Capítulo 20
Te extrañé
Habían pasado apenas dos días desde que confesaron que ambos habían soñado con su primer beso.
Dos días.
Y, aun así, Alessandro sentía que era demasiado tiempo sin verla.
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Marla estaba en una pequeña librería hojeando una novela.
—Mmm... este final seguro me hace llorar.
Mientras hablaba sola, no notó que alguien acababa de entrar.
Alessandro.
No tenía ninguna reunión cerca.
No necesitaba comprar libros.
Simplemente quería verla.
Cuando Marla levantó la vista, sonrió de inmediato.
—¡Señor Sonrisa!
Él se acercó despacio.
—Hola.
—Pensé que estabas trabajando.
—Lo estaba.
—¿Y qué haces aquí?
Alessandro la observó unos segundos.
Después respondió con total sinceridad.
—Te extrañé.
Marla se quedó inmóvil.
Parpadeó una vez.
Dos.
Tres.
—¿Qué dijiste?
Él sonrió.
—Que te extrañé.
Las mejillas de Marla se tiñeron de rojo.
—Alessandro...
No puedes decir esas cosas así de repente.
Mi corazón no está preparado.
Él soltó una pequeña risa.
—Lo siento.
—No, no lo sientas...
Solo avísame antes.
Los dos comenzaron a reír.
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Salieron de la librería caminando sin un destino fijo.
Mientras hablaban, Marla vio a una niña intentando alcanzar una rama llena de flores.
Se acercó.
—¿Quieres una?
La pequeña asintió.
Marla intentó alcanzarla.
No pudo.
Se puso de puntillas otra vez.
Nada.
Miró a Alessandro.
—¿Me ayudas?
Él sonrió.
Con facilidad tomó una flor y se la entregó a la niña.
—¡Gracias!
La pequeña abrazó la flor con una enorme sonrisa.
Marla observó la escena.
—¿Sabes?
Cada vez me convences más de que eres un gigante bueno.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Gigante?
—Sí.
Porque siempre ayudas cuando alguien no alcanza algo.
Él negó con una sonrisa.
—Solo cuando tú me lo pides.
Marla sintió un cosquilleo en el pecho.
Cada vez era más difícil ocultar lo feliz que la hacían sus palabras.
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Mientras seguían caminando, llegaron a un puente de madera sobre un pequeño lago.
Marla apoyó los brazos en la baranda.
—Me gusta este lugar.
Es tranquilo.
Alessandro se colocó a su lado.
El viento movía suavemente el cabello de Marla.
Sin pensarlo, él volvió a acomodarle un mechón detrás de la oreja.
Ella levantó la vista.
Sus rostros quedaron muy cerca.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo?
Alessandro tardó unos segundos en responder.
Finalmente dijo la verdad.
—Porque desde que apareciste en mi vida...
Todo tiene más sentido.
Marla sintió que el corazón le latía con fuerza.
Sin decir una palabra, tomó la mano de Alessandro y entrelazó sus dedos con los de él.
—Entonces...
No vuelvas a tardar dos días en buscarme.
Porque...
Ella sonrió con timidez.
—Yo también te extrañé.
Alessandro apretó suavemente su mano.
Por primera vez en muchos años, comprendió que había encontrado el lugar al que siempre quería regresar.
No era una casa.
No era una empresa.
No era un imperio.
Era la mano de Marla entre la suya.
Sin embargo, desde la oficina de Don Vittorio Moretti, un sobre fue dejado sobre el escritorio.
Dentro había varias fotografías.
En todas aparecía Alessandro sonriendo.
En todas aparecía Marla.
Don Vittorio las observó una por una antes de murmurar:
—Es hora de que el rey de la mafia recuerde que amar... siempre tiene un precio.
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Editado: 18.08.2026