El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 13

Capítulo 13

La cena más extraña de su vida

Alessandro De Luca había asistido a cientos de cenas importantes.

Cenas con empresarios.

Reuniones con políticos.

Encuentros donde cada palabra tenía un propósito y cada sonrisa escondía una intención.

Pero ninguna cena lo había preparado para Marla Montero Lorenzo.

—No entiendo cómo puedes comer tan poco.

Marla lo miraba desde el otro lado de la mesa.

Alessandro dejó los cubiertos sobre el plato.

—Estoy comiendo.

Ella observó su plato.

—Tres bocados no cuentan como comer.

—Sí cuentan.

—No.

Marla negó con la cabeza con tanta seguridad que parecía una experta en el tema.

—Eso es sobrevivir, no comer.

Matteo, que estaba de pie cerca de la puerta, bajó la mirada para esconder una sonrisa.

Era increíble.

El hombre que todos obedecían sin cuestionar estaba siendo regañado por una chica con una servilleta en la mano.

Alessandro suspiró.

—¿Siempre regañas a las personas?

Marla pensó unos segundos.

—Solo cuando me importan.

La respuesta lo dejó en silencio.

Ella volvió a concentrarse en su comida como si no hubiera dicho nada especial.

Pero para Alessandro sí lo era.

---

Esa noche, él había decidido invitarla a cenar.

No en un restaurante elegante.

No en una sala llena de empresarios.

Sino en un pequeño lugar que Marla había mencionado una vez.

—Me gusta más la comida sencilla —le había dicho—. A veces los lugares pequeños tienen la comida más rica.

Así que reservó una mesa allí.

Marla estaba feliz.

—Este sitio es bonito.

Alessandro miró alrededor.

Era sencillo.

Nada parecido a los lugares donde acostumbraba ir.

—¿Te gusta?

—Mucho.

Porque se siente como un lugar donde la gente viene a pasarla bien.

No solo a presumir.

Él guardó silencio.

Marla siempre encontraba formas de decir cosas que él nunca había pensado.

Durante la cena, ella comenzó a contar historias.

Historias pequeñas.

De cuando se le olvidaban las llaves.

De una vez que intentó cocinar y terminó quemando la comida.

De cómo una paloma la persiguió durante diez minutos porque tenía una galleta en la mano.

Alessandro escuchaba.

Realmente escuchaba.

No estaba esperando el momento de hablar.

No estaba pensando en negocios.

Solo estaba allí.

Con ella.

—Te estás riendo otra vez.

Marla lo señaló.

Él se dio cuenta.

—¿Otra vez?

—Sí.

Creo que ya no eres tan serio.

Alessandro negó.

—Tal vez solo estoy acostumbrándome.

—¿A qué?

La miró.

—A estar contigo.

Por primera vez, Marla se quedó sin una respuesta rápida.

Sus mejillas tomaron un ligero color rosado.

Luego sonrió.

—Bueno...

Supongo que puedo aceptar eso.

Pero tienes que prometerme algo.

—¿Qué?

—No vuelvas a dejar de sonreír.

Alessandro la observó.

Había recibido órdenes.

Amenazas.

Advertencias.

Pero aquella petición sencilla era la única que realmente quería cumplir.

—Lo prometo.

Y sin que ninguno de los dos lo supiera...

esa promesa sería la primera que Alessandro De Luca haría por amor.




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