—Mira, italiana, no te conviene desafiarme —se alzó encima de ella para intimidarla; no lo logró.
—Yo tengo un nombre —la joven levantó su barbilla y lo desafió; ese sujeto la estaba hartando.
Mikhailo tiró de una de sus comisuras, sonriendo con ironía—. Ah, ¿sí? ¿Y cuál es?
La tensión podía cortarse con un cuchillo; ambos no retrocedían y los demás trataban de entretener a la pequeña para no meterla en eso.
—Soy Angelina —respondió con una altivez que le reflejaba en los hermosos ojos.
—De acuerdo, italiana, ahora toma a Melissa, que vamos a salir de compras —se burló deliberadamente con una risa baja que era capaz de espantar a cualquier persona.
Angelina apretó los puños y achicó su vista—. De acuerdo, don mechas, lo haré —pasó por su lado y tomó la mano de la pequeña Melissa.
—¡Siii! Vamos de compras. Se pueden ir a poner sus cosas; me tardé mucho —la niña pasó su pequeña mano por su frente y exhaló aire con dramatismo.
Los hombres presentes se veían entre ellos; no querían usar eso, pero bastaría con decirle que sí lo hacían, excepto las medias de Viktor y el saco con la corbata de Mikhailo.
—No creo que sea buena idea, mocosa... Esas cosas son para eventos, no para ir de compras —se dobló para acariciar su cabello y le sonrió.
—Bien, papi, pero lo usas; mis deditos me duele —saltó corriendo y jalando el brazo de Angelina, y ella va tras él.
—¿Ya encontraron todo sobre la italiana? Necesito que nadie la esté buscando —Mikhailo elevó una ceja y Román se acercó.
—Sí, en cuanto a eso... —se rasca la nuca.
—Habla, Roman —Mikhailo se desespera.
—Me llegó una información; ella está huyendo... No se llama Angelina, o sí, pero tiene otro nombre —explicó, y los demás se giraron a verlo.
—¿Huyendo? No me digas que es una asesina, porque te juro que... —el pakhan se desesperó y apretó sus dientes.
—Peor que eso: le gustó a un mafioso italiano y la está buscando —tronó sus dedos y comenzó a caminar, pero el pakhan lo detuvo.
—Un momento, necesito que hables bien.
—Según lo que sé, anda buscándola por cielo, mar y tierra; la ha aislado solo para encontrarla —se aclaró la garganta Román.
—Es tan idiota que no la ha encontrado y ustedes sí —murmuró Maksin con una risa baja.
—Nosotros somos más listos que él; además, buscábamos una maestra y psicóloga; él busca a una heredera millonaria —concluye Viktor.
—O sea que la maestra tiene dinero; ya decía yo que su altivez ni era normal —Mikhailo se quedó mirando a la nada un momento—. Busquen la ubicación de ese idiota y ténganlo vigilado; ella no sale de aquí, menos que mi hija diga...
El enorme mafioso se dirigió al auto y cerró la puerta; su mirada recayó en esa mujer con la mirada desafiante. Él no era el italiano que la acechaba, no. Él era el pakhan de Ucrania y ella era parte de su nómina, y eso en su cabeza la hacía suya, para bien o para mal.
Angelina sentía su mirada encima de ella; sin embargo, lo ignoraba. No quería tentar de más a la suerte, pero tampoco se dejaría pisar por ese gigante mechudo.
Al bajar del auto, la pequeña saltaba, llevándola a ver las tiendas; le mostraba ropa bonita y Angelina la ayudaba a escoger lo mejor; tenía muy buen gusto.
—¿Esto se me ve bien, Angi? —preguntó la niña, girando y enseñando un vestido hermoso color turquesa.
—Pareces una principessa, bella bambina —sonrió, y Mikhailo la tomó del brazo cuando la nena se metió a cambiar de nuevo.
—¿Qué pasa? —se quejó ella.
—Deja de hablar italiano —la apretó más, pero sin lastimarla.
—Sei proprio un tontolone, viene voglia di tagliarti le ciocche. (Eres un tonto grandote, dan ganas de cortarte los mechones) —sostuvo la risa.
Mikhailo entornó sus ojos y estaba a punto de botar humo por la cabeza.
—¿Qué dijiste, italiana?
—Que si me dice italiana, debo hablar en italiano —le sonrió. Él la soltó.
—De acuerdo, Angelina, ve a buscar ropa para ti, de todo tipo; iremos a cenar, reuniones, y no saldrás con esas fachas —bufó, alejándose de ella.
Angelina elevó su barbilla y se dirigió hasta una sección donde había cosas bonitas y no dudó en probarlas.
—Angi, mira. Esto es... —Melissa se sorprendió—. ¿También escogerás ropa? Ven, busquemos vestidos rosas —sonrió, y ella la siguió.
Los seis hombres veían a las chicas buscar y buscar ropa, todos con el ceño fruncido y la atención en ellas.