En la ciudad, esa mañana más tarde la familia de Dominik bajaba a desayunar la rubia y la señora luz encontraban tranquilamente desayunando, su Nana notó una tarjeta en la mesa, la tomo con curiosidad y voleo a ver a la señora luz.
— ¿Qué es eso Anita? — dijo la señora de vestido azul muy formal y vanguardista limpiando su boca con la servilleta que después dejo en sus piernas.
— Una carta de Dominik... — dijo con preocupación entregándole la carta a la señora luz.
La señora abrió la carta y comenzó a leerla.
Me fui a la hacienda, no soporto un día más en esta ciudad, no quiero llamadas ni mensajes, mucho menos que vengan a buscarme a la hacienda para ustedes Dominik está muerto.
Att: Dominik
— Dominik se fue... — dijo con lágrimas en sus ojos.
— ¿Tan rápido se fue? — dijo Isabella sarcásticamente.
Su Nana comenzó a llorar preocupada por su niño.
— Mi niño... ¡¿Ya estara en la hacienda?! — dijo muy preocupada.
— Señora luz... ¿Le puede llamar? — dijo nerviosa su Nana.
— Lo siento Ana.... Pero en la carta dice que no quiere llamadas además en la hacienda no hay internet ni señal —
— ¡Ahg! Lo que Dominik quiere es llamar la atención — dijo levantándose de la mesa molesta.
— ¡Isabella cállate! — la señora Ana se tapó rápidamente la boca.
Isabella molesta se giro a ver a la señora Ana y le grito.
— ¡Gata Igualada! ¡¿Quien te crees?! — dijo Isabella muy molesta.
— ¡Isabella! No le hables de esa manera a Ana! — dijo la señora luz reprendiendo la actitud de Isabella.
Mientras la señora Ana salía del comedor dejando solas a la señora luz y Isabella.
— Hija... No digas esas cosas frente a Ana, está muy preocupada por Dominik — Isabella hecho en saco roto el consejo y se fue molesta.
Mientras tanto en la hacienda Dominik estaba en el patio interior cuando de pronto apareció una niña de 17 años con un overol y camisa blanca, llevaba dos trenzas.
— ¿Buenas jóven? — dijo con cautela la niña.
— ¿Tu quien eres? — dijo Dominik fríamente.
La niña se sorprendió por el tono de Dominik pero respondió alegre.
— Mi nombre es ¡Tomasa! Para servirle a dios y a usted — dijo con su acento rural.
— Bien, soy Dominik el dueño, quiero que me des un recorrido por la casa — dijo fríamente y con un toque de orden.
— ¡Ay ora! ¡¿Uste es el dueño y no la conoce?! — dijo riendo.
Dominik la miró molesto y dijo fuertemente.
— ¡Deja de decir estupideces! ¡Y enséñame la casa! — dijo entrando a la casa junto con Tomasa.
— Achis... Dispense uste... — dijo bajando la mirada.
— Si quiere empezamos por la sala —
Comenzaron el recorrido por la gran hacienda, una sala con chimenea sillones muy rústicos toda la decoración era rústica de campo, siguieron con el comedor, la cocina entre otras habitaciones subieron las escaleras, había muchas habitaciones y llegaron a la principal, con un gran balcón y gran espacio.
— Está es su pieza joven — dijo amablemente.
— Está recamara era la de mis padres... —
Dijo Dominik con nostalgia, se acercó al balcón el cual abrió y contempló lo grande de la propiedad, algunos trabajadores notaron la presencia de Dominik, el ignoró y volvió a la Habitación.
— Tomasa, ¿qué me puedes decir del capataz? — dijo Dominik serio.
— Ayy el Mateo es a toda mad... — Tomasa no termino de hablar y miro a Dominik avergonzada.
— Le decía que es a todo dar, el Mateo es bien gente lleva muchos años aquí y ¡uuy no! De mujeres que tiene el ¡canijo! —
Eso llamo la atención de Dominik.
— ¿Entonces es mujeriego el tal Mateo? — dijo con molestia.
— Pus... Tanto así que uste diga mujeriego mujeriego pus no pero esta requeté requeté carita ¿veda? — dijo soltando una carcajada.
— ¡Ay tomasa! Eso a mí que me importa — dijo molesto.
— Dispense jóven... —
— ¡Sube mi maleta y mis cosas! ¡Ándele! —
Tomasa asintió y bajo por las cosas toda la tarde Dominik se dedicó a acomodar sus cosas e instalarse.
Mientras tanto en las caballerizas estaba Nazario el mejor amigo de Mateo cepillando un caballo, unas botas se acercaban golpeando fuertemente la madera con sus botas.
— ¿Qué traes pues? — dijo Nazario al ver cómo llegaba Mateo.
— ¡Nahg! El mentado catrin ya se hizo presente — dijo moelsto.
— ¿Ora? ¿Pus cuál catrín tu? — dijo confundido el hombre.
— El dueño de la hacienda, un niñito mimado de ciudad — dijo limpiando las caballerizas.
— ¿Uy no compadre pus que te hizo? — dijo echando carrilla a Mateo.
— ¡Llegó con sus ínfulas de chingón! ¡Ese vato no es más que un niñito mimado! —
Al día siguiente a las 8 de la mañana se encontraena Mateo y Nazario enfrente de la casa grande mientras otros trabajadores trabajaban desde hace ya unas pocas horas.
— ¿Y que hacemos aquí tu? — dijo Nazario.
— Te apuesto que el mentado dueño ha de ser de esos niños de ciudad que están impuestos a levantarse a las tantas de la tarde — dijo con su tono rural ajustando su sombrero.
En ese momento se abrió la gran puerta de madera de la casa grande en la cual hizo presencia Dominik, llevaba un sombrero y una camisa abotonada azul, acompañada de un chaleco vaquero unos pantalones de mezclilla para el trabajo y sus botas.
Dominik caminó firmemente a dónde estaba Mateo.
— ¡Buenas jóven! — dijo Mateo moelsto por qué perdió la apuesta con Nazario.
Dominik ignora que Mateo pregunto.
— ¿Usted quien es? — dijo con frialdad.
— ¡Nazario! — dijo quitandose el sombrero para saludar pero fue completamente ignorado por Dominik.
— ¡Mateo! Quiero que me dé un recorrido por la propiedad... — dijo con seguridad y firme pero fríamente.
— ¡Lo siento joven pero yo tengo cosas más importantes que hacer! — dijo Mateo firmé sosteniendo la hebilla de su cinturón.
Dominik se volteó molesto y grito.
— ¡Dije! ¡Deme un recorrido por la propiedad! ¡Es una orden! — dijo muy molesto.