Una mañana cualquiera en la mejor empresa de la ciudad de México había ruido de oficina, personas caminando por todas partes, ruido de impresora entre todo ese ajetreo del elevador salió un hombre de traje, castaño, pulcro, elegante y muy atractivo con rasgos masculinos pero con un toque femenino muy discreto.
— Buenos días licenciado Beltrán — dijo una mujer rubia la cual era su secretaria y mejor amiga.
La rubia se levantó de su escritorio, tomo su agenda y le comunico a Dominik los pendientes del día.
— Tienes una junta a las diez en punto — dijo sonriendole.
— Buenos días Laura, de acuerdo prepara la sala de juntas por favor — dijo Dominik tomando asiento en su escritorio.
El castaño comenzó a trabajar en su computadora, era un empresa de moda y calzado. Esa empresa fue herencia de sus fellecidos padres entre otros muchos activos y propiedades que fueron heredadas. Los padres de Dominik fallecieron cuando el era niño el y su hermana quedaron al cargo la señora Ana su nana y de su tía luz hermana de la madre de Dominik.
Tocaron la puerta de la oficina de Dominik y el castaño volteó.
— Si? Pase —
Mientras se abría la puerta se asomó un hombre alto igual de traje pelinegro y muy atractivo con escencia masculina.
— Hola mi amor — dijo abriendo los brazos.
Doninik se levantó de su rápidamente de su escritorio y corrió a los brazos de aquel hombre.
— ¡Valentín Mi amor! —
Valentín lo tomo de la cintura y lo acercó a su pecho Dominik que era más bajito que Valentín.
— ¿Cómo está el amor de mi vida? — su comentario hizo que Dominik riera y mostrara la gran sonrisa que lo caracterizaba.
— ¡Bien! Pero con muchos pendientes — dijo haciendo un pequeño puchero fingiendo tristeza.
— Pues yo sé cómo darte ánimos — dijo con una sonrisa con un toque de picardía.
— ¿si? ¿Cómo? — sonrió igual con picardía.
El pelinegro lo acercó más a su pecho, con una mano aún en su cintura y bajo un poco la cabeza para besar los rosados la labios de Dominik, un beso sencillo pero con un toque de amor, que fue abruptamente interrumpido por Laura la secretaria que abrió la puerta y golpeó levemente la espalda de Valentín.
— Oh! Lo siento mucho disculpen... — dijo muy avergonzada, ella era la única que sabía de la relación entre Valentín y Dominik. No era muy bien visto que dos hombres con puestos importantes fueran pareja, aun en el siglo veinte y uno.
Los chicos rieron mientras se separaban sus labios y voltearon a ver a la rubia mientras Valentin mantenía una mano en la cintura del castaño.
— No te preocupes Lau ¿qué necesitas? — dijo sonriente
— La sala de juntas ya está lista, si gustas puedes ir pasando para tener todo listo — dijo aún avergonzada
— Si claro, ahora mismo voy, gracias — volteó a ver a su amado.
— Me tengo que ir mi amor... Nos vemos más tarde? — dijo con sus ojos llenos de brillo.
— Claro domik, a las siete paso por tí? — el castaño asintió y se despidieron con un beso y salieron de la oficina, Valentín se fue y Dominik caminó junto a su secretaria.
— Domik perdón por interrumpir de verdad — dijo Laura riéndo nerviosa, Dominik la abrazo por los hombros mientras se reía también.
— Tranquila Lau, si no hubiera entrado quien sabe que hubiera pasado — dijo con un tono juguetón y en broma el cual hizo que los dos rieran, además de ser compañeros de trabajo eran mejores amigos.
Mientras tanto en la lujosa casa de Dominik se encontraba su Nana y su hermana, la señora mayor de cabello canoso y su cabello recogido caminaba por el vestíbulo con las pesadas bolsas de mandando. Por otro lado unos tacones se escuchaban acercarse desde las escaleras era Isabella la hermana mayor de Dominik llevaba un vestido morado pegado y su bolsa. Su cabello rubio planchado claramente teñido miro a la señora mayor con desdén.
— Issa ¿vas a salir? — dijo amablemente la señora sonriendo mientras detenida su camino a la cocina.
— Ahg, ¿Que no ves? — dijo bajando los últimos escalones mirándola.
— Es algo obvio, ¡¿No?! —
— Ay Isabelita tu y tu humor, cuídate —
Isabella ignorando los comentarios salió y subió a "su auto" ya que lo compro con el dinero de Dominik ya que sus padres deseheradaron a Isabella por un problema familiar y el heredero de todo solo es Dominik.
La señora Ana guardo la despensa en la cocina con ayuda de las demás empleadad domésticas.
— ¡Anita! — dijo una voz de mujer mayor.
— ¿Dónde estás? —
— En la cocina señora luz — dijo la señora Ana saliendo de la cocina.
— ¿Se le ofrece algo? — dijo amablemente sonriendo ellas dos se llevaban muy bien después de tantos años juntas eran como hermanas.
Mientras tanto Isabella conducía hacia una inmobiliaria cuando llegó frenó justo enfrente del gran edificio, bajo del auto y entró al lobby camino al elevador entrando y cerrando la puerta del mismo, acomodando su cabello y pulso el botón para subir al piso superior, cuando llegó caminó por el pasillo, con un caminar sexy y una sonrisa la cual llamo la atención de todos los hombres de esa oficina finalmente llegó a la puerta donde afuera de encontraba una secretaria, Isabella se quitó los lentes de sol y exclamó.
— Dile a tu jefe que Isabella está aquí — dijo son seguridad.
La amable secretaria dijo.
— Ah! Señorita Isabella usted puede pasar sin problema, adelante —
Isabella entro sin perder el tiempo y ahí estaba el pelinegro de traje estaba muy concentrado en su trabajo que no volteó a ver quién había entrado solo dijo.
— Buenos días! ¿Qué se le ofrece? — dijo con su vista en el escritorio.
— Hola guapo — dijo sensualmente y mordió sus labios rojos por el labial.
En ese momento Valentín se levantó del escritorio y corrió a la puerta puso seguro y empujó a Isabella contra ella para besarla salvajemente.
— Mmm hules deliciosa, ya te extrañaba — dijo mientras mordía su cuello con desesperación.