La mujer de la fotografía
El camino de regreso fue completamente silencioso.
Marla permanecía junto a Alessandro, sosteniendo su mano.
Él no había dicho una sola palabra desde que Vittorio se marchó.
Finalmente, ella rompió el silencio.
—¿Quieres hablar?
Alessandro negó lentamente.
—No sé qué decir.
—Entonces no digas nada.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Podemos quedarnos así.
Alessandro entrelazó sus dedos con los de ella.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por no hacer preguntas cuando todavía no tengo respuestas.
Marla sonrió.
—Para eso están las novias.
Él la miró.
—¿Novias?
—Sí.
Hizo una pequeña pausa.
—Aunque si quieres, puedo renunciar al puesto.
Alessandro soltó una risa.
—Ni se te ocurra.
Marla sonrió satisfecha.
—Eso pensé.
Al llegar a casa, Alessandro sacó la fotografía que Vittorio le había entregado.
La colocó sobre la mesa.
Marla se acercó.
Era una mujer joven.
Cabello oscuro.
Ojos muy parecidos a los de Alessandro.
Y una pequeña cicatriz cerca de la ceja.
—Se parece a ti —susurró Marla.
—Eso pensé.
Alessandro pasó los dedos por la fotografía.
—Recuerdo muy poco de ella.
Una canción.
Su perfume.
Y sus manos.
Nada más.
Marla lo miró con ternura.
—Quizás ella también te recuerda.
Él levantó los ojos.
—¿Y si es verdad?
—Entonces la encontrarás.
—¿Y si no quiere verme?
Marla tomó su rostro entre las manos.
—Alessandro...
Toda tu vida has pensado que estabas solo.
Quizás mañana descubras que nunca lo estuviste.
Él cerró los ojos.
Después apoyó su frente contra la de ella.
—Te amo.
Marla se quedó inmóvil.
Era la primera vez que lo escuchaba decirlo.
—¿Qué dijiste?
Alessandro sonrió.
—Te amo.
Ella comenzó a sonreír.
—Otra vez.
—Te amo.
—Otra.
Él rió.
—Te amo, Marla.
Ella lo abrazó con fuerza.
—Yo también te amo.
A la mañana siguiente, Vittorio cumplió su promesa.
Un automóvil llegó a la mansión.
Un hombre bajó y entregó un sobre.
Dentro había una dirección.
Y una fotografía reciente.
Alessandro la miró.
La mujer de la fotografía estaba viva.
Y estaba sentada en una cafetería...
esperándolo.
Pero había algo que ninguno de los dos sabía.
La mujer no estaba sola.
Y el hombre sentado frente a ella...
era alguien que Alessandro conocía demasiado bien.
Alguien que llevaba años creyendo muerto.
Alessandro apretó la fotografía entre los dedos.
—Esto acaba de ponerse mucho peor.
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Editado: 18.08.2026