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La ciudad de los adoquines dorados y las ruinas eternas, conocida también como la ciudad de las traiciones bien disfrazadas del arte, de los cuchillos que se esconden bajo manteles de lino y afamada de los amores que empiezan como guerras.
Las tragedias griegas competían con las traiciones romanas.
Nikos la había visitado dos veces antes, ambas con Petros, ambas por negocios que terminaban con sangre y dinero sucio. Nunca había tenido tiempo para mirar el arte, la historia. Nunca guiado a lo banal. Ahora, caminando solo por las calles del Trastevere mientras esperaba la hora de la cena, Nikos entendió que Roma no era una ciudad para turistas. Era una ciudad para hombres que saben que el pasado nunca se entierra del todo.
El Tíber brillaba bajo el sol de la tarde, falso como todas las cosas bellas. Los puentes de piedra unían las dos orillas como brazos que se negaban a soltarse, aunque supieran que el abrazo terminaría en ahogamiento.
El teléfono vibró en el bolsillo de su chaqueta. Un mensaje de Papadopoulos.
"He oído que está en Roma. Diviértase. Pero no olvide El Pireo. Y llámeme, Rory. Los apellidos son para los enemigos."
Nikos leyó el mensaje dos veces. Rory. No Roumellos. No Papadopoulos. Solo Rory. —Guardó el teléfono—. No sonrió. Para Nikos escuchar que los apellidos eran para los enemigos, no es algo nuevo. Siempre trato a todos por el apellido, sean de su misma posición o menor. Jamás dejo pasar esa línea. Entonces, ¿qué eran los nombres de pila? ¿Un paso hacia la confianza? ¿O una forma más íntima de apuñalar por la espalda?
En su mundo, ambas cosas eran lo mismo. Mas ahora, solo talvez, algo real había comenzado.
Terminó de cruzar el camino, solo para ver a Hermes esperando junto al auto. Su viaje de Atenas a Roma fue planeado, la compra de villa en Plaka estaba en proceso, pero la vieja casa de sus padres aún conservaba todas sus pertenencias.
—Vamos al hotel, Hermes.
—Si, señor.
Nikos decidió que esta vez se quedaría en un hotel, no quería actuar imprudente, no podía alquilar una casa o apartamento por si su hermano tenía espías, un hotel es mejor, pasa más lleno y puede confundir a veces.
Nikos pensó que su vida ahora estaba tomando un camino mucho mejor, sus pasos ya no serían como en un tablero de ajedrez, no debe de estar pensando tres veces cada cosa por hacer.
—¿Señor?
—Dime…
Nikos notó la mirada de Hermes por el espejo retrovisor del auto, levantó una ceja en espera de su fiel hombre. Hermes habló sobre pasar por algo de comer, pero Nikos negó, comería algo en el hotel, algo ligero. Hoy tenía una cita con Silas para cenar, no quería llegar tarde o con el estómago vacío. En sus últimas reuniones notó que el hombre ama comer, rió internamente, un hombre como Silas es gracioso a veces.
—¿Está seguro de que ese hombre es confiable? — preguntó Hermes.
—No. Creo que nadie lo es en este punto, Hermes.
—¿Entones por qué...?
—Hermes, dime algo. ¿Crees que yo dejaría que él o cualquiera me tomara por crédulo?
—No, señor.
—Entonces, no te preocupes. Lo que pase, pasará. No te preocupes de más.
El hotel les dio la bienvenida y Hermes estaciono frente. Nikos salió del auto y se fue directamente al área del comedor. Quería pasar un tiempo solo, sabía que Hermes iría directo a la habitación. Así que mejor disfrutar del hotel grande y lleno de vida que estaba a su servicio.
Tomó una mesa en la cual podía ver la puerta que daba a la entraba del comedor, así mismo, también la puerta grande que da al área de piscinas a su lado derecho. Justo a la par de esa puerta notó una familia, pequeña, le recordó a la suya cuando era niño. Estaban dos hombres hablando, muy seguro de negocios, la única dama, al lado de uno de ellos, abrazándolo de costado.
Se veían tan unidos, una portada para revistas, Nikos sonrió de lado, él sabía que la mayoría lo hacía de forma frívola. Mentiras. Todo para que las sociedad los notara perfectos. Los ignoro. Se centro en su vaso, una limonada con menta.
—¿Andrakis?
Levantó la cabeza al escuchar su apellido, la dama le sonrió. Una joven empresaria del mediterráneo, cual belleza es el inicio del final de muchos. Nikos solo levantó una ceja. La hija de un empresario petrolero, del medio oriente, frente a él.
Que interesante.
—Ioannidis.
Ella sonrió y se sentó frente a él.
—Iris, esta bien. Hace mucho que no te veía.
Nikos quiso ignorarla, que ella estuviera frente a él no podía ser casualidad. Su viaje fue publico… Petros. Oh vaya, una linda niñera. La amiga de la infancia. Iris Ioannidis.
—No sabía que ahora aceptas trabajos de niñera.
Iris sonrió de lado.
—Tu hermano es terco. Cuando recibí la llamada quise colgarle y decirle que busqué otro par de oídos.
—¿Qué cambio?
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Editado: 04.06.2026