El Lago

Capítulo 5

“Todos pueden entrar, pero pocos podrán salir”, es lo que indicaba el cartel al comenzar el trayecto de camino de tierra hacia el lugar donde comenzaría el Rito. Lleno de árboles por doquier el camino comenzó a hacerse más angosto, hasta el punto de dejar el auto varado y comenzar el recorrido a pie.

En total eran unos veinte guerreros que hoy comenzarían el rito. Este mismo tiene la duración de una semana en donde solo cuentan con sus habilidades para sobrevivir. Son continuamente monitorearos para ver su progreso ya que en caso de pasar la evaluación serían destinados a sectores estratégicos dentro del reino. Caso contrario ya sabían dónde encontrar los restos, en caso de haber alguno.

—Recuerden —el general del ejército encargado del Rey miró a cada uno de los chicos—, están prohibidas las alianzas.

Lars miró a Markoz y recordó su promesa. Sin importar las consecuencias, lo cuidaría.

—Si les da miedo allí adentro —señaló con su hacia el interior del bosque—, no se esfuercen en salir. A los cobardes los mato.

Todo recibieron su kit y la indicación de hacia dónde tenían que ir.

—No te preocupes —le susurró al oído Lars—, te encontraré y trabajaremos juntos, como lo hemos hecho desde chicos.

Con un leve asentamiento de cabeza, Markoz, comenzó a caminar hacia el interior del bosque. Confiaba en su capacidad para matar, lo venía haciendo desde los diez años, pero no confiaba en su mente. ¿Y si otra vez sufría un ataque? O peor aún ¿y si lo sufría mientras era atacado por una bestia?

Lars caminó hasta encontrar el río donde debería comenzar su travesía. Debajo de la roca indicada encontró el rastreador que debería de colocarse, dudando del riesgo que llevaría dicho aparato en su plan decidió tenerlo en el bolsillo por el momento.

Las hojas secas crujían bajo sus botas, el paisaje estaba infestado de árboles y maleza que impedía ver más allá de unos cinco metros, el clima era frio y el olor a cadáver era repugnante.

Ya estaba oscureciendo y Lars había encontrado el lugar para descansar, eran los restos de un refugio hecho a base de trocos que servían de pilares, ramas y lonas en calidad de techo y paredes. A unos cincuenta metros estaba el lago negro, llamado así por el color de las aguas mezcladas con la sangre de las bestias, y en el centro de este mismo se encontraba el altar. En total había cuatro lagos con esos altares en donde se realizaban los asesinatos de aquellos que deshonraba al Rey.

Haciendo una pequeña fogata, se sentó mirando hacia el lago. No se había cruzado con ninguna bestia en el camino, pero si a un ciervo que ahora le sirve de alimento.

(...)

La mano le sostuvo hasta que ella decidió soltarse, cuando lo hizo la oscuridad se disipo y se encontró con el agua hasta las rodillas, literalmente hablando. Ajustando sus ojos a la repentina luz observó su entorno y obviamente ya no se encontraba en la cripta.

Pensando en que seguramente se había golpeado la cabeza y estaba en un mal sueño, se pellizco el brazo derecho con todas sus fuerzas. El grito fue tan fuerte que su corazón comenzó a latir más rápido y el sentimiento de miedo provocó que su respiración se agite.

¿Dónde estoy? Se repetía una y otra vez mientras giraba sobre su eje para encontrar algo o alguien.

—Ey, tú —Elina se dio vuelta lentamente hacia la voz—. ¿Qué haces ahí?

La pregunta provino del chico que se encontraba en la orilla, a unos pocos metros de ella. Alto y de apariencia ruda, cabello cortado al estilo militar, vestido con un pantalón cargo color negro, botas militares del mismo color y una remera blanca que se ajustaba a su cuerpo, activó en Elina el instinto de supervivencia. Comenzó a correr hacia el centro del lago mientras gritaba pidiendo ayuda.

Lars observaba la situación con una sonrisa, no sabía que pasaba con la chica, pero le daba gracia el hecho de que ella comenzara a gritar y fuera solita hacia el altar de los sacrificios. No tenía planeado matarla tan rápido, primero jugaría a asustarla un poco, como segundo paso ya la agarraría y comenzaría cortando una extremidad, para que se entere que iba en serio. Tercer paso, comenzaría el interrogatorio con la punta de su navaja paseando sobre su piel y el último, el que más disfrutaba, verle morir.

—Mierda.

Tal parecía que Elina se quiso adelantar al último paso. En su intento de escapar se le olvido el detalle de que nunca aprendió a nadar, comenzó a agitar los brazos mientras trataba de quedarse a flote. Sus intentos fueron nulos cuando su cuerpo comenzó a hundirse.

Por la mente de Elina pasaron los últimos recuerdos que tuvo con su amiga, con su primo, aquel verano donde tuvo que enterrar a su mamá, el otoño que paso llorando porque el hombre que amaba le dejo luego de acompañarla a esa maldita cita con el médico, si no hubiese hablado aquel día, quizás aun estaría con él.

Lars tomó a Elina y la arrastro hacia la orilla, cargándola sobre su hombro se la llevo hacia su refugio. Una vez que estuvo tendida a lado del fuego, la mente de Lars comenzó a divagar entre verla allí y que comience a respirar por su cuenta o comenzar con los primeros auxilios. Hasta la fecha solo se había preocupado de salvar a su amigo Markoz, a otros muchos los dejo morir.

¿Ella será la excepción a la regla?

El cuerpo de Elina comenzó a reaccionar y mediante la tos expulso la poca agua que le quedo en la garganta.

—A eso le llamo, querer vivir.

La mirada de Elina se concentró en él. Ese hombre aterrador que le salvo de morir ahogada, que le doblaba en tamaño, que le miraba como si fuera su cena.

—¿Dónde estoy? —fue lo primero que se le ocurrió preguntar, mientras que su raptor se sentaba enfrente de ella y le sonreía mostrando los dientes.

—Hueles a humano —se acercó más hacia ella—. ¿Como llegaste hasta acá?

—¿Dónde estoy? —las lágrimas comenzaron a rodar— Quiero volver, por favor.

—Estas en las Ruinas del Salso, ahora responde mi pregunta.




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