El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 21

Capítulo 21

Mi lugar favorito

Alessandro llevaba toda la mañana en una reunión.

Los directivos hablaban de inversiones, contratos y cifras millonarias.

Él escuchaba.

Respondía.

Firmaba.

Pero su mente estaba en otro lugar.

En una chica que seguramente, a esa hora, estaría alimentando a los perritos del parque.

Matteo lo notó.

—Señor...

Alessandro levantó la vista.

—¿Sí?

—Lleva diez minutos firmando la misma hoja.

Él observó el documento.

Era cierto.

Soltó una pequeña risa.

—Terminemos la reunión.

Tengo algo más importante que hacer.

Los ejecutivos intercambiaron miradas confundidas.

Nunca habían visto al señor De Luca cancelar una reunión por voluntad propia.

---

Media hora después...

Marla estaba sentada en su banco favorito.

Tenía un libro abierto sobre las piernas, pero apenas había leído dos páginas.

Cada pocos segundos levantaba la cabeza para mirar el camino.

—¿Qué me pasa...?

Creo que ya me acostumbré a verlo.

Justo cuando volvió a mirar hacia adelante...

Lo vio.

Alessandro caminaba hacia ella.

Sin darse cuenta, Marla sonrió tan grande que él sintió cómo el cansancio desaparecía.

—¡Señor Sonrisa!

—Hola.

—Llegaste.

Él se sentó a su lado.

—¿Me estabas esperando?

Marla se mordió el labio, un poco avergonzada.

—Tal vez...

Un poquito.

Alessandro sintió que el corazón le daba un vuelco.

—Yo también quería verte.

Ella cerró el libro.

—Entonces estamos empatados.

Los dos rieron.

---

Comenzaron a caminar sin rumbo.

Marla se detuvo frente a un vendedor de burbujas de jabón.

Un niño intentaba hacer una burbuja enorme.

Pero todas explotaban enseguida.

Marla se acercó.

—¿Puedo intentar?

El vendedor le entregó el aro.

Ella sopló con cuidado.

Una burbuja gigante salió flotando.

Los niños comenzaron a correr detrás de ella riendo.

Marla aplaudió emocionada.

—¡Mira, Alessandro!

Él la observaba.

Pero no estaba mirando la burbuja.

La estaba mirando a ella.

Verla reír era mucho más bonito.

—¿No vas a intentarlo?

—No creo que sea bueno en eso.

Marla tomó otra varita y se la puso en la mano.

—Nadie nace sabiendo.

Vamos.

Él sopló con cuidado.

La burbuja salió torcida... y explotó inmediatamente.

Marla soltó una carcajada tan contagiosa que Alessandro terminó riéndose con ella.

—¡Viste! —dijo ella entre risas—. También puedes equivocarte.

—Y al parecer... delante de todo el parque.

—Eso hace que sea más divertido.

---

Cuando el sol comenzó a ocultarse, los dos se sentaron sobre el césped.

Marla miró el cielo pintado de naranja.

—¿Sabes cuál es mi lugar favorito?

—¿Este parque?

Ella negó.

Después tomó suavemente la mano de Alessandro.

—No.

Mi lugar favorito...

es cualquier lugar donde estés tú.

Alessandro se quedó completamente inmóvil.

Nunca nadie le había dicho algo tan sencillo...

y tan profundo.

Él levantó lentamente la mano de Marla y depositó un beso sobre sus dedos.

—Entonces...

mi lugar favorito también cambió.

—¿Cuál es ahora?

Él sonrió.

—A tu lado.

Marla sintió que sus ojos se humedecían de felicidad.

Apoyó la cabeza sobre su hombro.

Ninguno de los dos habló.

No hacía falta.

Sin embargo, desde la azotea de un edificio cercano, un francotirador bajó lentamente el arma.

Llevaba varios minutos observándolos.

Presionó el botón de su comunicador.

—Objetivo localizado.

La orden llegó al instante.

—Todavía no.

El jefe quiere que Alessandro sufra primero.

El hombre guardó el arma y desapareció entre las sombras.

Sin saberlo, el tiempo de tranquilidad para Marla y Alessandro estaba llegando a su fin.




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