Capítulo 19
Soñé contigo
El primer beso cambió algo entre ellos.
No solo porque había sido su primer beso.
Sino porque ninguno de los dos lograba dejar de pensar en él.
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Aquella noche, Marla se acostó temprano.
Abrazó el pequeño oso de peluche que Alessandro había ganado para ella y cerró los ojos.
Sin darse cuenta, volvió a vivir el momento.
El parque.
El viento.
La mano de Alessandro acariciando su mejilla.
Y aquel beso tan dulce que le había acelerado el corazón.
En el sueño, él sonreía.
No una sonrisa pequeña.
Una sonrisa amplia, llena de felicidad.
—¿Qué pasa? —preguntaba Marla.
—Que tú estás aquí.
Ella se acercaba y volvía a besarlo.
Entonces despertó de golpe.
Se llevó una mano a los labios y sonrió para sí.
—Otra vez soñando con él...
Escondió el rostro entre la almohada, un poco avergonzada.
—Marla, creo que te estás enamorando de verdad.
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A varios kilómetros de allí...
Alessandro tampoco podía dormir.
Había intentado leer.
Trabajar.
Revisar informes.
Nada funcionó.
Cada vez que cerraba los ojos veía a Marla sonriéndole antes del beso.
Finalmente se quedó dormido.
Y soñó.
En el sueño caminaban por un campo lleno de margaritas.
Marla corría unos pasos delante de él.
—¡Alessandro, apúrate!
Él respondía con una sonrisa.
Cuando la alcanzaba, ella tomaba su rostro entre las manos.
—Ya no eres el Señor Serio.
Ahora eres el Señor Sonrisa.
Los dos reían.
Y ella volvía a besarlo.
Alessandro despertó sobresaltado.
Se quedó mirando el techo.
Luego dejó escapar una pequeña risa.
—Soñé con ella...
Matteo, que esperaba fuera de la habitación para una reunión muy temprano, escuchó la risa y sonrió para sí.
Era la primera vez que oía a su jefe reír antes incluso de empezar el día.
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Esa tarde, Alessandro y Marla volvieron a encontrarse en el parque.
Los dos parecían un poco nerviosos.
Caminaron unos minutos sin hablar.
Fue Marla quien rompió el silencio.
—Tengo que confesarte algo.
Él la miró con atención.
—¿Qué sucede?
Ella jugueteó con el borde de su suéter.
—Anoche soñé contigo.
Alessandro se quedó inmóvil.
—¿De verdad?
Marla asintió, riéndose bajito.
—Con... el beso.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces Alessandro sonrió.
—Yo también.
Marla levantó la cabeza rápidamente.
—¿En serio?
—Sí.
Los dos comenzaron a reír al mismo tiempo.
—Qué vergüenza... —dijo Marla, tapándose la cara con las manos.
Alessandro tomó sus manos con suavidad para que pudiera mirarlo.
—No me da vergüenza.
Al contrario.
Fue el mejor sueño que he tenido en muchos años.
Marla sintió que sus mejillas se calentaban.
—Eres muy lindo cuando dices esas cosas.
Él acarició lentamente su mano.
—Y tú eres la primera persona que logra hacer que quiera volver a dormir... solo para soñar contigo otra vez.
Marla no respondió.
Simplemente se acercó despacio y apoyó la cabeza sobre su hombro.
Permanecieron así durante varios minutos, disfrutando del silencio.
Sin embargo, desde un automóvil estacionado al otro lado del parque, unos ojos los observaban con frialdad.
Don Vittorio Moretti dejó el teléfono sobre el asiento después de ver las fotografías.
—Así que ella es la razón por la que Alessandro sonríe...
Una sonrisa cruel apareció en su rostro.
—Todo hombre tiene un punto débil.
Y el suyo... acaba de enamorarse.
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Editado: 18.08.2026