Capítulo 23
La verdad
Aquella noche, Alessandro no pudo dormir.
La fotografía seguía sobre su escritorio.
La sonrisa de Marla.
La amenaza.
Y una única pregunta.
¿Qué dolería más?
¿Perderla porque descubriera quién era?
¿O perderla para siempre por haberle ocultado la verdad?
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A la mañana siguiente la llamó.
—Marla.
—¡Buenos días, Señor Sonrisa!
Su voz alegre hizo que el pecho de Alessandro se apretara.
—¿Podemos vernos?
—Claro. ¿En el parque?
—No.
Necesito hablar contigo en un lugar tranquilo.
Ella notó que su tono era diferente.
—Está bien.
Voy enseguida.
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Una hora después, estaban sentados en un pequeño mirador desde donde podía verse toda la ciudad.
El viento movía suavemente el cabello de Marla.
Ella sonrió.
—Bueno...
Me estás asustando un poquito.
¿Qué pasó?
Alessandro respiró hondo.
Nunca le había costado tanto decir unas palabras.
—Voy a contarte algo...
Y cuando termine, entenderé si decides irte.
Marla dejó de sonreír.
Lo miró con atención.
—No pienso interrumpirte.
Él asintió.
—No soy solamente un empresario.
Hubo un largo silencio.
—Mi familia dirige una organización criminal muy poderosa.
Muchos de los negocios que ves son legales.
Pero también existen enemigos...
Personas peligrosas.
Y yo soy quien está al frente de todo.
Marla permaneció inmóvil.
No habló durante varios segundos.
Alessandro sintió que el corazón se le rompía poco a poco.
—Entenderé si no quieres volver a verme.
Te oculté la verdad porque...
Porque tenía miedo.
Miedo de perderte.
Marla bajó la mirada.
Respiró profundamente.
Después hizo una pregunta que Alessandro jamás esperó.
—¿Tú lastimas a personas inocentes?
Él respondió de inmediato.
—No.
Jamás permitiría eso.
—¿Obligas a la gente a hacer cosas malas?
—No.
—¿Ayudas a quienes trabajan contigo cuando lo necesitan?
Él asintió lentamente.
—Siempre.
Marla volvió a levantar la cabeza.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Pero no de miedo.
—Entonces...
No eres el monstruo que imaginas.
Alessandro abrió los ojos sorprendido.
—Marla...
Ella tomó ambas manos entre las suyas.
—No estoy diciendo que todo esté bien.
Porque no lo está.
Pero la persona que yo conocí...
Es el hombre que compra helados.
El que cuida una margarita porque yo se lo pedí.
El que recuerda mi cumpleaños.
El que besa mi frente cuando cree que estoy distraída.
Ese Alessandro también existe.
Y ese es el que está sentado frente a mí.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Alessandro.
Marla nunca lo había visto llorar.
Con mucho cuidado la limpió con su pulgar.
—Oye...
No llores.
Porque si tú lloras...
Yo también voy a llorar.
Él soltó una pequeña risa entre las lágrimas.
—¿Cómo puedes seguir sonriendo después de escuchar todo esto?
Marla sonrió con la ternura de siempre.
—Porque las personas son más que su pasado.
Y porque creo que todos merecen una oportunidad para cambiar.
Alessandro ya no pudo contenerse.
La abrazó con fuerza.
No para protegerla.
Sino porque él era quien necesitaba ser sostenido.
Marla correspondió al abrazo.
—No voy a soltarte.
Pero prométeme algo.
Él la miró.
—Lo que sea.
—Prométeme que cada decisión que tomes de ahora en adelante...
Será para alejarte de esa oscuridad.
Alessandro cerró los ojos.
Era la promesa más difícil de toda su vida.
Y, al mismo tiempo...
La única que realmente quería cumplir.
—Te lo prometo.
Sin que ellos lo supieran, desde un automóvil estacionado a varios metros, Don Vittorio Moretti observaba la escena a través de unos binoculares.
Una sonrisa fría apareció en su rostro.
—Perfecto...
Ahora ella conoce la verdad.
Y pronto descubrirá lo cruel que puede ser el mundo de Alessandro.
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Editado: 18.08.2026