El mafioso que aprendió a sonreír

Capítulo 32

La primera noche juntos

La noche había sido demasiado larga.

Después de descubrir que la madre de Alessandro podía estar viva, ninguno de los dos consiguió dormir.

Habían hablado durante horas.

De la infancia de él.

De los recuerdos que apenas conservaba.

De los miedos de Marla.

De lo que querían para el futuro.

Hasta que el silencio terminó envolviéndolos.

—¿Sigues despierto? —preguntó Marla.

Alessandro, acostado a su lado, sonrió.

—Sí.

—Yo también.

—¿Por qué?

Ella lo miró.

—Porque estás aquí.

Él entrelazó sus dedos con los de ella.

—¿Eso te impide dormir?

—Un poquito.

Hizo una pausa.

—Bueno... bastante.

Alessandro soltó una risa.

—¿Estás nerviosa?

Marla asintió.

—Sí.

—Yo también.

Ella abrió los ojos sorprendida.

—¿Tú?

—Mucho.

Marla sonrió.

—Eso me hace sentir mejor.

—¿Por qué?

—Porque siempre pareces saber qué hacer.

Él acercó su frente a la de ella.

—Contigo nunca sé qué hacer.

Marla soltó una pequeña risa.

—Perfecto. Estamos igual de perdidos.

Alessandro acarició suavemente su mejilla.

—Si quieres que paremos, me lo dices.

Marla lo miró a los ojos.

—No quiero que pares.

Se acercó lentamente y lo besó.

Esta vez no hubo nervios.

Solo cariño.

Un beso largo y dulce que terminó con ambos sonriendo.

Marla apoyó la cabeza sobre su pecho.

Podía escuchar los latidos de su corazón.

—Está latiendo muy rápido.

—El tuyo también.

—El mío tiene una excusa.

—¿Cuál?

—Tú.

Alessandro la abrazó con más fuerza.

Durante aquella noche no necesitaron grandes promesas.

Hablaron.

Rieron.

Se besaron.

Se abrazaron hasta quedarse dormidos.

Fue la primera noche que compartieron como pareja, pero sobre todo fue la primera vez que Alessandro sintió que no tenía que ser el jefe de una familia poderosa.

Podía simplemente ser él.

Y Marla podía simplemente ser Marla.

Horas después, Marla abrió los ojos.

Alessandro seguía dormido.

Su rostro estaba completamente relajado.

Ella sonrió.

—Míralo...

El hombre que hacía temblar a medio mundo duerme como un bebé.

Alessandro abrió un ojo.

—Te escuché.

Marla se quedó congelada.

—¿Estabas despierto?

—Desde "duerme como un bebé".

Ella comenzó a reír.

—¡Qué vergüenza!

Se escondió bajo la sábana.

Alessandro la abrazó.

—Buenos días, amor.

Marla volvió a sacar la cabeza.

—Buenos días, Señor Sonrisa.

Él besó su frente.

Y por unos minutos...

el mundo exterior dejó de existir.

Hasta que el teléfono de Alessandro comenzó a sonar.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Él respondió.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—¿Qué ocurrió?

La voz de Matteo sonó al otro lado.

—Señor...

Encontramos a la mujer de la fotografía.

Alessandro se incorporó.

—¿Dónde está?

Hubo un silencio.

—Está aquí.

Y quiere verlo.

Alessandro miró a Marla.

La noche había terminado.

Ahora comenzaba el día que podía cambiar toda su vida.




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