Capítulo 6
El segundo encuentro
Habían pasado cinco días desde el accidente.
Cinco días en los que Alessandro solo había observado a Marla desde la distancia.
Sabía a qué hora salía a caminar.
Qué banco del parque prefería.
Que siempre saludaba a los vecinos.
Y que era incapaz de pasar junto a alguien sin regalar una sonrisa.
Pero ya no quería verla solo a través de la ventanilla de un automóvil.
Quería darle las gracias.
—Preparen el auto —ordenó.
—¿Va a hablar con ella, señor? —preguntó Matteo.
—Sí.
—¿Le dirá quién es realmente?
Alessandro negó con la cabeza.
—Todavía no.
---
Aquella tarde, Marla salió a comprar flores para reemplazar las que tenía marchitas en un pequeño florero de su casa.
Mientras caminaba por el mercado, iba tarareando una canción.
Se detuvo frente a un puesto lleno de margaritas y girasoles.
—¡Qué bonitas!
Tomó una margarita entre sus dedos.
—¿Cuál creen que combina mejor con mi sala? ¿Tú qué dices? —le preguntó a una señora que estaba a su lado.
La mujer soltó una risa.
—Las margaritas.
—¡Yo también pensaba eso! Entonces no estoy tan perdida.
Pagó las flores y siguió caminando.
Al doblar una esquina, chocó sin querer con alguien.
—¡Ay!
Las flores cayeron al suelo.
—Perdón, perdón, fue mi culpa...
Se agachó enseguida para recogerlas.
La otra persona hizo lo mismo.
Cuando ambos levantaron la vista al mismo tiempo...
Marla abrió los ojos con sorpresa.
—¡Usted!
Alessandro sostuvo una de las margaritas.
—Hola.
Ella sonrió de inmediato.
—¡Qué alegría verlo de pie! Yo pensé que iba a tardar semanas en recuperarse.
Él le entregó la flor con cuidado.
—Gracias por ayudarme aquella noche.
—No tiene que agradecerme.
Cualquiera habría hecho lo mismo.
Alessandro pensó en todas las personas que habían pasado de largo antes de que ella llegara.
No.
No cualquiera lo habría hecho.
—Aun así... gracias.
Marla inclinó la cabeza y lo observó unos segundos.
—Se ve mucho mejor.
Aunque sigue teniendo la misma cara de pocos amigos.
Por un instante, Alessandro no supo qué responder.
Ella continuó hablando con total naturalidad.
—Pero ya no se ve tan cansado.
Eso es bueno.
¿El doctor lo dejó salir o se escapó?
Matteo, que observaba desde unos metros de distancia, tuvo que contener una carcajada.
Nadie...
Absolutamente nadie...
Le había preguntado al jefe de la mafia si se había escapado del hospital.
Alessandro negó suavemente.
—El doctor me dio el alta.
—¡Menos mal! Porque si se escapó, yo no pienso cubrirlo.
Él sintió un calor extraño en el pecho.
No era por la herida.
Era porque, sin darse cuenta, Marla acababa de hacerlo sonreír.
Muy poco.
Casi imperceptiblemente.
Pero sonrió.
Marla dio un pequeño brinco.
—¡Ah!
Alessandro la miró confundido.
—¿Qué pasa?
—¡Sonrió!
Él frunció el ceño de inmediato.
—¿Lo hice?
—¡Sí! Muy poquito, pero sí.
¿Ve que no era tan difícil?
Se ve mejor así.
Muchísimo mejor.
Alessandro bajó la mirada, casi avergonzado por aquel comentario.
Nadie antes le había dicho que una sonrisa le quedaba bien.
Marla acomodó las flores entre sus brazos.
—Bueno, me alegra saber que está vivo.
La próxima vez trate de no meterse en tantos problemas, ¿sí?
Porque casi me da un infarto cuando lo vi.
Se despidió con un gesto de la mano y comenzó a alejarse.
—¡Que tenga un bonito día!
Alessandro permaneció inmóvil, viéndola desaparecer entre la gente.
Matteo se acercó despacio.
—Señor...
Él seguía mirando la calle.
—Tenías razón.
—¿Sobre qué?
—Ella habla con todo el mundo...
Guardó silencio unos segundos y añadió, con una calma que sorprendió incluso a su mano derecha:
—...y nunca había disfrutado tanto una conversación.
#351 en Joven Adulto
#1369 en Novela contemporánea
romancemafia, romance billonario, protector × chica sencilla
Editado: 01.08.2026