El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 18

Capítulo 18

El primer beso

La noticia llegó al anochecer.

—Señor, hemos detectado movimientos de la organización Moretti —informó Matteo.

Alessandro dejó de firmar los documentos.

—¿Qué averiguaron?

—Saben que alguien importante ocupa su atención.

El silencio llenó la oficina.

Alessandro entendió de inmediato de quién hablaban.

—Doblen la seguridad de Marla.

—Ya está hecho.

Pero él sabía que no era suficiente.

---

Mientras tanto, Marla caminaba por el parque con el paraguas amarillo que Alessandro le había regalado.

No llovía.

Simplemente le gustaba llevarlo porque le recordaba a él.

Cuando llegó al banco de siempre, lo encontró esperándola.

—¡Señor Serio!

Él sonrió apenas.

—Hola.

Marla notó enseguida que algo no estaba bien.

—¿Qué pasó?

—Nada.

Ella negó con la cabeza.

—No me engañas.

Cuando estás preocupado, aprietas mucho la mandíbula.

Alessandro soltó una pequeña risa.

Era increíble que ella notara detalles que nadie más veía.

—Solo tuve un día complicado.

Marla se sentó a su lado.

No habló.

Simplemente permaneció allí.

Después de unos minutos, apoyó suavemente su hombro contra el de él.

—No tienes que contarme nada.

Pero no tienes que cargar con todo tú solo.

Aquellas palabras atravesaron todas las barreras que Alessandro había construido durante años.

Miró a Marla.

Ella seguía observando el lago.

Como si compartir el silencio también fuera una forma de cuidar a alguien.

—Gracias.

Ella giró la cabeza y le sonrió.

—¿Ves? Ya estás sonriendo otra vez.

Él no respondió.

Solo levantó una mano y acomodó con delicadeza un mechón de cabello que el viento había llevado hasta el rostro de Marla.

Ella dejó de sonreír por un instante.

Sus ojos se encontraron.

Ninguno apartó la mirada.

El mundo alrededor pareció desaparecer.

No había niños jugando.

No había viento.

No había ruido.

Solo ellos.

—Marla...

Él pronunció su nombre casi en un susurro.

—¿Sí?

—Hay algo que quiero hacer desde hace tiempo.

Ella sintió que su corazón comenzaba a latir más deprisa.

No respondió.

Solo dio un pequeño paso hacia él.

Alessandro levantó lentamente la mano y acarició su mejilla con infinita delicadeza.

Como si tuviera miedo de romper un momento tan perfecto.

—Si no quieres...

Solo dilo.

Marla sonrió con ternura.

—¿Sabes qué me gusta de ti?

Él negó suavemente.

—Que siempre me preguntas.

Nunca me obligas a nada.

Ella acortó la poca distancia que quedaba entre los dos.

—Y mi respuesta es sí.

Alessandro acercó su rostro al de ella con calma.

Sus frentes se rozaron primero.

Después sus narices.

Y finalmente...

Sus labios se encontraron en un beso suave.

Lento.

Lleno de emoción.

No fue un beso apresurado.

Fue un beso que decía todo aquello que ninguno de los dos había sabido expresar con palabras.

Cuando se separaron apenas unos centímetros, Marla abrió los ojos y soltó una pequeña risa.

—¿Qué pasa? —preguntó Alessandro.

—Nada...

Solo estaba pensando...

Sonrió con esa dulzura que él ya conocía.

—Besas mucho mejor de lo que imaginaba, Señor Serio.

Alessandro rió de verdad.

Una risa clara, sincera y libre.

Marla lo abrazó con fuerza.

—¿Ves?

Al final sí aprendiste a sonreír.

Él la abrazó de vuelta.

—No.

Aprendí porque tú llegaste a mi vida.

Desde la distancia, oculto entre los árboles, el hombre que los observaba tomó una última fotografía.

Miró la imagen del beso en la pantalla de su teléfono.

Y envió un mensaje de una sola línea.

"Ahora tenemos la prueba. Ya sabemos cómo destruir a Alessandro De Luca."




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