El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 22

Capítulo 22

La verdad que no podía ocultar para siempre

Al día siguiente, Alessandro no apareció en el parque.

Tampoco respondió los mensajes de Marla durante toda la mañana.

No era porque no quisiera.

Era porque llevaba horas reunido con los jefes de seguridad.

—La familia Moretti ya sabe que Marla existe —dijo Matteo con seriedad.

La expresión de Alessandro cambió por completo.

—¿Qué tan grave es?

—Muy grave.

Creemos que la están vigilando.

Alessandro cerró los ojos un instante.

Nunca había querido involucrarla en ese mundo.

Pero el peligro ya había llegado.

—Desde hoy... nadie la pierde de vista.

—Sí, señor.

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Mientras tanto, Marla caminaba por una feria de artesanías.

Se detuvo frente a un puesto lleno de pulseras hechas a mano.

Una le llamó especialmente la atención.

Era una pulsera de hilo negro con una pequeña margarita plateada.

—Qué bonita...

La compró sin pensarlo.

—Esta le quedará perfecta a Alessandro.

La guardó en su mochila con una enorme sonrisa.

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Por la tarde, Alessandro llegó al parque.

Marla ya estaba esperándolo.

En cuanto lo vio, cruzó los brazos.

—Estoy enojada contigo.

Él se sorprendió.

—¿Por qué?

—Porque desapareciste todo el día.

Y ni un mensajito.

Alessandro bajó la mirada.

—Lo siento.

Ella mantuvo la expresión seria durante unos segundos.

Después soltó una risa.

—Bueno... ya no estoy enojada.

No puedo durar mucho.

Él sonrió.

—Eso ya lo sabía.

Marla sacó una pequeña cajita de su mochila.

—Tengo algo para ti.

Alessandro la abrió.

Dentro estaba la pulsera.

La observó con atención.

—¿Una margarita?

Marla asintió.

—Así, cuando estés trabajando y la veas...

te acordarás de sonreír.

Él levantó la vista.

—¿Puedo ponérmela ahora?

Los ojos de Marla brillaron.

—¡Claro!

Ella misma tomó su muñeca y le colocó la pulsera.

Le quedaba sencilla.

Pero perfecta.

Alessandro la contempló durante varios segundos.

Jamás había recibido un regalo hecho con tanto cariño.

—Gracias.

Marla sonrió.

—No costó mucho.

Pero la escogí pensando en ti.

Él sintió un nudo en la garganta.

Para alguien acostumbrado a recibir relojes de lujo, autos exclusivos y obras de arte, aquella pequeña pulsera era el regalo más valioso que había tenido.

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Mientras caminaban, un hombre pasó junto a ellos y chocó ligeramente con Alessandro.

—Disculpe.

—No fue nada.

El desconocido siguió caminando.

Pero, al pasar, dejó caer discretamente un pequeño sobre negro.

Alessandro lo recogió.

Solo tenía una fotografía.

Era una imagen de Marla riendo en el parque.

En la parte de atrás había una frase escrita con tinta roja.

"Qué bonita sonrisa... sería una pena que desapareciera."

El rostro de Alessandro perdió todo color.

Marla notó el cambio.

—¿Qué pasó?

Él guardó rápidamente la fotografía en el bolsillo.

Forzó una sonrisa.

—Nada importante.

Pero por dentro supo que ya no podía seguir ocultándole la verdad.

Si quería mantener a Marla con vida...

Tendría que contarle quién era realmente.

Y esa confesión podía hacer que la única persona que había logrado cambiar su corazón... decidiera alejarse para siempre.




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