta que daba hacia abajo, donde seguro estarían los ataúdes—, esto sí que es espeluznante.

Algo dentro suyo le decía que no vaya, pero sus piernas no hicieron caso y avanzaron hacia el interior. Mientras más se adentraba, los relieves se hacían menos visibles, el aire se volvía más pesado y de apoco había menos luminosidad. Al llegar al final de los escalones se adentró en una habitación donde había un foco que proyectaba una débil luz sobre la pequeña recepción. Esta misma tenía sillones individuales, y hasta un minibar. Algo extraño para un cementerio pensó Elina.



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En el texto hay: romance, amor, ficcion

Editado: 10.08.2026

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