El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 24

Capítulo 24

Mi novia

Después de aquella conversación, algo cambió entre ellos.

Ya no había secretos.

Al menos, no los que Alessandro podía controlar.

Por primera vez, Marla conocía la verdad.

Y, aun así, seguía caminando a su lado.

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Unos días después, Alessandro la invitó a un pequeño jardín botánico.

Marla caminaba maravillada.

—¡Mira esas orquídeas!

—Y esas mariposas...

—¡Y ese patito!

Alessandro sonrió.

—Vinimos a ver flores.

—Lo sé.

Pero el patito también merece atención.

Él soltó una risa.

—Nunca cambies.

Marla lo miró.

—No pienso hacerlo.

Porque entonces dejaría de ser yo.

Él sintió que esa era exactamente la razón por la que se había enamorado.

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Llegaron a un pequeño puente de madera.

Debajo corría un arroyo de agua cristalina.

Marla apoyó los brazos sobre la baranda.

—Qué paz se siente aquí.

Alessandro se colocó a su lado.

Estuvo unos segundos en silencio.

Luego habló.

—Marla...

Ella giró la cabeza.

—¿Sí?

Él parecía más nervioso que el día en que le confesó la verdad.

—Quiero preguntarte algo.

Marla sonrió.

—¿Tan serio?

—Mucho.

Tomó aire.

El hombre capaz de negociar con los empresarios más poderosos del mundo...

No encontraba las palabras.

—Desde que llegaste a mi vida...

Aprendí a reír.

A disfrutar las cosas pequeñas.

A esperar con ilusión los domingos.

A cuidar flores.

Y a querer un futuro que antes no imaginaba.

Marla sintió que su corazón latía tan fuerte que parecía querer escapar de su pecho.

Alessandro tomó con delicadeza sus manos.

—Marla Montero Lorenzo...

¿Quieres ser mi novia?

Los ojos de Marla se llenaron de lágrimas.

Pero esta vez eran de felicidad.

—¿Sabes cuánto tardaste en preguntármelo?

Él sonrió.

—Sí.

Muchísimo.

Ella rió entre lágrimas.

—Pensé que ibas a seguir llamándome "mi amiga" hasta los ochenta años.

Alessandro soltó una carcajada.

Una carcajada sincera.

Marla nunca se cansaría de escucharla.

Entonces dio un pequeño paso hacia él.

—Mi respuesta...

Es sí.

Sí quiero ser tu novia.

Antes de que Alessandro pudiera decir algo más, Marla se puso de puntillas y le dio un beso en la nariz.

Él parpadeó.

—¿Eso fue un beso?

—Sí.

Es que tu nariz también quería uno.

Alessandro empezó a reír sin poder detenerse.

—Eres imposible.

—Y ahora...

Soy tu novia.

Así que acostúmbrate.

Ella entrelazó sus dedos con los de él.

Los dos comenzaron a caminar por el jardín.

—¿Sabes qué es lo mejor? —preguntó Marla.

—¿Qué?

—Que ya puedo presumirte.

Él arqueó una ceja.

—¿Presumirme?

—Claro.

Voy a decir:

"¿Ven a ese hombre tan serio?"

"Pues es mi novio."

Alessandro negó con una sonrisa.

—No creo que eso pase desapercibido.

—No importa.

Estoy muy orgullosa de ti.

Aquellas palabras hicieron que Alessandro se detuviera.

La miró con una mezcla de amor y sorpresa.

Nadie.

Absolutamente nadie.

Había dicho sentirse orgulloso de él.

Él besó suavemente la frente de Marla.

—Gracias...

Por elegir quedarte.

Ella sonrió.

—Siempre voy a elegir el amor.

Desde unos metros de distancia, Matteo observó a la pareja.

Sonrió con alivio.

Hacía mucho tiempo que no veía a su jefe tan feliz.

Pero esa tranquilidad duró apenas unos segundos.

Su teléfono vibró.

Era un mensaje urgente.

"Los hombres de Moretti cruzaron la frontera. Llegarán a la ciudad esta noche."

Matteo levantó la vista hacia Alessandro y Marla.

Y comprendió que la felicidad de aquel día estaba a punto de ser puesta a prueba.




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