La brisa cálida de la noche trae muchas cosas, entre ellas los lujos que Silas ama. Ahora en la terraza privada del Aventino, con la cúpula de San Pedro recién recortada como un trágico fondo de teatro contra un cielo al óleo, Silas observa a la persona frente a él, Dante Vacchi.
Dante, una bola de energía inquieta con sus manos siempre en movimiento, ilustran cada palabra, y ojos brillantes con cada palabra que sale de su boca. Dante habla de una galería nueva en Trastevere. De un escándalo menor en el mundo de las subastas de Ginebra. De la última extravagancia de algún magnate ruso. Y Silas solo escucha con atención, filtrando el ruido que Dante ama colar en sus historias en busca de algo apetitoso.
—Pero lo realmente jugoso, Silas, lo deliciosamente trágico, está en Grecia— dijo Dante, bajando la voz, aunque no había nadie más en la terraza. Hundiendo el tenedor en el cacio e pepe con un gesto victorioso.
—¿Te acuerdas del lío en Chicago? —preguntó Dante con una sonrisa.
Silas inclinó levemente la cabeza. Y con un imperceptible gesto de asentimiento lo confirmó.
Claro que lo recordaba, sus ojos se pasaron por las noticias breves en páginas interiores de diarios financieros, sus oídos en los susurros en clubes privados. Una lucha de sucesión dentro de un imperio logístico con métodos arcaicos. Un nombre estaba desaparecido del mapa, nada más que Nikos Andrakis.
—Ese asunto de los barcos, los contenedores y problemas familiares que, si no me equivoco, termino en violencia. — soltó Silas sin tanta emoción.
Dante asintió.
—Pues bien— continuó Dante, saboreando el drama—el lobo joven, el destronado, no fue eliminado. —conto divertido Dante, saboreando su bocado.
—Pensé que Petros lo mató. —dijo Silas apenas apartando el pequeño bocado de su boca.
Dante asintió, con medio bocado en la boca. Para después reír. —. Todos lo pensaron, mi contacto en el buque de carga de la zona sur creyó que el hermano mayor lo dejo sin vida en las orillas del mar, pero no, ese fue otro cuerpo. —dijo Dante casi indignado—. Poco después, el amigo de un socio de la señora de botica de la abuela del señor Giorgio, comento que el avión privado de la casa salió a Grecia. Fue… exiliado. Con estilo, eso sí.
Dante se sirvió otra copa de vino.
—Una villa que es un capricho en Mykonos, grande, hermosa de color blanca y azul me imagino. —. Dante movió sus dedos— Una cuenta bancaria que no es obscena, pero es decente. Una jaula dorada, ¿comprendes? Petros, el hermano ganador, lo quiere fuera, pero vivo. Como un trofeo que demuestra su ‘misericordia’. O como un recordatorio para otros. —termino sonriendo y con el bocado en la boca.
Silas tomó un sorbo de Barolo, un vino intenso. Como la información que solo Dante puede compartir. El mismo Dante que ahora miraba su teléfono para ver imágenes de su familia y mostrarle cosas sin sentido. Pero no quería que su amigo se desviara, así que siguió el mismo hilo de la conversación.
—Un lobo en una jaula de oro, no es un lobo— murmuró Silas, su voz en un susurro ronco.
Dante parpadeo y sus ojos brillaron, conocía a Silas lo suficiente para ver que algo captaba su atención.
—¿Te apasiona el tema, mio amico?
—Haz dicho una jaula, Dante. Se aburrirá. Y un lobo aburrido es predecible, o peligrosamente impredecible.
—¡Exacto! Pero este no se aburre, Silas. —. Dante cambio su tono de voz a uno más cómico—. Ruge. Está herido, Silas. Y furioso. Y…— Dante hizo una pausa, buscando la palabra, para volverse serio — Es «valioso» Conoce el imperio de su hermano desde sus cimientos. Tiene contactos, sabe dónde están los cuerpos enterrados, ¡literal y figurativamente! Y ahora está solo, con un rencor que podría alimentar una central eléctrica.
—No confundas pasividad con resignación, Dante. —argumento Silas de forma práctica.
—¿Yo? —. Dante se señaló a sí mismo y rio. Se acomodo mejor en la mesa y miro fijo a su amigo—. Creo que no entiendes Silas. El pequeño Lobo de Chicago, está solo, roto, triste y furioso. Todo el mundo conoce a la familia Andrakis de Grecia, los viejos santos le rinden pleitesía, y el hermano menor es conocido, o era conocido como el ejecutor. La mano siniestra de Petros Andrakis. Solo, un ejecutor solitario.
—¿Cómo te enteraste de eso? —. Silas quedó confundido, poco había escuchado sobre la familia Andrakis en sí, incluso los barcos que pasan cerca del puerto, a nombre de esa familia, pero Dante no se mescla con ellos. Así que la información de su mejor amigo tiene que venir de un lugar diferente. Silas conoce a su amigo, es sonrisas y elegancia, así que Las Familias y… Dante, son diferentes, en muchos aspectos no se mesclan.
—La mayoría son conocidos de mis conocidos. —Dante sonrió—. Ya sabes parte del negocio. —Dante desestimo el hecho tomando de su copa con ojos chispeantes.
—Eres impredecible, Dante. — Y Silas levantó su copa también, un simbólico saludo.
Dante rio alegre y sin preocupaciones, retomando su vino.
Silas lo dejo ser, ver a Dante jugar con el teléfono y que mostrará postales como las fotografías de sus familiares, es algo que Silas aprecia. Además, con Dante como una mariposa social —un coleccionista de personas e historias, nada más y nada menos— Y con la lealtad a su único y mejor amigo, es decir él.
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Editado: 22.03.2026