El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 27

El plan de Marla

Alessandro había pasado toda la noche intentando convencer a Marla de que se marchara de la ciudad.

Ella había pasado toda la noche intentando convencerlo de lo contrario.

Ninguno ganó.

—No puedes quedarte aquí —dijo él por décima vez.

Marla, sentada en el sofá con una taza de chocolate caliente, lo miró por encima de la taza.

—Y tú no puedes seguir diciéndome eso.

—Marla.

—Alessandro.

—Es peligroso.

—Ya lo sé.

—Podrían hacerte daño.

—También lo sé.

—Entonces, ¿por qué sigues aquí?

Ella dejó la taza sobre la mesa.

—Porque te quiero.

Alessandro se quedó completamente quieto.

Marla también pareció darse cuenta de lo que acababa de decir.

Sus mejillas se pusieron rojas.

—Bueno...

Eso salió más rápido de lo que esperaba.

Él se acercó lentamente.

—Repítelo.

—No.

—Marla.

—No.

—Por favor.

Ella escondió el rostro entre las manos.

—¡Qué vergüenza!

Alessandro sonrió.

—Yo sí lo voy a repetir.

Ella levantó la mirada.

—Te quiero.

Marla sintió que el corazón le daba un vuelco.

—Eso no vale...

Tú lo dices demasiado bonito.

Él tomó su mano.

—Porque es verdad.

---

Después de unos minutos, Marla recuperó la seriedad.

—Ahora escucha mi plan.

Alessandro suspiró.

—Tengo miedo de escucharlo.

—Primero...

Necesito saber todo sobre Moretti.

—No.

—Segundo...

—Marla.

—Tercero...

—No voy a permitir que te acerques a esa gente.

Ella hizo un pequeño puchero.

—No dije que fuera a acercarme.

Dije que quiero entender qué está pasando.

Alessandro permaneció callado.

Finalmente asintió.

—Está bien.

Pero solo con información que pueda compartir contigo sin ponerte en peligro.

—Trato hecho.

---

Durante las siguientes horas, Alessandro le explicó lo suficiente para que entendiera la situación.

Moretti era un antiguo enemigo de su familia.

Había perdido poder con los años.

Ahora quería recuperarlo.

Y había descubierto que Marla era la única persona capaz de hacer que Alessandro bajara la guardia.

—Entonces no quiere matarme —dijo ella.

—No necesariamente.

—¿Qué significa eso?

—Que puede utilizarte para hacerme daño.

Marla pensó unos segundos.

—Entonces tenemos que conseguir que crea que tiene más poder del que realmente tiene.

Alessandro la miró.

—¿Cómo?

Ella sonrió.

—Déjamelo a mí.

---

Horas después, Matteo entró en la habitación.

—Señor.

Alessandro levantó la vista.

—¿Qué ocurre?

—Encontramos al hombre que dejó el sobre.

Alessandro se puso de pie.

—¿Dónde está?

—Lo tenemos vigilado.

Pero hay algo más.

Matteo dejó una carpeta sobre la mesa.

Alessandro la abrió.

Dentro había fotografías de varios movimientos de Moretti.

Marla se acercó.

—Espera...

Señaló una de las imágenes.

—Ese lugar.

Alessandro la miró.

—¿Lo reconoces?

—Sí.

Es la cafetería donde fuimos la primera vez.

Él frunció el ceño.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Eso significa que nos estaban observando desde mucho antes.

Alessandro cerró la carpeta.

Su expresión se volvió fría.

—Entonces esto nunca fue una coincidencia.

Marla tomó su mano.

—Pero ahora ellos tampoco saben una cosa.

—¿Cuál?

Ella sonrió.

—Que ya no estamos jugando separados.

Alessandro la miró durante unos segundos.

Después besó suavemente su frente.

—Esa es la parte que más me preocupa.

—¿Por qué?

—Porque cuando estás conmigo...

Siempre consigues hacerme olvidar que tengo miedo.

Marla sonrió.

—Entonces quédate conmigo.

Él la abrazó.

—Siempre.

Pero ninguno de los dos vio la pequeña cámara escondida en una esquina del jardín.

Y, al otro lado de la ciudad, alguien acababa de recibir una transmisión en directo.

La voz de Vittorio sonó tranquila:

—Ahora sabemos dónde está.

Una pausa.

—Y mañana...

vamos a buscarla.




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